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El estigma (no reconocido) que se llevó a la tumba el gijonés José Álvarez

El asturiano falleció a los 60 años esperando a que el Estado compensase a las víctimas de la talidomida como él

José Álvarez Díaz, en una de sus últimas fotos, cedida por su familia.

El gijonés José Álvarez Díaz falleció con un pesar en el pecho: que no se le reconociese de algún modo el sufrimiento que marcó toda su vida a causa de la talidomida, un fármaco comercializado entre los años 1957 y 1963 como calmante de las náuseas del embarazo y que terminó causando malformaciones en los recién nacidos. La Asociación de Víctimas de la Talidomida de España (Avite) denunció ayer el fallecimiento de Álvarez Díaz, que se produjo el pasado 11 de junio, como un ejemplo más de los integrantes del colectivo que fallecen “sin recibir una indemnización en los últimos años, ya que el Real Decreto de ayudas a la talidomida aún no se ha publicado”, indicó el colectivo.

María del Carmen Suárez Méndez, viuda de José Álvarez Díaz, recuerda cómo las malformaciones en las manos marcaron la vida de quien fue su pareja durante 36 años. “Tenía malformaciones en las manos y un pie, pero se fue adaptando; la talidomida causa también problemas de corazón y pulmón”, explica María del Carmen Suárez. Tal fue el impacto que las consecuencias del uso del medicamento por su madre durante la gestación que José Álvarez Díaz no pudo ingresar en la Laboral de Gijón, siendo joven, pese a sus buenas notas. “En aquel tiempo las malformaciones se consignaban bajo el epígrafe de ‘subnormal’m no existía el concepto de ‘discapacitado’”, señala la viuda. Aquel hecho impidió a José Álvarez Díaz estudiar donde deseaba, aunque poco después logró obtener la titulación de instalador eléctrico, que le permitió trabajar buena parte de su vida en una empresa radicada en Pola de Siero.

Un cáncer de pulmón acabó con la vida de este gijonés de 61 años, quien en el último tramo de su vida se sentía “bastante desmoralizado por el hecho de que no se hubiesen reconocido los efectos que la talidomida había tenido en su vida. “Luchaba por ello y al final no se consiguió”, afirma María del Carmen Suárez, que contrajo matrimonio con José Álvarez Díaz en 1985; al año siguiente tuvieron a su único hijo, David Álvarez Suárez.

José Álvarez tuvo una vida marcada por la lucha para salir adelante. Natural de un pueblo de Lugo próximo a la frontera con Asturias, José Álvarez se trasladó con su familia a Gijón tras la muerte de su padre, cuando contaba solo 7 años. Pero poco después, cuando contaba 15 años, vivió la pérdida de su madre. Fueron sus hermanas mayores, Remedios, Oliva, Josefina, Conchita, Celia y María (ya fallecida), las que contribuyeron a sacarle adelante.

“Nuestro compañero asturiano José Álvarez se nos ha ido, y ya van unos cuántos... y pronto perderemos la cuenta... Otro fallecido más de AVITE que se nos va sin ver reconocidos sus derechos como talidomídico”, lamentó ayer la asociación de víctitmas de la talidomida.

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