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El “shock” social de la pandemia: más casos de exclusión severa, pero mejora la integración

El informe Foessa constata la desventaja que sufren las familias monoparentales de mujeres y la penalización que supone tener hijos

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La pandemia trae más casos de exclusión severa, pero mejora la integración Fernando Rodríguez

La pandemia ha supuesto un “shock sin precedentes” en la cohesión social del Principado. La desigualdad crece en Asturias y las situaciones de exclusión severa alcanzan ya a 88.000 asturianos, según el informe Foessa, con la colaboración de Cáritas Diocesana y la Facultad Padre Ossó. El estudio constata que, aunque en Asturias existe una tasa elevada de integración social, aumenta la exclusión severa. En total, 161.000 asturianos (15,9% de la población) pueden considerarse en exclusión, lo que representa algo más de uno de cada seis habitantes.

La idea de exclusión social es diferente a la de pobreza, aunque tiene que ver con la falta de recursos económicos y considera también problemas sociales como la soledad o la conflictividad. La situación de la población asturiana es mejor que la media nacional. Así, un 84,1% de los asturianos están socialmente integrados, frente al 76.6% de la meda del país. Incluso se ha reducido el porcentaje de personas en situación de exclusión, pasando del 18,4% del año 2018 al 15,9% del pasado año. Es decir, en términos generales el paraguas social ha funcionado en Asturias durante la pandemia, pero no de forma equitativa: aumenta el número de personas en situación severa, al pasar de 75.000 a 88.000, lo que supone un incremento del 17%. Aunque las políticas sociales públicas funcionan para los colectivos con más capacidad de integración, siguen resultando poco efectivas en las situaciones extremas.

La profundización de esta brecha de desigualdad es una muestra del efecto de la crisis por la pandemia, que ha golpeado especialmente a los más desfavorecidos. Así, han empeorado las condiciones de trabajo (25.000 familias asturianas dependen de una persona con inestabilidad laboral), ha aumentado la cronificación de las situaciones de desempleo y ha aumentado el número de familias en las que todas las personas activas están en paro.

Pero no solo en el empleo se percibe el efecto de la pandemia: los gastos de las viviendas han subido para las familia y alrededor de 20.000 de ellas viven en hogares inseguros o inadecuados.La situación es peor en aquellos hogares en los que el principal sustentador es una mujer, ya que las viviendas tienen más problemas asociados (humedades, mala accesibilidad o están en barrios conflictivos). La falta de recursos también ha hecho que 36.000 hogares hayan dejado de comprar medicinas o prótesis.

Tener hijos, un problema

En una región con un problema demográfico derivado de la falta de nacimientos, el informe Foessa señala que los hijos son paradójicamente un problema. “En Asturias está penalizado el hecho de tener hijos”, señala el estudio. La presencia de menores se relaciona con la prevalencia de las situaciones de exclusión. Mientras que estas se producen en un 13% de hogares sin niños, se eleva al 17% en los casos en los que hay menores, sube al 27% en las familias numerosas y afecta al 40% de los hogares monoparentales en los que es una mujer quien está al frente. Así, la brecha de género persiste. Otro factor de exclusión es el origen: el 52% de los hogares encabezados por una persona de origen extranjero se encuentran en situación de exclusión, cuatro veces más que aquellos de personas de nacionalidad española.

Rompiendo un mito

El informe Foessa, que ha encuestado a 7.000 hogares asturianos, desmonta el mito de que las familias vulnerables actúen con pasividad para salir de su situación. En ocho de cada 10 hogares existe activación para encontrar trabajo, estudiar o participar en programas de servicios sociales o entidades del tercer sector.

La presentación del informe contó con la presencia de José Antonio Prieto Saborit, decano de la Facultad Padre Ossó; Aurora García García, directora de Cáritas Diocesana; Tomás Ubrich, del Equipo de Estudios de Cáritas y Foessa, y Pilar Díaz Cano, responsable del servicio de Análisis de Cáritas.

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