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Alejandro Calvo Consejero de Medio Rural y Cohesión Territorial

“La gente debe entender que en carreteras no hay varitas mágicas: hay tiempos, hace falta presupuesto y luego se ejecuta”

“Nunca se han dedicado tantos recursos al Occidente y al Oriente como ahora” | “Entiendo las protestas del campo y comparto objetivos, pero yo debo trabajar en el despacho, no tras una pancarta”

Alejandro Calvo, consejero de Medio Rural y Cohesión Territorial: "En esta legislatura hemos dejado claras las prioridades del Gobierno con el campo asturiano"

Alejandro Calvo, consejero de Medio Rural y Cohesión Territorial: "En esta legislatura hemos dejado claras las prioridades del Gobierno con el campo asturiano" VÍDEO: Amor Domínguez/ FOTO: Irma Collín

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Alejandro Calvo, consejero de Medio Rural y Cohesión Territorial: "En esta legislatura hemos dejado claras las prioridades del Gobierno con el campo asturiano" Mariola Riera

Por una cosa u otra, la actualidad toca de lleno su consejería. El lobo, los incendios, la gestión de los cotos de caza, la protección del oso, la crisis mundial de materias primas y su impacto en el encarecimiento de los costes de producción aliñado con el bajo precio al que se pagan la leche y la carne, la tramitación de los fondos europeos, la crisis de la España vacía, las protestas por el mal estado de las carreteras asturianas... Menos mal que la pesca, un sector tradicionalmente conflictivo, está algo más tranquila.

Por si Alejandro Calvo (Cangas del Narcea, 1974) tuviera poco, una de las grandes polémicas políticas para estrenar 2022 ha tocado de lleno su departamento a cuenta del Ministro de Consumo, Alberto Garzón, y sus controvertidas palabras sobre la ganadería y el consumo de carne que han puesto en pie de guerra a media España. Así las cosas, no es fácil elegir por dónde empezar a plantear temas al Consejero de Medio Rural y Cohesión Territorial de Asturias.

–¿Cuándo se ha comido el último filete de carne?

–Yo soy de familia de ganaderos, así que comer carne y de calidad me viene de casa. La como y buena, de Asturias. Ha sido un debate desafortunado y los que tenemos la responsabilidad de gestionar debemos señalar las buenas prácticas y cuidar mucho lo que decimos para no perjudicar a la gente para la que trabajamos. En este caso (el de las declaraciones del ministro Garzón) se simplificó el mensaje vinculado a las macrogranjas, un debate que en Asturias además no existe. Lo que a mí me importa señalar es que nuestro modelo es el de una agricultura y ganadería familiar. Yo como mucha carne, como se hace en todo el Suroccidente. Y tengo fortuna de comerla de mucha calidad, porque en Asturias es fácil hacerlo consumiendo nuestros productos, con lo que además ayudamos a nuestro medio rural.

–No es Asturias territorio de las llamadas macrogranjas. El registro recoge una.

–El debate producido se refería sobre todo al porcino y a las avícolas, una realidad que aquí no existe. Tampoco tenemos que criminalizar el modelo.

–Es que parece que las explotaciones grandes, en intensivo, son lo peor.

–En absoluto. Tanto Europa y España como Asturias tienen los estándares más altos de calidad de alimentos, bienestar animal, así que no se puede generar desconfianza. Otra cosa es hacia dónde queremos ir: para que el medio rural siga vivo y tengan rentabilidad sus agricultores y ganaderos hay que ir a un modelo en el que ellos sean fuertes en el mercado. Y eso es incompatible con la producción industrial. Hay ejemplos de producción intensiva donde se respeta absolutamente el bienestar animal y donde la dimensión de las granjas es razonable. Un ejemplo es la intensificación que tenemos en nuestro sector lácteo. Y hemos visto que algunas de nuestras ganaderías están entre las mejores de España. Es un modelo válido.

–El campo acabó el año enfadado y lo ha empezado aún más: los costes de producción suben, pero no los ingresos, por resumir un poco lo que pasa. Hoy domingo, nueva tractorada...

–Desde que tengo memoria y desde la entrada de España en la UE hay un proceso de reconversión importante en la agricultura y la ganadería. Ahora a esto se suma una crisis global. Eso afecta a toda la cadena de valor, no solo al sector primario, donde es difícil buscar soluciones en base solo a las competencias de la consejería. Tenemos que tratar de ajustar, inyectar fondos y luego, evidentemente, reivindicar y visibilizar el problema. Yo entiendo las manifestaciones, comparto muchos de los objetivos... Pero soy consejero y tengo que trabajar desde el despacho, no detrás de una pancarta. Pero empatizo con ellos, les escucho atentamente y creo que muchas cosas deben invitarnos a hacer autocrítica. Por ejemplo, en cuanto a algunas decisiones que se toman sobre el medio rural y que los que viven allí no se reconocen en ellas.

–¿No cree que así es difícil el relevo generacional?

–Hay gran vocación de continuidad en el medio rural asturiano, es lo que hace que, a pesar de las dificultades durante décadas, conservemos tanta producción y familias enteras a él dedicándose. Es un trabajo fundamental. Nos gusta decir que el sector primario es el primer sector. Sin alimentos no se avanza. Es estratégico. Nosotros lo materializamos en hechos y ayudas, y el sector primario debe tener relevancia en la sociedad. Hay una crisis coyuntural que superaremos y nosotros ayudaremos a ello.

–¿Animaría a un joven a incorporarse al campo?

–Por supuesto. Quien tenga vocación o quiera dar continuidad por su arraigo a las tierras de sus padres y abuelos, tendrá nuestro apoyo y le apoyaremos en el relevo para que se forme, se asesore y pueda hacer rentable su producción. Claro que les animo.

–Y está el tema del lobo. Asunto polémico donde lo haya. ¿Entendió la dimisión de su director de Ganadería, Nino Rodríguez, cuando el Gobierno central aprobó protección total a la especie?

–Cómo no la voy a entender... Aquí tenemos constantemente mucha responsabilidad, un nivel de esfuerzo que a veces cuesta que se reconozca. Por tanto, uno tiene que estar muy cómodo. Para Nino fue una decepción en lo personal que le afectaba a su capacidad de gestión y mostró así su rechazo. Asumo la pérdida, pero aquí seguimos trabajando. Mi relación con él es estupenda, sigue igual y nuestra visión del mundo rural es muy parecida. Aquí hay que estar al cien por cien, y creyendo en lo que se hace. Creo que aquí se hace más que estando en casa, pero respeto su decisión.

–¿Hay arreglo al asunto del lobo, que incluso ya ha llegado a los juzgados?

–Cuando hace más de un año empezó a materializarse la protección del lobo, trasladamos nuestra posición. Lo consideramos erróneo, en el fondo y en los tiempos. Somos una comunidad que tiene un peso limitado frente a una decisión del Gobierno central, incluso las cuatro comunidades del Norte hemos tenido que ir al juez al no ser capaces de convencer políticamente. Es una gran dificultad mantener nuestra posición desde aquí. Pero lo que tenemos que trasladar es un mensaje de tranquilidad. Todo lo que tiene que ver con nuestras competencias sigue vigente.

–¿Como qué?

–Hemos asumido en el diálogo con los sindicatos que a lo largo del ejercicio no solo vamos a mejorar el pago de daños del lobo al ganado, sino que vamos a hacerlo en tres meses de plazo como máximo. Y seguiremos dando la batalla. Se admitió a trámite nuestro recurso contra la protección, aunque tenemos unas medidas cautelares que no nos permiten seguir haciendo controles, pero en este ínterin queremos tener seguridad jurídica para gestionar adecuadamente. No cejaremos. Hay recorrido judicial y recorrido para elaborar una nueva estrategia de gestión que no debe ratificar la catalogación del lobo como especie protegida, sino dejar margen de gestión a las comunidades. Además, igual el juez nos da la razón, como creemos tenerla.

–Cambiando de tercio, hay quejas por el atasco burocrático en su consejería, retrasos y problemas con la tramitación de fondos europeos, la convocatoria de la PAC... Tras el confinamiento fueron muchos los problemas. ¿No dan abasto?

–Estamos hablando, como dice, de cosas de hace año y medio. De cosas que felizmente no solo están resueltas sino bien resueltas. El año pasado gestionamos la mayor cantidad de fondos europeos de la historia de Asturias: 22 millones de euros. El mejor ejemplo son los fondos Leader. Al llegar nos encontramos un cambio de estrategia. Luego, la pandemia obligó a replantear la ejecución de los inversores para no perjudicarles. Pero en apenas un año lo hemos resuelto. Se hicieron todas las modificaciones para evitar perjudicarlos, se renovaron los convenios con 11 grupos de desarrollo rural y, ahora, ya lanzamos la siguiente convocatoria. De atasco nada, lo que hubo fue necesidad de reprogramar en crisis. Ahora yo diría que estamos en perfecto estado de revista.

–Hay quien cuestiona la “macroconsejería” que usted dirige por aglutinar demasiadas competencias: campo, biodiversidad, infraestructuras... ¿El medio rural asturiano no se merece una única consejería?

–Es que la tiene. Lo que creo es que hay mucha demagogia. Un consejero es un consejero. Cómo funciona la consejería depende de los equipos, la estructura, la capacidad de gestión... Y eso está en perfecto estado. Esta consejería interpela directamente al medio rural. Precisamente ahora es un momento en el que se ve bien la necesidad de que el medio rural aúne también cohesión territorial por las necesidades que desde las alas (Oriente y Occidente) se trasladan.

–Explíquese.

–Cuando empezamos quedó clara que la prioridad en las infraestructuras regionales iba a ser romper con la dinámica de discriminación de la alas y que usaríamos las comunicaciones como elemento de cohesión territorial. Ese es el mensaje verdadero, no quedarse en el análisis superficial de que esta consejería es muy grande. Nosotros podemos orientar la política e influir en los presupuestos para que se destine dinero a obras muy necesarias en las alas de la región. Antes, la prioridad en infraestructuras eran el centro y las grandes ciudades. La necesidad en las alas se ve con las reivindicaciones en carreteras que hay, pero seguramente en parte se hacen porque la gente ve que se le puede dar respuesta.

–Esto que dice enlaza con las protestas del Suroccidente, su tierra natal. Los residentes han venido a manifestarse a Oviedo. Están que trinan por el mal estado de las carreteras, se quejan del abandono. En general, todo el Occidente se queja. ¿Entiende a sus vecinos?

–Nos hemos acostumbrado a escuchar la palabra abandono. Hay que ser riguroso con el lenguaje: abandono es no hacer caso, no escuchar, que no es el caso. Otra cosa es que a las demandas que hay históricas es difícil darles respuesta en poco tiempo. Cómo no voy a entender a los vecinos. Yo no es que sea del Suroccidente, sino que soy de un pueblo pequeño de Cangas del Narcea, conozco las limitaciones y lo que tiene que ver esto con la expectativa de futuro para el territorio. Pero tenemos que ver qué hacer para que sea atractivo quedarse. La gente tiene que entender que, sobre todo, en el ámbito de las carreteras no hay varitas mágicas: hay tiempos, proyectos, hace falta presupuesto y luego se ejecuta. Y eso lleva planificación. Creo que las reivindicaciones son razonables, las que vi en las plataformas son asumibles, las asumen los ayuntamientos, y las obras se tendrán que hacer en tiempos que ahora se ven insatisfactorios. Pero nunca se han dedicado tantos recursos a las alas como ahora. Se puede trabajar en planificación y proyectos para que crezca en el futuro. Hay muchas necesidades (el Oriente, el eje del Navia, Caso...), y la del Suroccidente es prioritaria. No solo queremos resolverlo en el ámbito de nuestras competencias, sino que trabajamos con el Ministerio para que por fin el eje La Espina-Ponferrada sea eje nacional, lo que aumentará las expectativas inversoras en esa vía.

–Argayos. Cada vez que llueve en Asturias, que no es poco, hay uno en alguna carretera. ¿No se puede prevenir?

–No todos los casos son iguales. En la AS-15, el corredor del Narcea, hemos tenido una desgracia y ha cundido la sensación de temor, un sentimiento al que no se puede dar la vuelta. Hemos puesto en marcha el arreglo de los dos que ha habido y se ha revisado integralmente toda la zona de riesgo de la carretera, que tiene al menos 15 tramos con señalización por riesgo de desprendimientos. Estamos también en labor preventiva con drones, con geólogos... Todo eso genera molestias, pero los trabajos deben seguir. No se elimina el riesgo al cien por cien, pero sí se trata de aumentar recursos y tratar de prevenir.

–Hemos empezado el año con una oleada de incendios, otra cuestión polémica por todo lo que se mezcla. Se señala a los ganaderos como culpables. Ellos se quejan de falta de limpieza de los montes.

–No se pueden asociar ideas distintas. Lo que ha de plantearse es cómo se gestiona el territorio. Y lo mejor es siendo productivo: si los que viven allí tienen rentabilidad, serán los que mantengan el medio rural y serán los mejores guardianes para que no se produzcan incendios. Los que los hacen son incendiarios, y eso es un delito. No hay más. No debemos culpar a nadie y menos esta administración señalará a nadie. Los ganaderos hacen una labor fundamental, no solo en producción de alimentos sino también en gestión del territorio. Los que les señalan deberían mirar qué hacen ellos. Otra cosa es la gestión forestal. Tenemos un plan de prevención de incendios desde hace año y medio. Lo que hay que tener es la visión global de cómo gestionamos el territorio, hay que centrarse en la prevención, lo más rentable es una gestión forestal sostenible y productiva. En eso estamos trabajando. Veremos beneficios a medio plazo. Y frente a quien es incendiario, todo el rigor de la ley.

–¿Últimas noticias de la PAC?

–Es el marco de casi todo lo que hacemos. El 30% del presupuesto de Europa se dedica a la política agraria común. Hemos conseguido un marco financiero, asegurar continuidad de fondos y que Asturias siga disponiendo de recursos. Ahora tenemos un primer borrador del plan estratégico nacional para la PAC y somos optimistas porque hemos logrado que el modelo de explotación familiar de Asturias y del resto de la cornisa cantábrica tenga por fin una pieza en ese plan, así crecerá el apoyo al sector lácteo y las ayudas en conjunto a las explotaciones con prácticas sostenibles. Y luego está el plan de desarrollo rural con el Leader como apuesta clara, para lo que sabemos que habrá mayor nivel de exigencia medioambiental en los proyectos. Hay buenas noticias. En 2022 habrá récord de recursos.

–El sector agroalimentario da satisfacciones. Hay buenas oportunidades de negocio en Asturias.

–Trasladamos un mensaje real: el 20% de nuestro PIB es sector primario y agroalimentario, y queremos llegar al 25%. En 2023, buscamos disponer de 10.000 puestos más de trabajo. Pero esto habla de lo que hacen nuestras empresas, de su capacidad para trabajar. Nuestra industria agroalimentaria genera buenas noticias, sí. Frente a esto tenemos un sector ganadero algo deprimido, pero debemos cambiar esa idea y hacer ver que todo va unido.

–Tiene formación de ingeniero agrónomo, le viene de familia el campo... ¿Piensa volver a su profesión si toca dejar la política?

–Yo soy hijo de ganaderos, mi vocación y formación es ingeniero agrónomo. Llevo muchos años en la gestión política y no tengo prisa en dejarlo, pues tengo todas la ganas del mundo para seguir. Creo que tengo una visión clara de lo que quiero para el futuro de Asturias. Y en mi ánimo está volver a mi profesión cuando toque, pero sin prisa. Creo, además, que esta crisis que se está produciendo hace especialmente necesario que los que estamos en la administración no solo conozcamos la realidad del sector, sino que tengamos compromiso personal con el proyecto. Y yo me siento cómodo e identificado con el de nuestro presidente Adrián Barbón.

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