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Análisis

El colapso de la atención primaria en Asturias: de las olas al tsunami sobre la puerta de entrada a la Sanidad

Escasez de médicos, una plantilla exhausta, elevada desmotivación, una reorganización atascada, una reprobación masiva al Consejero de Salud: el clima de los centros de salud entra en fase crítica

Centro de Salud de La Lila Irma Collín

Se agota la terminología catastrófica: saturación, colapso, inviabilidad, agonía, muerte... La red de Atención Primaria atraviesa momentos críticos. Así lo dicen, con un alto grado de unanimidad, los profesionales que en ella trabajan. Lo expresan, de otra manera, y con visiones más discrepantes, muchos usuarios que llevan largo tiempo –al menos dos años, desde la eclosión de la pandemia de covid-19– quejándose de la calidad de la atención que se les presta en los centros de salud.

“Cada paciente necesita tiempo de atención, y si el profesional no puede dedicárselo, y además se siente sobrepasado, no deja de derivar en una frustración y desidia por parte del profesional”, subraya Jesús Rodríguez Virgili, vocal de Atención Primaria del Colegio de Médicos de Asturias y coordinador del centro de salud de Luanco. El debate es complejo, genera tensiones y no se circunscribe a Asturias. La cuestión profunda y preocupante es que un pilar importante de eso que se denomina “Estado del bienestar” se tambalea. Es bien sabido que escasean los médicos de familia: en Asturias, España y Europa. Y que no se vislumbran soluciones a corto plazo.

“No entiendo cómo los partidos nacionales han dinamitado la sanidad pública. Los pacientes están hartos y se están marchando a la sanidad privada, contratando pólizas porque una resonancia te la hacen en un día y no tardan un año como en la pública”, afirma Rodrigo Abad, médico del centro de salud de Pola de Siero.

Cola en el centro de salud de Pola de Siero. I. G.

En esta misma línea, Pablo Belderraín, médico de familia y coordinador del centro de salud de El Coto (Gijón), sostiene que “el principal problema de la Atención Primaria desde hace 25 años es que el Gobierno y la oposición nunca le han concedido importancia”. Y profundiza en su análisis: “No hay liderazgo a largo plazo, con visión de futuro. En las gerencias de área y los altos mandos del Servicio de Salud (Sespa) y la Consejería solo se encargan de salvar el día a día, no de diseñar la estructura o el funcionamiento de pasado mañana”. Cita un ejemplo: “La Estrategia para un Nuevo Enfoque de la Atención Primaria en Asturias lleva sin responsable más de cuatro meses”. Y aporta un dato el doctor Belderraín: “No se invierte en recursos formativos, tecnológicos ni humanos. Asturias dedica menos del 15 por ciento de su presupuesto en Salud a Atención Primaria, cuando se recomienda un 25 por ciento. El HUCA o la reforma de Cabueñes, cuando llegue, venden más en votos”.

La controversia sobre la Atención Primaria viene de atrás, pero en las últimas semanas ha habido novedades relevantes. Por una parte, la sexta ola del coronavirus ha propinado otra soberana tunda –física y anímica– a los centros de salud, puerta de acceso al sistema sanitario público. Por otra, diversos sindicatos y entidades han anunciado una intensificación de las movilizaciones de protesta en todo el territorio nacional. En Asturias, la reorganización de las urgencias extrahospitalarias que la Consejería de Salud pretendía llevar a cabo –con el apoyo de los médicos– se ha atascado debido a la exigencia de los vecinos de Gijón, respaldada por el equipo de gobierno del Ayuntamiento, de reabrir por las tardes los siete puntos de atención continuada cerrados con la llegada de la pandemia. Siendo esta una cuestión de índole local, sus repercusiones son bastante más amplias.

En el Pleno de la Junta de esta próxima semana, PP, Foro y Vox plantearán preguntas referidas a la situación de la Atención Primaria. Sin duda, estamos ante uno de los grandes debates de los próximos meses, y casi nadie es ajeno al mismo. Arrolladora en cuanto a carga de trabajo, la sexta ola pandémica puede adquirir ahora las dimensiones de tsunami político y social.

“La Atención Primaria de Asturias está en una situación agónica, y es el momento de decidir: o la reanimamos o le damos una sedación paliativa y la dejamos morir”, proclamaron los dirigentes del Sindicato Médico (SIMPA) este pasado miércoles en la escalinata de la Junta General del Principado, minutos después de registrar una solicitud para que los grupos políticos reprueben la gestión del consejero de Salud, Pablo Fernández Muñiz.

Esta propuesta lleva la firma de respaldo de 450 médicos, “más del 50 por ciento” de la plantilla total de facultativos de los centros de salud de Asturias, enfatiza el Sindicato Médico. Tres partidos –PP, Foro y Vox– ya han anunciado que apoyarán la reprobación del titular de Salud. PSOE y IU la rechazarán. El resultado final está en manos de lo que decidan Ciudadanos y Podemos.

A juicio de los dirigentes del SIMPA, el consejero Fernández Muñiz “ha hecho una dejación de funciones”. Además, “consideramos que no está capacitado para proceder a los cambios tan fundamentales que necesitamos en Atención Primaria; por eso venimos al Parlamento para solicitar su reprobación”, indica Carlos Fernández Moro, presidente de la sección de Atención Primaria del SIMPA.

Acceso al centro de salud de Laviada. Pablo Solares

Los médicos “están absolutamente colapsados, sobrepasados, cansados, hartos”, enfatiza la organización sindical. ¿Es esto así? ¿Por qué motivo? ¿En qué medida? ¿Qué soluciones caben? Esto es lo que LA NUEVA ESPAÑA ha preguntado a varios profesionales de la red asturiana de centros de salud.

Enrique Cimas, coordinador del centro de salud de Contrueces (Gijón), estima que el problema más grave de la Atención Primaria es “la falta de presupuesto que lleva a una política de personal atroz: pocas contrataciones y, las que se hacen, con contratos temporales que no permiten la longitudinalidad [seguir a un mismo paciente a lo largo de su vida, en todos sus problemas de salud]”. En su diagnóstico, el doctor Cimas alude a dos protagonistas decisivos: “El segundo problema es la percepción de los políticos y la población de que lo importante es la inmediatez de la atención, que te atienda alguien, sea el que sea; junto con la falta de longitudinalidad, conduce a volver a los ambulatorios de los años 70”.

Este retorno al sistema antiguo también es anotado por Rodrigo Abad: “Me da mucha pena, porque se está volviendo a la medicina de los años 70-80 del siglo pasado: la de los cupos en los ambulatorios, en la que el paciente cogía la vez, como en la carnicería, y el médico solo tenía tiempo para derivarlo a los especialistas del hospital”.

Javier Alberdi, presidente del Sindicato Médico de Asturias (SIMPA), ofrece dos datos muy significativos. El primero: “Entre este año y el que viene habrá 160 jubilaciones de médicos, y la posibilidad de contratar a profesionales jóvenes es muy inferior”. El segundo: “Cerca de la mitad de los médicos tienen más de 55 años y están exentos de hacer guardias”, lo que reduce de forma sustantiva la mano de obra.

Pacientes a las puertas del centro de salud de Puerta de la Villa. Marcos León

“Uno de los principales problemas históricos de la Atención Primaria es la falta de médicos, a pesar de que se han realizado numerosos estudios previos alertando de la situación. A eso hemos de añadir la insuficiente financiación con la que se ha dotado a la Atención Primaria en los últimos años”, subraya Jesús Rodríguez Virgili, vocal del Colegio de Médicos. En esta pandemia, y sobremanera en la sexta ola, “hemos visto consultas totalmente colapsadas y agendas que sobrepasaban e incluso duplicaban las recomendaciones de las diferentes sociedades científicas y de lo publicado por el propio Sespa”.

Patricia Agüera Fernández, médica eventual del área sanitaria III (Avilés), sostiene que la red de Atención Primaria “está en declive y la pandemia solo lo ha agudizado y puesto en evidencia”. Los facultativos reivindican “unos mínimos de atención para cada paciente, además de atender los domicilios, urgencias y el resto de actividades”. Pero la realidad es que “la escasez de personal y la mala organización del trabajo son el principal problema”. Y consigna Patricia Agüera: “En el momento de mayor cansancio físico y psicológico, nos arrastró la sexta ola, la ola de la burocracia, un buen ejemplo de que la burocracia y la sobrecarga de pacientes nos dejan sin tiempo para hacer medicina, atender enfermedades crónicas, fomentar la prevención y mirar a los pacientes a los ojos para comunicarnos con ellos”.

Desde las filas de la enfermería, el diagnóstico es también sombrío: “La Atención Primaria ha entrado en una dinámica peligrosa: la falta de personal y la sobrecarga han hecho que la calidad asistencial se deteriore. El caso de la gijonesa en situación de últimos días a quien le faltaron los cuidados que tanto precisaba nos ha conmocionado a todos. Esto bien merece una reflexión”, asevera Edurne Mezquita, presidenta de la Sociedad de Enfermería Familiar y Comunitaria de Asturias (SEAPA). A su juicio, “necesitamos fortalecer los centros de salud; las lagunas no se pueden corregir ampliando las urgencias, fragmentando el campo creando subunidades o con refuerzos puntuales”.

Otra enfermera, Olaya Suárez González, del centro de salud de Piedras Blancas (Castrillón), pone de relieve que su profesión sale reforzada de la crisis del covid-19: “Ha sacado a la luz el gran potencial que tiene la enfermería familiar y comunitaria, un colectivo que lleva años en la sombra y con plantillas reducidas que rara vez están cubiertas al cien por ciento, pero que lo ha dado todo en estos meses de pandemia. Hemos sido referentes covid para centros educativos, interventores en centros sociosanitarios, hemos sacado adelante una campaña de vacunación que parecía imposible... todo ello sin olvidar nuestras consultas y a nuestros pacientes”.

Acceso principal al centro de salud de Villalegre y La Luz. Ricardo Solís

Otras especialidades de los centros de salud, como los fisioterapeutas, registran problemáticas similares: “La situación actual no ha hecho más que acentuar problemas que ya existen desde hace años. La escasez de profesionales y recursos, frente a las necesidades reales de la población, se traduce en listas de espera largas que no consiguen dar respuesta a una demanda en constante crecimiento. Esa ya era nuestra realidad antes de la pandemia”, señala Laura García, fisioterapeuta con 28 de trabajo en el área sanitaria V (Gijón).

Según el relato de algunos médicos y enfermeras, lo que se necesita para acometer las reformas que la Atención Primaria precisa es, por un lado, que “de verdad se crea aquello de que es la puerta de entrada al sistema sanitario”, y, por otro, “que se rompa la gran inercia hacia el alivio de la enfermedad para intentar llegar lo menos posible a ella o, por lo menos, en las mejores condiciones”. Asimismo, apuntan como necesidades “atraer personal convocando ofertas públicas de empleo (OPE) y ofertando buenas condiciones laborales”, y que la Administración sanitaria instaure “una comunicación fluida con los profesionales”.

Según la avilesina Patricia Agüera, “se necesita redistribuir el trabajo, formando correctamente a administrativos que pueden ayudar a desburocratizar la consulta; con todo ello, podríamos volver a realizar una medicina de calidad y humana, como a todos nos gusta”.

¿Otras terapias para aplicar a este enfermo grave llamado Atención Primaria? “Es necesario reorganizar los equipos de Atención Primaria y los roles de cada perfil profesional”, propone Antonio Fernández Fernández, médico de familia del centro de salud Puerta la Villa (Gijón) y presidente en Asturias de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen). El doctor Fernández plantea tres “tratamientos” adicionales. El primero, “reforzar la orientación comunitaria, la promoción de la salud y la prevención”. El segundo, “fomentar la calidad asistencial y la práctica basada en evidencia científica”. Y el tercero, “actualizar la cartera de servicios de Atención Primaria, aumentando su capacidad de resolución”.

El debate sobre la red de Atención Primaria, que lleva tiempo sobre la mesa, gana intensidad de manera paulatina. Tres son los colectivos protagonistas: profesionales sanitarios, políticos y ciudadanos. En los próximos meses se verá si entre ellos emergen el diálogo constructivo y los consensos o si, por el contrario, el tsunami consigue arrastrar lo que aún permanece en pie.

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