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Recuento de daños tras las inundaciones provocadas por el temporal

La Confederación, en el centro de las críticas tras las riadas: “Ni limpia, ni deja que limpiemos”

El Hospital del Oriente reanudó ayer las urgencias, hoy ya habrá consultas y sus dirigentes confían en que la normalidad vuelva el lunes

Las impresionantes imágenes que deja el temporal de lluvia tras su paso por Asturias

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Las impresionantes imágenes que deja el temporal de lluvia tras su paso por Asturias R. DÍAZ / M. VILLORIA / S. ARIAS

“El agua entró como un tsunami. Todo fue muy rápido “. Patricia Andrea Alonso no sabe si volverá a su casa de Valle, en Piloña, en la que vivía desde hace tres años junto a su pareja, Eldar Behrens y el hijo de ambos, de siete años. La llaman la “casa de madera” o la “casa de chocolate” y la finca en la que se ubica ha quedado arrasada por la riada. No es la primera vez, pero sí la más grave. Le duele especialmente que advirtió hace justo dos años a la Confederación Hidrográfica del Cantábrico de que el río Piloña se estaba desviando de su cauce por la falta de limpieza y mantenimiento y empezaba a desbordar con demasiada frecuencia hacia su propiedad. Envió un detalladísimo informe, con multitud de fotografías y las posibles soluciones, y pidió ayuda. Ni siquiera le contestaron. El miércoles quedaron los tres aislados, junto a su perro y su gato, y tuvieron que ser rescatados en helicóptero. Intentaron ocultar su preocupación para que el pequeño lo viviera como una aventura: su primer viaje en helicóptero.

“Antes los paisanos limpiaban los ríos, quitaban las piedras que se iban acumulando, las ramas, los árboles... Pero ahora no se puede tocar nada porque te multan. Así que ni hacen nada ni nos dejan hacer. Y no podemos luchar solos contra los elementos”, se queja Alonso. “Se habla mucho de la España vacía, de que en el campo no quiere vivir nadie, pero sí hay un montón de jóvenes que queremos vivir el campo y recuperar su sabiduría. Pero no se nos pone fácil, ni se nos ayuda. Es muy frustrante”, indica.

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El nivel de los ríos del Oriente bajó notablemente durante la madrugada del jueves. Pese a que ayer siguió lloviendo durante toda la jornada, y buena parte del tiempo con intensidad, el peligro de que se registren nuevas crecidas parece haber pasado. Llegó el momento del recuento de daños y la búsqueda de explicaciones y de responsables. La Confederación fue ayer blanco de todas las quejas, de todas las críticas. Había un auténtico clamor entre los afectados por las riadas. Todos consideran que simplemente manteniendo los ríos limpios se evitarían avenidas como la que afectó el miércoles a las cuencas de los ríos Sella, Piloña y Chicu, que obligaron a evacuar el Hospital del Oriente y los centros escolares de Arriondas, y que inundaron decenas de casas y varios negocios.

Manuel Alonso Nieda fue alcalde de Parres entre 1983 y 1991 y conoce de primera mano el problema, que en su opinión es consecuencia del “abandono absoluto” de los ríos. “Con una buena limpieza, sin más, no pasaría lo que pasa”, resalta. Vive justo al lado del Hospital de Arriondas, en el barrio de Castañera, que el Piloña anega cada cierto tiempo. “La Confederación no limpia, y si limpias tú te meten preso”, apunta con una mezcla de sorna e indignación. Cree que la palabra adecuada es “corrupción”. Se explica: “Hace diez o doce años una empresa local ofreció a la Confederación extraer los áridos de la zona del Hospital y pagarlos para fabricar hormigón. Le dijeron que no. Tres o cuatro años más tarde se extrajeron los áridos, se depositaron en terrenos de esa misma empresa y se le pagó. Un país así no puede funcionar”, subraya el parragués.

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En la localidad de Triongu, en Cangas de Onís, el clamor contra la Confederación es general. “El único problema que hay aquí es que no limpian el río. Si lo hicieran podría desbordarse alguna vez, pero no provocaría estos destrozos”, denuncia Manuel Rivero, que junto con su novia, Ana Belén Martínez, limpiaron ayer su bar, y junto con otro vecino, Noé Prieto, ayudaron posteriormente a otros vecinos a hacer lo propio en sus casas.

“No tengo ganas más que de llorar”. Marián Rodríguez estaba ayer abatida. El agua alcanzó casi un metro dentro de su casa. Le destrozó la cocina. “La acabábamos de instalar y nos había costado un dineral”, lamentaba. No se salvó nada en la planta baja de la casa: electrodomésticos, muebles y abrigos de piel, cazadoras de cuero... Su marido, ayudado por varios vecinos, intentaba poner orden en el caos. “Es terrible”, señalaba.

Titu Manzano asegura que los vecinos de Arriondas viven con “gran zozobra” cada vez que los tres ríos que discurren por la localidad presentan crecidas. “Hay preocupación, temor siempre que se ven los ríos altos”, señala. Destaca que en esta ocasión “no fue tan grave”. No lo fue comparado con la impresionante inundación de 2010, cuando el agua ocupó casi toda localidad y entró en el hospital, en los centros escolares y en decenas de casas.

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El hecho de que desde entonces los dirigentes políticos hayan prometido en múltiples ocasiones un proyecto para proteger Arriondas de las avenidas ha llevado al vecindario al “escepticismo”. Porque lo único que se ha hecho en los últimos 11 años fue un dragado. “Sirvió, pero Arriondas necesita más, necesita una obra muy seria, la que está programada”, indica Manzano. Añade que la visita del presidente del Principado a Arriondas, en la tarde del miércoles, permitió que se diera cuenta del “gravísimo problema. Debió quedar impresionado”. Y cree que de ahí surgió el anuncio lanzado ayer mismo por el Principado de que invertirá 3,2 millones en obras de mejora en los ríos Piloña y Chicu.

El proyecto, que según el Ejecutivo se licitará de forma inminente, tiene un plazo de ejecución de 23 meses. Forma parte del convenio firmado con el Ministerio para la Transición Ecológica y el Ayuntamiento de Parres para invertir más de 17 millones en la zona. Es el mismo que se anunció hace dos años. Entonces se dijo que las obras comenzarían en 2020. El anuncio es considerado “una burla” por algunos vecinos, al entender que han pasado 11 años desde que se prometió, sin que se haya ejecutado “nada de nada”.

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Arriondas trata ahora de recuperar la normalidad. Ayer mismo se reabría el servicio de Urgencias del hospital. Hoy abrirán de nuevo las consultas externas y volverán a realizarse pruebas diagnósticas. Y mañana y el domingo regresarán los ingresados que fueron trasladados a otros hospitales. El objetivo es recuperar el lunes “la normalidad completa, incluyendo la hemodiálisis”, según comunicó el gerente del Grande Covián, José Manuel Llera, tras una reunión del Comité de Emergencia del centro con los servicios centrales del Sespa.

En el colegio Río Sella de Arriondas, mientras tanto, continuaron ayer las tareas de limpieza. Se trabaja a destajo. El director, David Blanco, anunció que hoy no habrá clases y que confía en que se reanuden el lunes, pero no tiene claro que puedan volver a funcionar ese día la cocina y el comedor.

En Ponga se registraron también numerosos daños por argayos, riadas e inundaciones. La localidad más afectada fue la capital, San Juan de Beleño, donde el agua causó estragos. Anegó la plaza del Ayuntamiento, destrozó varias calles, arrasó un garaje y provocó daños en varias casas. Además, el principal acceso a la localidad permanece cortado por un enorme argayo.

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En Ribadesella, entre otros daños, 30.000 lechugas y 15.000 kilos de manzana tardía quedaron totalmente arrasados por la crecida del Sella a la altura de L’Alisal. La plantación La Mediana, propiedad de Roberto Capín, quedó anegada. “Es el trabajo de tres meses”, lamentó Capín. No es la primera vez que le pasa y, como el resto de los afectados, achaca lo ocurrido a la falta de dragado en el río y de limpieza en los canales de la Vega del Sella. “La solución es dragar los ríos y limpiar los canales, que no los limpian pero tampoco nos dejan limpiarlos a nosotros”, se queja. El cauce del Sella subió en ese punto en los últimos años más de un metro y medio por las piedras que se van acumulando en el lecho.

En Sama de Grado, Carmina López también urge la limpieza del cauce del río Sama, que con las crecidas aísla su casa del pueblo. “Daba pánico porque venía de ‘maramonti’, que decimos aquí; venía bravo, bajaba fuerte y donde la vuelta le faltaba un dedo para salir”. Pasó la noche en casa de unos vecinos por el temor de que el río se desbordase. Ha presentado varios escritos ante la Confederación, solicitando la limpieza del cauce y la reparación de un muro y el puente, dañados por el efecto de las riadas. Lleva 51 años viviendo en la casa y asegura que con cada riada la situación se pone peor.

En Siero, fueron desalojadas dos aulas del instituto Astures de Lugones. “Literalmente llovía”, explica la Asociación de Madres y Padres (AMPA) del centro. El problema viene de atrás y ya alteró el ritmo normal de las clases en años anteriores. De ahí, las quejas de los progenitores: “El Principado sigue sin acabar de solucionar el problema”, afean.

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