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Víctor Madera, el rescatador del patrimonio en ruinas

El médico y empresario asturiano, impulsor del hospital que Quirón promueve en Gijón, suma a su gran lista de palacios y casonas históricas salvados del abandono un edificio protegido en la “milla de oro” de Madrid

Víctor Madera, en el Club de Regatas de Gijón, en una imagen de archivo. MARCOS LEÓN

Palacios, castillos, casonas de indianos, edificios históricos y señoriales, grandes fincas… Víctor Madera Núñez, impulsor ahora de un gran hospital privado en Gijón, es propietario de una larguísima lista de joyas arquitectónicas repartidas por toda España, que ha ido adquiriendo en los últimos años. Su afición y empeño consiste en comprar enclaves emblemáticos, rescatarlos del olvido y abandono, rehabilitarlos y darles un uso que asegure su pervivencia. Asturiano de Cartavio (Coaña), residente en Londres, con chalé en La Moraleja de Madrid, casa de verano en Castropol y la mejor finca de caza de Extremadura, este coleccionista y rehabilitador de palacios de 60 años, que tiene entre ceja y ceja salvar un patrimonio que requiere de mano inversora, es médico de profesión e hizo fortuna gracias a su pericia como gestor en el sector de la sanidad privada y en el complejo mundo de las operaciones corporativas.

Administrador único de Paisajes de Asturias, titular de buena parte de sus adquisiciones, solo la lista de sus propiedades en el Principado deja a las claras su tenaz papel como mecenas del patrimonio arquitectónico en el olvido: palacio de Villa Excelsior en Luarca, palacios del Marqués de Santa Cruz, Valedor y Trenor y Torres de Donlebún en Castropol; palacios del Cercáu y Duque de Estrada y finca del monasterio de San Antolín de Bedón en Llanes; bar Cuatro Vientos del Cabo de Peñas en Gozón; antigua sede de Banesto en la calle Marqués de Santa Cruz de Oviedo… “Otros compran barcos, yo patrimonio para rehabilitarlo”, manifestó a LA NUEVA ESPAÑA hace tres años, tras recibir el premio de la Fundación de Casas Históricas y Singulares de España por su empeño “quijotesco” en rescatar edificios de interés cultural abandonados, que restaura junto a varios socios entre los que figura su esposa, María Obdulia Fernández, apasionada del arte como él y con la que tiene cuatro hijas.

Su afán por ejercer de mecenas del patrimonio en riesgo es tal que muchas veces ni siquiera mercantiliza los bienes rehabilitados, en los que invierte altas sumas de dinero para restaurarlos protegiendo todos sus encantos e historia sin escatimar en trabajos y materiales de la más alta calidad. Así ha ocurrido con muchos de los palacios y bienes adquiridos en Asturias, a los que Madera les ha dado vida fuera de todo interés económico.

No hay operación inmobiliaria de envergadura en torno a edificios históricos en la región con la que no se le relacione, como ocurrió con la venta del palacio de Celles, en Siero. Su última adquisición conocida se ubica en la “milla de oro” de Madrid. Es un emblemático edificio construido en 1900, en la plaza de la Independencia, frente a la puerta de Alcalá, sobre un solar de 565 metros cuadrados, con cinco plantas y 4.180 metros cuadrados construidos. Víctor Madera planea reconstruirlo para que albergue pisos de lujo, tres plantas de aparcamiento bajo rasante y una piscina en la azotea con privilegiadas vistas al parque del Retiro. La obra, que respetará la fachada, ya tiene el visto bueno de la Comisión de Patrimonio del Ayuntamiento de Madrid, y únicamente está a la espera de que la Junta del distrito de Salamanca le dé un último permiso para la ocupación subterránea del suelo.

A través de Paisajes de Asturias, Víctor Madera adquirió el edificio en 2017, por 25,57 millones de euros, a la aseguradora Catalana Occidente. La fachada, cuyos 14.000 ladrillos aplantillados y de tejar deberán permanecer intactos en cumplimiento de la normativa urbanística, luce una placa en recuerdo del expresidente del Gobierno Eduardo Dato, asesinado frente al inmueble hace 101 años. Con lo que, además, el lugar tiene especial interés histórico.

Su labor rehabilitadora llega a más territorios. Personas conocedoras del sector inmobiliario balear aseguran que es propietario del 1,5 por ciento de la isla Menorca. A través de otra de sus empresas, Encantos de Menorca, posee la finca de Santa Anna de Ciutadella para darle un uso de agroturismo, la Torre Bajolí (fortaleza del siglo XVII), y complejos de edificaciones tradicionales agrícolas como Tirant Vell, Son Ermità, Binidelfà o el lloc (masía) de Son Vell. Su primera adquisición en la vecina isla de Mallorca ocurrió hace cuatro años, cuando desembolsó 10 millones de euros por el casal Can Oleza, inmueble gótico reformado durante los siglos XVI y XVII catalogado como monumento histórico artístico nacional y bien de interés cultural (BIC) y que entonces presentaba un deficiente estado de conservación. Madera lo ha rehabilitado.

Entre las “joyas” de Madera figura la mayor finca de caza de Extremadura, de nombre “Valero”, de 4.350 hectáreas (la tercera parte en el parque nacional de Monfragüe), en la que han cazado el rey emérito don Juan Carlos o las hermanas Koplowitz, y en la que veraneó hace treinta años Diana de Gales. El empresario, a través de otra de sus empresas, Condominio Once de Noviembre S.XXI, adquirió “Valero” en 2019 a Fernando Falcó y Fernández de Córdoba, Marqués de Cubas, por una cantidad nunca desvelada. También en Extremadura adquirió hace un par de años un castillo, el de Azagala, construido a mediados del siglo XIII cerca de Alburquerque en mampostería y sillarejo y que está en fase de rehabilitación. Hasta allí también se ha extendido su mecenazgo.

Víctor Madera aparece en la lista “Forbes” de las 100 mayores fortunas de España, en la que se le atribuye un patrimonio de 560 millones. Comenzó en la gestión sanitaria dirigiendo una pequeña clínica de la Cruz Roja en Asturias, atesoró buena parte de su fortuna en acciones del gigante sanitario alemán Fresenius cuando este adquirió su empresa Quironsalud, de cuyo grupo médico, el más importante del país, sigue al frente como presidente no ejecutivo, y desde la que promueve la construcción de un nuevo hospital privado en Gijón con siete quirófanos, un centenar de habitaciones y una inversión que superará los 50 millones. También preside una de las corporaciones de servicios sanitarios más potentes de España, Idcsalud, que gestiona la Fundación Jiménez Díaz y los hospitales Rey Juan Carlos y Puerta de Hierro, los tres en Madrid, o el barcelonés Hospital General de Catalunya.

Su trayectoria en el campo de la salud y los negocios le ha permitido realizarse como mecenas del patrimonio histórico. Su rastro de propiedades por el país es enorme. Entre ellas, el palacio Torres de los Morenos, en Ribadeo (Lugo), una casa de campo en Fresnedillas de la Oliva (Madrid), tres apartamentos en la calle Valenzuela (entre la madrileña calle de Alcalá y el Retiro)… Suma y sigue, merced a su afán por rescatar joyas arquitectónicas que están en peligro a lo largo y ancho del país. Es la historia de un hombre de éxito que decidió dedicar su dinero a salvar de la ruina joyas que son patrimonio histórico nacional, un tesoro para ser admirado por todos los españoles.

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