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La Universidad se moderniza: una oficina de mecenazgo, todo alojado en la nube y más inglés

El nuevo modelo de estructura administrativa que propone el Rectorado recorta en 93 el número de unidades gestoras y abre nuevos servicios

Patio de la Universidad de Oviedo.

Llega la hora de modernizar la Universidad de Oviedo. El Rectorado de Ignacio Villaverde compartió ayer con la comunidad académica el “gran cambio” de estructura administrativa que pretende llevar a cabo en los próximos meses con el fin de lograr una gestión “más ágil, eficiente y digital”. Algunas de las propuestas que recoge el nuevo modelo son: reducir de 271 a 178 las unidades gestoras, liberar a los docentes de carga administrativa, dotar al personal de administración y servicios (PAS) de nuevas tareas, eliminar los ordenadores de mesa y alojar las herramientas en la nube, diseñar una plataforma común para elaborar horarios y consultar disponibilidad de aulas, crear una oficina para analizar datos y otra para captar fondos privados, e incentivar el estudio del inglés en las plantillas.

Esta reorganización, que ya venía contemplada en el programa electoral de Villaverde, está ahora en fase de información pública y se pueden presentar alegaciones hasta el 11 de febrero. No obstante, el Rector adelantó la semana pasada a decanos de centros, a directores de escuelas y departamentos y a jefaturas de servicio las líneas maestras de su modelo, que son optimizar y simplificar la estructura actual, mejorar la prestación de servicios y descentralizar procedimientos. Todo ello vendrá acompañado de una reorganización de espacios y una gran transformación digital.

Reducción de unidades en un 34%. En la actualidad, la Universidad de Oviedo imparte estudios en tres localidades y está compuesta por siete campus, 17 facultades y escuelas, 38 departamentos y más de 60 edificios. De la gestión administrativa se ocupan 271 unidades, de las cuales, según advierte el Rectorado, 115 son “micro”, es decir, tienen uno o dos trabajadores, y otras 35, poco más de tres empleados. Esto hace que, ante cualquier imprevisto, la unidad tenga que cerrar. Por eso, el equipo de Ignacio Villaverde plantea simplificar esa gran tela de araña, pasando de 271 a 178 unidades –93 menos, una reducción del 34,31%–. Esos 178 entes estarán integrados por equipos más grandes, que desempeñarán nuevas funciones. Por ejemplo, en los campus, las unidades del Cristo A disminuirán de 20 a 8; las del Cristo B, de 20 a 9; las de Llamaquique, de 19 a 10; las del Milán, de 16 a 7; y las de Gijón, de 19 a 3. Las Mieres se mantienen en 3. Precisamente, en los campus lo que se busca es unificar servicios y descentralizar competencias. Los institutos de investigación, por su parte, dispondrán de una unidad de gestión “común y unificada”.

Desde una oficina del dato a otra de mecenazgo. A la vez que se eliminan esas unidades “micro”, dentro del planteamiento de la gerente de la Universidad, Pilar Manero, está crear nuevos servicios. Por ejemplo, se abrirá una oficina de Análisis y Prospectiva, que se encargará de estudiar la ingente cantidad de datos que genera la institución académica para, a partir de ellos, tomar decisiones. También se propone crear una oficina de Patrocinio y Mecenazgo, con el fin de captar más financiación privada. De igual forma, se impulsará un servicio de Información y Orientación Universitaria, que persigue mejorar la tutorización de estudiantes y reducir así el abandono. Por otro lado, se reordenará el actual Instituto de Formación (INIE) para convertirse en un organismo que de formación tanto al personal docente e investigador (PDI) como al de administración y servicios (PAS). La idea es que funcione como el Instituto Asturiano de Administración Pública o como el Instituto Nacional de Administración Pública.

Transformación digital. En el documento, la gerencia señala que la Universidad “arrastra un retraso significativo en la digitalización de sus procedimientos, lo que conlleva una gran carga de actuaciones repetitivas, un ingente uso de papel, abundante movilidad documental, presencialismo en la realización de trámites y limitada oferta de servicios electrónicos”. Por tanto, la transformación digital hay que acometerla ya, empezando por los “procedimientos económicos, académicos y organizativos”. A nivel académico ya se hacen muchos procesos de forma telemática, pero no todos. Por tanto, el objetivo es hacer una digitalización “integral” de los trámites y que éstos estén disponibles también en inglés. En el apartado organizativo, el Rectorado quiere desarrollar una herramienta común que permita automatizar la elaboración de horarios de clase y que posibilite consultar la disponibilidad de aulas así como el porcentaje de ocupación.

Asimismo, el nuevo modelo de estructura “debe ir acompañado de una migración progresiva de almacenamiento en la nube que favorezca el teletrabajo, el trabajo colaborativo y la organización de infraestructuras”, señala el proyecto. En este sentido, se propone eliminar los ordenadores de mesa y alojar las herramientas en la nube, sustituir los teléfonos fijos por los móviles, y suprimir las cerraduras de las puertas para instalar tarjetas.

Hay 48 doctores en el PAS. Este colectivo está hoy formado por algo más de mil personas (1.060). De ese total, 349 son licenciados o graduados y 48 doctores. Sin embargo, en la mayoría de plazas que ocupan solo se pide el título de Bachiller. En concreto, para el 82% de los puestos de personal funcionario y para el 75% de personal laboral se requiere haber superado el instituto o menos. Esto demuestra que hay sobrecualificación, lo cual es negativo por un lado, pues puede generar frustración personal, y positivo por otro, porque abre las puertas a mejorar el trabajo que se desarrolla hoy. Esto último es lo que pretende reforzar el Rectorado, asignándole al personal de administración y servicios nuevas funciones, como gestión de páginas web, consultoría, atención individualizada... Además, deberán atender nuevos servicios, como el de datos y el de mecenazgo.

La Universidad también quiere mejorar las competencias de sus trabajadores e implantará incentivos económicos para que se saquen el título de inglés. Actualmente, solo se exige un B2 en el 1,6% de los puestos, es decir, en 17. La media de edad del colectivo es de 54 años, lo que demuestra que, al igual que en el PDI, se avecina un gran cambio generacional. La Universidad, en principio, no necesita más personal, pues hay un PAS por cada 1,8 de PDI. Se trata de una tasa “alta”; la estadística nacional la lidera la Rey Juan Carlos, con un 1,9.

Transformación de espacios. Un cambio de estructura, dice el documento, demanda un “cambio de espacios”, que promueva el trabajo cooperativo. El problema es que la institución académica asturiana está formada por edificios antiguos, que dilatarían “15 o 20 años” hacer una “reordenación profunda de las infraestructuras”. Según el Rectorado, los terrenos del antiguo HUCA abren muchas posibilidad, al igual que la creación de un nuevo campus de Ciencias de la Salud en el entorno del nuevo hospital en La Cadellada (Oviedo). Otra posibilidad, pero polémica, sería trasladar centros a Mieres. Como la Universidad no puede esperar a hacer estos grandes movimientos, el equipo de gobierno empezará haciendo modificaciones a escala más pequeña. Se trata de reordenar los espacios actuales. Por ejemplo, en el Milán los servicios de gestión ocupan una superficie de 1.586 metros cuadrados. Al eliminar unidades, se liberaría un espacio de 1.000 que se destinaría a otras funciones.

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