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Los apicultores asturianos confían en frenar el fraude de la miel con el esperado sello IGP

“Dará seguridad sobre el origen”, cree el sector tras la alerta por el engaño en la venta de producto chino como nacional

Un apicultor, con sus colmenas, en el Occidente. G. G.

“La IGP dará seguridad al consumidor sobre el origen, la calidad y el control de la miel”. Así de convencida se expresa Andrea González, presidenta de la Asociación de apicultores del Occidente “Abeyoas”, que aglutina a unos 20 pequeños productores de la zona. El sector en Asturias espera como el agua de mayo este sello de calidad, que lleva varios años en trámites y fue registrado la pasada primavera como Indicación Geográfica Protegida (IGP) Miel de Asturias.

La Unión Europea tiene la última palabra y todos esperan que sea más pronto que tarde, sobre todo si se tienen en cuenta las últimas noticias en torno a la miel, después de la denuncia de la organización agraria COAG y la Unión de Consumidores (OCU), que sostienen que producto originario de China se comercializa en España como producto nacional “bajo el amparo legal de las instituciones comunitarias y estatales”. Todo debido a una “maraña legislativa” que ha permitido que desaparezca la etiqueta de “Origen China” de la miel, aunque el 30 por ciento de las importaciones anuales a España son de este país asiático.

La investigación sostiene la existencia de un fraude, ya que de acuerdo a los datos que aporta Portugal se posiciona desde 2020 como el principal abastecedor de miel con 6.698 toneladas, es decir, el 21 por ciento del total importado en 2020. E igualmente, en los primeros meses de 2021 (desde enero hasta agosto) es el país de origen del 13% por ciento de las importaciones a España. China fue el segundo abastecedor de miel en el año 2020 con 4.770 toneladas, que viene a ser un 15% del total importado el pasado año, y mantiene esa segunda posición este 2021.

Etiquetado claro

“Hace tiempo que parte de los apicultores reclamamos un etiquetado claro de la miel. Que se diga expresamente de dónde procede la miel y en qué porcentaje”, explica Andrea González. “Estoy de acuerdo con lo que dice la OCU y es una demanda de hace mucho tiempo que haya un etiquetado claro”.

Solo así, opinan los profesionales, el consumidor elegirá lo que más le conviene y desea, aunque en cuestión de precios debería estar claro de dónde viene una miel y otra más allá. Por norma general, la española y, en este caso, la asturiana tiene unos precios más elevados que la de importación. “Nuestras mieles tienen un precio entre 10 y 12 euros y tienen que competir con esas de otro tipo, de mucha peor calidad, que se pueden encontrar a alrededor de 5 euros el kilo. Si el consumidor tiene información sabe que las mieles no son iguales, pero si no se le ofrece una información clara y veraz, se puede llevar al engaño o a la confusión”, advierte la apicultora asturiana.

Con todo, no es el sector del Principado el que más sufre esta especie de fraude o, como poco, vacío legal respecto al etiquetado de la miel. Los consumidores asturianos tienen “gran aprecio” a la de su zona y procura cuidar mucho sus adquisiciones. “Con todo, es imposible competir con mieles que en algunos casos van por debajo de los 5 euros”, reseñan los profesionales.

“Nuestras mieles tienen un precio entre 10 y 12 euros y tienen que competir con esas de otro tipo, de mucha peor calidad, que se pueden encontrar a alrededor de 5 euros el kilo”

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La manipulación del etiquetado es posible, según OCU y COAG, por vacíos legales. La miel es cosechada en China e importada a Portugal para mezclarla y calentarla con miel recolectada en España, con la finalidad de que adquiera el origen español, pues según un reglamento es legal cambiar el origen de la mercancía si más del 50 por ciento del peso de la mezcla final es miel española. Además, recuerdan que para determinar analíticamente el origen de la miel se analiza el polen presente, identificando la flora y la zona de recolección y así su origen. Por ello, si esta se somete a ultrafiltración el polen es eliminado y se imposibilita la determinación analíticamente del origen botánico de la miel con resultados que quedan “falseados”. COAG y OCU han solicitado a la UE y al Gobierno español que modifiquen la normativa para el etiquetado para evitar este engaño al consumidor.

El sector apicultor del Principado considera, por su parte, muy importante el futuro sello de calidad IGP para la miel en tanto que ayudará a reforzar los datos de su origen y ayudar al consumidor a conocer su trazabilidad.

La futura IGP tiene el objetivo de alcanzar las 400 toneladas certificadas al año. La miel ya forma parte de Alimentos del Paraíso, la marca que identifica a los productos de la comunidad –queso, sidra, embutidos, carne– y, al mismo tiempo, los relaciona con los valores de calidad y sostenibilidad.

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