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Las consecuencias de otro temporal en el Principado

Cuando “cambia todo” en el Alto Aller: la nieve cierra puertos pero atrae visitantes

En el entorno de San Isidro, donde esperan que abra “cuanto antes” la estación de esquí, se juntan amantes del invierno y lugareños resignados

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Temporal en Asturias: la lluvia y la nieve complican la situación en las carreteras JUAN PLAZA

Es la misma nieve pero significa cosas muy diferentes según quien la mire caer. Los hay que la necesitan tanto como el dueño de un chiringuito de playa necesita el sol, otros sienten por ella una atracción tan grande que en cuanto bajan las temperaturas y empiezan a caer los primeros copos salen corriendo a buscarla mientras que hay algunos más que la ven caer con indiferencia, sabedores de que su llegada es tan inevitable como la misma muerte.

Subiendo hacia el puerto de San Isidro –uno de los lugares de Asturias en los que ayer cayó la primera gran nevada “de verdad” de la temporada y cuyo paso por carretera tuvo que ser cerrado– confluyen todas esas miradas en un mismo espacio. Sergio Megido es de esos a los que le resulta indiferente, hasta tediosa. Vive en Felechosa (Aller) y se apresura a guardar los caballos en un establo al que se llega subiendo por una senda a la altura de Cuevas conforme aumenta la intensidad de la nevada. “Empezó a nevar esta mañana, por la noche nevó más para arriba”, explica este joven al que le gustaría dedicarse a la ganadería pero que hasta ahora se gana la vida como soldador. “Para ser ganadero son todo impedimentos, está lo del lobo y un montón de cosas”, lamenta. Él no tiene ninguna duda ni remilgo en reconocerlo: “No me gusta la nieve”.

La nevada de ayer, que era sábado, tuvo el componente lúdico del que tiene el día libre y sale a su encuentro bien abrigado y dispuesto a dar la vuelta en cuanto la carretera se lo exija. Pero también dejó incomunicada Asturias para los vehículos pesados, que vieron como se les cerraba el paso en el puerto de Pajares y en la autopista del Huerna. Cinco puertos sufrieron cierres a lo largo de la jornada y en otros diecinueve se exigía el uso de cadenas. En cuanto a las carreteras, se tuvieron que cortar tres y se exigió el uso de cadenas en otras diez. Además, el riesgo de aludes se ha elevado a nivel alto y, por ello, el Principado ha decretado el cierre total de los puertos de Somiedo, Ventana y Tarna y el acceso a la localidad de Sotres. Y, por supuesto, San Isidro.

Sergio Megido se dispone a guardar uno de sus caballos. | Juan Plaza

Precisamente en este último, unos metros más adelante del punto donde Sergio Megido guardaba sus caballos, a la altura del Mesón Cuevas, se encuentran muchos de esos otros que acuden al encuentro de la nieve. Las autocaravanas ocupan el aparcamiento del local y de ellas, pertrechados con la ropa adecuada y con esquís y raquetas a la espalda, surge esa gente a la que el verano se le hizo demasiado largo y esperaba con impaciencia el frío y la nieve. Los avilesinos David Campa y Cristina Menéndez vieron la previsión del tiempo y decidieron probar: “Como no abrió aún la estación de esquí nos vinimos con las raquetas y los esquís a ver si podíamos hacer algo de travesía”. Mirando la montaña vieron que aún, al mediodía, la nieve no estaba del todo asentada a esa altura y que quizás tendrían que abortar rápido la misión. Aun así, lo intentaron.

Los que decidieron darse la vuelta en su subida hacia el puerto fueron el bilbaíno Raúl Asenjo y Javier, su amigo gijonés, que iba acompañado por su hija Nahia, cada uno con su autocaravana. Asenjo, cansado del mar, acudió “con las raquetas a dar una vuelta”. Él no es de esquiar en estaciones, sino de montaña, de caminar por la nieve. A Nahia también le gusta, pero tampoco le hace ascos a la playa: “Hago surf”, justifica. Javier explica que la intención inicial era llegar más arriba, hasta el puerto, pero que no merecía la pena arriesgar en una jornada que iba empeorando con el paso de las horas: “La cosa se estaba poniendo mal y decidimos volver, la quitanieves no para de pasar”.

Los hubo más osados, que continuaban el camino en sus vehículos, casi todos equipados con neumáticos especiales. Dos de ellos, Javier García y Noelia Acebal, aficionados al snowboard que llegaron unos kilómetros más arriba y regresaban diciendo que “por arriba está muy mal, no se ve nada”. Un poco después de la primera visera antialudes la situación se complica, la visibilidad es escasa y conviene darse la vuelta.

El bilbaíno Raúl Asenjo, con el gijonés Javier y su hija Nahia. | Juan Plaza

De regreso, ya con la nieve gobernando el entorno, sigue apareciendo gente que aparca para tocarla y jugar con ella. Entre otros, una familia de Candás que tuvo que llevar a la pequeña Sofía, de 4 años, a que montara en su flamante trineo. A pesar de venir de una zona marinera, la pequeña lo tiene claro: “Me gusta más la nieve, hasta en verano”. Saúl Pello, su padre, reconoce que todos los inviernos viajan a San Isidro a disfrutar. El trineo de Sofía tiene su historia: “Una vez que vinimos a San Isidro, un hombre, enfadado con la nieve, muy harto, nos lo dio y nos dijo: ‘Quedaos con él’”. Sofía acababa de nacer y desde entonces, cada invierno, hace que su padre y que su madre, Alicia Assab, le lleven a deslizarse.

Llegando de nuevo a Cuevas, dos ganaderos se disponen a guardar sus vacas. “Está muy malo hoy”, dice José Luis Fernández González, que cuenta que el otro día, por la zona, “vieron a un oso”. Benigno del Cuadro Álvarez, pariente suyo, confirma el diagnóstico: “Está frío”. Los dos, vecinos de Felechosa, son conscientes de que el mal tiempo es lo que toca y dejan esa fascinación por la nieve para otros que conviven con ella más de vez en cuando y por pura voluntad.

En el camino de ida, aún de mañana, la nieve no estaba asentada en Felechosa, pero un par de horas después la situación ha cambiado. La nieve no ha dejado de caer, cada vez con más fuerza, y se va asentando. La postal se va configurando y produce el efecto llamada que la hostelería de la zona espera y necesita. Más todavía después de haber pasado una pandemia. El invierno pasado fue malo, además de por el covid, por la desgracia. Un gigantesco alud le costó la vida a dos operarios mientras arreglaban la chimenea de un máquina quitanieves, una de esas que ayer pasaban una y otra vez por el puerto quitando nieve y echando sal, permitiendo que el tráfico circulase y que la gente acudiera al reclamo de los primeros copos, algo clave para la economía del lugar allerano.

Los avilesinos Cristina Menéndez y David Campa. | Juan Plaza

En uno de los hoteles-restaurantes de Felechosa, Peña Pandos, trabaja alguien que se ha tenido que acostumbrar a algo que desconocía: el frío invierno. Federico Lojo Gómez es de Tenerife y el amor le trajo hace 14 años a Asturias. Reside en la localidad de Castañeo, en Soto de Aller, y ya ha naturalizado que la temporada alta comienza ahora, en noviembre. “Sí que echo un poco de menos el buen tiempo de mi tierra, me vine aquí por mi mujer”, explica. Habituado al lugar, es de los que habla más de las incomodidades de la nieve, “que se acaba transformando en barro”, que de sus bondades. Si bien, es consciente de que para el negocio la apertura de la estación de esquí de San Isidro es fundamental: “Esperamos que se pueda abrir cuanto antes, ya se iba a abrir este fin de semana pero dicen que será en el puente de diciembre”.

Las reservas de habitaciones para esa fecha ya están casi completas en Peña Pandos. Lo explica Manuel Cortizo, un familiar de los dueños del local: “La nieve lo cambia todo, viene mucha gente a verla, en el momento que empieza a caer aquí empieza a llamar gente a hacer reservas para comer, hace poco llamaron dos para reservar una habitación”. Se acerca las dos de la tarde y Federico Lojo empieza a estar más ocupado. Las reservas comienzan a llegar.

Pablo Rodríguez Porrón y María José Bedia, un matrimonio que reside en La Caridad (El Franco), no han dudado en hacer un desplazamiento que adoran. Han pedido callos y, mientras les llegan, toman una copa de vino viendo caer la nieve. “Antes venía mucha más gente, mi hijo solía alquilar una casa con los amigos y por la noche había mucho ambiente”, explica Bedia. Las razones por las que, en su opinión, viene menos gente las desconocen, aunque piensan que quizás nieva menos y el puerto de esquí es menos atractivo. A pesar de todo, ellos van a seguir repitiendo plan. Cortizo y Lojo esperan que así sea, y que la gente se anime a disfrutar de San Isidro, aunque los dos están de acuerdo en que “la nieve le gusta más al que viene de fuera. Ellos no tienen que pasar todo el invierno con ella”.

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