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Sosa ve en Asturias un modelo de “seriedad” en un Estado autonómico “desequilibrado”

El jurista, coordinador del libro del aniversario del Estatuto, afirma que la región “nunca ha dado la nota” y la invita a huir de “debates artificiales”

Francisco Sosa Wagner saluda a Marcelino Marcos Líndez ante Adrián Barbón. | N. V.

A Francisco Sosa Wagner, catedrático de Derecho Administrativo, “padre” del Estatuto del Principado y coordinador del libro colectivo editado por el cuadragésimo aniversario de la norma básica asturiana –“Asturias: 40 años”–, le gustaría “trasladar una visión optimista” al diagnosticar el Estado de las Autonomías, pero no va a poder. “Ni optimista ni bienhumorada”. En la presentación en la Junta del volumen que retrata a muchas manos la evolución de la región desde la aprobación de su Estatuto, Sosa lamentó que el sistema que se alumbró en la Transición haya llegado hasta aquí “absolutamente desequilibrado por la acción desleal de dos comunidades, Cataluña y el País Vasco”, y su “constante presión sobre los gobiernos de España para llenarse de competencias y privilegios”.

La “finura” que requiere la gestión de estados democráticos descentralizados “se ha perdido” en España, apunta, y ha conducido al sistema autonómico a “una situación muy frágil, muy delicada”, en la que sin embargo Asturias ha sido siempre, por contraste, “una región modélica, que nunca ha dado la nota en el contexto nacional y se ha dedicado a lo que debe, a gestionar de la mejor manera posible las competencias que tiene”, más a “las cosas de comer” que a la política.

“En este libro hay poca política y muchas cosas de comer”, resaltó el jurista, al que le gustaría que Asturias, “siguiera en ese camino que la ha hecho ser “admirada en el resto de España, lejos de alimentar debates artificiales, y supiera afrontar la situación endeble del Estado de las Autonomías inyectándole seriedad”, o en los términos prestados por el Evangelio de San Mateo “la astucia de las serpientes y el sosiego de las palomas”. Sosa, que también formó parte en los primeros ochenta de la comisión de expertos para la interpretación del desarrollo autonómico previsto en el título VIII de la Constitución, había dejado en su intervención un elogio al entendimiento entre opositores políticos y una encendida defensa de las “instituciones que escuchan a las personas que piensan en la sociedad. El político que no las escucha”, remarcó, “está perdido para la racionalidad y entregado al tuit, y por tanto, a la estupidez”.

A partir del elogio de “Asturias: 40 años”, que a su juicio ya es “el auténtico manual de Asturias”, el presidente del Principado tomó el testigo para aportar a la presentación una reivindicación de la Constitución y otra de la identidad “muy potente, pero a la vez muy sana”, con la que Asturias se ha conducido en estos cuarenta años de desarrollo autonómico. Adrián Barbón presentó el Estado de las Autonomías como “una historia de éxito” a la que, “pese a sus disfunciones”, y cabe atribuir por ejemplo que Asturias tenga 213 consultorios y centros de salud donde había cincuenta o que mantenga escuelas rurales con cuatro alumnos.

Falta de coordinación

El presidente del Principado puso en el debe del proceso la falta de “coordinación y federalización de determinados órganos importantísimos” que ha puesto de manifiesto la pandemia, citando una vez más el Consejo Interterritorial de Salud o la ausencia de una agencia sanitaria nacional, y habló en este punto, también, de la reforma del sistema de financiación autonómica, “el gran campo de batalla de las comunidades”. Repitió que ahí el arma de Asturias va a ser una postura “razonable” que persigue que “el ciudadano tenga acceso a los mismos servicios y de la misma calidad con independencia del lugar donde resida. Y eso no se consigue”, remató, con un “simple” reparto por habitante.

No terminó sin reivindicar la necesidad de “escuchar mejor al adversario político, que no enemigo, y lo que sí se hizo en los años ochenta, la búsqueda de puntos de encuentro. Esa es una de las grandes necesidades que tenemos en la política española y asturiana”.

En su turno, el presidente de la Junta General del Principado, Marcelino Marcos Líndez, había querido subrayar también el “consenso, del pacto político” que dio a luz el Estatuto de Autonomía y había puesto su confianza en que este cuadragésimo aniversario “sea el punto de inflexión para hacer resaltar el valor del acuerdo que nos unió en 1981”. A su juicio, el Estatuto de Autonomía es “el único instrumento prometedor del que dispone Asturias no sólo para profundizar en su autogobierno, también para desde él afrontar los nuevos retos y algún que otro viejo desafío”. Citó tres ejemplos, “integrarnos en la globalización sin perder nuestras raíces, afrontar el populismo desde la democracia constitucional y alcanzar una economía dinámica y competitiva”. Como corolario colindante con la actualidad, desembocó en una última apelación: “Si para ello es necesaria alguna reforma, bienvenida sea”.

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