Es una actividad ancestral en Cangas del Narcea, documentada desde el siglo IX y que, tras languidecer durante muchos años, ha recuperado el pulso al entrar en el siglo XXI hasta consolidarse y convertirse en fuente de empleo y de oportunidades en el suroccidente asturiano.

Por este motivo, los viticultores de Cangas del Narcea y todo el sector en general del resto de territorios de la comarca donde ha prendido la cultura del vino se han convertido en “Asturianos del mes” de octubre de LA NUEVA ESPAÑA. Una distinción que llega al cumplirse el 20.º aniversario del inicio de los trabajos para impulsar la marca con la aprobación, en 2001, del primer reglamento del Vino de Cangas, y que se concede en octubre por ser este el mes en el que la Denominación del Origen Protegida (DOP) se amplió e incorporó oficialmente dos nuevas bodegas, hasta sumar un total de nueve.

“¡Y no son pocas! Nunca nos imaginamos llegar hasta aquí, pero es una realidad y no podemos estar más que orgullosos”, señala José María Martínez, presidente del Consejo Regulador de la DOP Vino de Cangas, que recibirá el “Asturiano del mes” en nombre de todo el sector vitivinícola del Suroccidente. “Es un honor recibir el premio, todo lo que sea sumar apoyos y reconocimientos, bienvenido sea”, celebra Martínez, también bodeguero –es uno de los dos nuevos que se han incorporado a la DOP–, un oficio que aprendió, como la inmensa mayoría de los viticultores del Suroccidente, en familia al transmitirse de generación en generación.

Porque es el cultivo de la viña una actividad agrícola muy arraigada en cada casa. Raro es encontrar alguna en la que no haya unas cuantas vides plantadas en la huerta para elaborar vino para autoconsumo. Fue a finales de los años 90 cuando surgieron las primeras iniciativas de profesionalizar tal actividad, lo que desembocó en 2001 en la aprobación del primer reglamento de la denominación, una especie de identificación geográfica protegida de vinos de mesa.

El carro de bueyes cargado, en una edición pasada de la Fiesta de la Vendimia de Cangas. | D. Á.

El sector no se quedó ahí, continuó adelante con su trabajo por mejorar el producto, sumar profesionales, formarse, aprender de otras denominaciones similares a la asturiana, y en 2009 llegó el premio con el reconocimiento definitivo de la DOP para el Vino de Cangas. Desde entonces, el sector no ha hecho otra cosa más que crecer, de forma pausada pero segura, cuidando de forma extrema la calidad de los vinos y, como destaca el presidente del consejo, “remando todos unidos: viticultores, bodegueros, Administración... Es un orgullo que nuestro trabajo se valore aquí, pero también fuera, algo que se ve cuando vamos a ferias, salones, y te lo dice la gente”.

Destaca José María Martínez esa singularidad y personalidad del vino de Cangas, que hace que todo el mundo lo pueda identificar: “Tiene sus propias uvas autóctonas, un clima especial, un suelo de pizarra, mineral que influye en la viña. Todo eso le da unos matices especiales que lo hacen único”. La única denominación de vino asturiana está incluida, además, en España dentro del grupo de las llamadas heroicas (con Ribeira Sacra, el Priorato e Islas Canarias) por las difíciles condiciones para vendimiar dada la pendiente de las laderas. Allande, Cangas del Narcea, Degaña, Grandas de Salime, Ibias, Illano, Pesoz y algunas zonas que pertenecen al término municipal de Tineo tienen suelo dentro de la zona de producción de una marca que, si tiene un hándicap, son las dificultades para sumar nuevo terreno y, lo más importante, unificado. En la actualidad hay unas 55 hectáreas de vides plantadas. “Todo el que quiera sumarse y aportar será bienvenido”, concluye José María Martínez.