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Alfonso Pardo de Santayana Galbis Coronel jefe del Regimiento “Príncipe” número 3

“Somos una institución diseñada para hacer frente a situaciones de crisis, como el covid”

“El cuartel ‘Cabo Noval’ es una reserva natural en sí misma, un vergel; estamos iniciando un proyecto para implantar una central de biomasa”

Alfonso Pardo de Santayana, en el acuartelamiento del “Príncipe”. Juan Plaza

El coronel Alfonso Pardo de Santayana deja el día 17 el Regimiento “Príncipe” número 3, tras dos años. La pandemia ha condicionado su mando, pero aún así ha podido sacar adelante hasta cinco misiones de gran complejidad, dos de ellas relacionadas con el covid-19. “Somos una institución diseñada para hacer frente a situaciones de crisis, como el covid”, indicó, al tiempo que señaló que “hay que mejorar la conexión entre el Ejército y la sociedad civil”.

–Un mando movido.

–La pandemia fue algo insospechado, pero hemos funcionado exactamente igual que sin ella, trabajando aquí todos los días.

–Y ahora vuelven a pedirles su colaboración.

–Nos ha pedido el Principado que volvamos a activar un núcleo pequeño de rastreadores. El mecanismo lo tenemos muy bien engrasado, llevamos un año trabajando, la sincronización con el personal del Principado es muy buena, de una manera muy flexible y eficaz.

–¿Fue difícil formarles?

–Sí que costó. Al principio, la gente era más proclive a colaborar, pero a medida que fue pasando el tiempo, el trabajo acabó siendo complicado. Había que formar bien al personal. Si no haces bien el rastreo, el contagio se extiende. El personal hizo un curso del Ministerio de Defensa, y luego, dimos otro del Principado para poder manejar las plataformas digitales y conocer los protocolos de actuación.

–Han formado a unos trescientos rastreadores, ¿no?

–En torno a 350, aunque al final se emplearon unos 300. El otro día entregaron una condecoración al capitán José Carlos López por organizar ese grupo. Lo importante es la colaboración cívico-militar, conseguimos una sinergia, unos beneficios que antes no habíamos explorado, o estaban un poco oxidados. El Ejército es una herramienta a disposición de España, muy preparada, diseñada para tiempos de crisis, que es cuando de verdad funcionamos bien.

–¿Hemos redescubierto al Ejército con la pandemia?

–A raíz de la suspensión del servicio militar en el año 2000, España opta por un Ejército profesional, que tiene grandes ventajas, es un Ejército muy eficaz, muy sólido, pero desvincula a la sociedad civil. Esa separación no es buena. Uno de los elementos del Ejército es la resiliencia, la capacidad de recuperación frente a una situación difícil, y se basa mucho en la conexión con la sociedad civil. Si la sociedad civil no entiende que podemos ir a Afganistán y tener una baja, el trabajo de las fuerzas armadas se ve dificultado y a veces impedido. Tenemos que mejorar esa conexión con la sociedad civil.

–Se habrán enfrentado a situaciones variopintas.

–Gente que no quería colaborar, contagios masivos, la dificultad de hablar con la gente mayor, que no entendía lo que estaba pasando, y tuvimos que poner mucho cariño y mucho interés.

–También montaron un hospital de campaña.

–Nos centramos en dos áreas. Una, la de seguridad ciudadana, haciendo cumplir las normas, con patrullas y vigilancias; y la parte sanitaria, montando el hospital de campaña, dentro de la “operación Balmis”, un ejemplo para otras comunidades, sin olvidar desinfecciones de geriátricos, hospitales...

–Y eso preparando misiones.

–Uno de los objetivos que me marqué al llegar era la operatividad. Hemos generado una compañía para VJTF, la unidad de la OTAN de muy rápida reacción, muy de moda por todas las tensiones en la frontera de Polonia. Y hemos generado dos misiones, un grupo táctico para la misión de la UE en Malí, al mando del teniente coronel Velasco, del batallón “San Quintín”, y otra unidad, tipo compañía, al mando del capitán Mones, del “Toledo”, que se integrará en la misión de la OTAN en Irak, una misión de protección de los asesores que van a trabajar para mejorar la gobernanza y el desarrollo de Irak, en las zonas más difíciles y peligrosas del país.

–Dos misiones difíciles

–Dos misiones exigentes que ha habido que preparar en seis meses. Son misiones complejas, no solo hay que prepararlas, sino pasar una evaluación y certificarlas, lo que exige un nivel muy alto. Estoy muy satisfecho del nivel obtenido.

–¿Inversiones?

–Hemos conseguido mucho, sobre todo en el campo de maniobras, que era lo que más se necesitaba. Tenemos 1.020 hectáreas de campo, necesitaba una limpieza, un desbroce, una actualización de capacidades. Hemos encontrado una fórmula de financiación muy eficaz, estamos trabajando en el monte y está quedando muy bien, y además queremos hacerlo de manera inteligente. Tenemos un compromiso con la Politécnica de Mieres, de manera que estamos trabajando para firmar un convenio con la Universidad, para que los estudiantes puedan usar “Cabo Noval” para sus estudios, trabajos de fin de grado, como laboratorio, y aportarnos el conocimiento para que el monte esté sano y limpio y no sea peligroso en cuanto a incendios forestales. Y estamos iniciando un proyecto para implantar una central térmica de biomasa, una línea de trabajo muy interesante que puede aportar una energía mucho más limpia al acuartelamiento.

–Militares ecologistas...

–Bueno, siempre. Nuestros campos de maniobras son las zonas de España más ricas en fauna y flora. Está cerrados, no puede entrar nadie, seguimos estrictos protocolos de conservación. Esta mañana he salido a correr y me he cruzado con tres corzos y dos jabalíes. Esto es un vergel, al lado de Oviedo. “Cabo Noval” es una reserva natural por sí misma.

–Ha mandado uno de los regimientos de más prestigio.

–Es uno de los regimientos más ambicionado por los coroneles, porque además de ser el segundo más antiguo de Europa, con una historia centenaria, ha estado en todos los momentos más difíciles de España, desde la batalla de San Quintín. El coronel jefe del “Príncipe” es además el comandante militar de Asturias y jefe de acuartelamiento. Ha sido un lujo, una maravilla, para mí y mi familia, hemos descubierto una tierra excepcional. He constatado que el prestigio y la fama del “Príncipe” eran ciertas, una unidad muy capaz, gente muy entregada, muy austera, discreta y eficaz. Además, mi nieta Julia nació aquí, en Oviedo, y eso nos vincula para siempre a esta tierra.

–¿Un regimiento cada vez más femenino?

–El índice está en torno al 12 o 13 por ciento, España es uno de los países con más mujeres en el Ejército. Hay profesiones que atraen más a mujeres, como la judicatura. No hay que pelearse por el número. Lo que hay que asegurar es que hombres y mujeres trabajen en idénticas condiciones. Las Fuerzas Armadas son la institución más igual, aquí no hay discriminación de ningún tipo.

–Han salido plazas, ¿verdad?

–En el siguiente ciclo tenemos 150 plazas, muchas, estamos muy bien de plazas y de personal. Hay pelea entre los oficiales para venir.

–¿Qué salida se da a los soldados que salen con 45 años?

–Todavía hay pocos, porque el Ejército es muy joven. Dentro de no mucho, habrá muchos, y será cuando tengamos un problema. Por ahora, hay una oficina que va orientando. Hacemos además cursos de formación sanitaria, de conductor de ambulancia...

–¿Qué se ha quedado con ganas de hacer?

–La difusión, darnos a conocer. Me he quedado con las ganas de que viniesen colegios, pero eso no hemos podido hacerlo por la pandemia. Hemos traído a niños con cáncer de la asociación Galbán para que se aireasen un poquito. Me hubiese gustado hacer juras de bandera, salir a la calle... Es mi gran debe, no ha podido ser.

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