Desde que fuese declarado especie protegida en peligro de extinción, hace casi 50 años, la población osera de la Cordillera Cantábrica se ha multiplicado por seis. Según los expertos, actualmente hay unos 300 ejemplares en los montes del sistema montañoso. La irrupción del plantígrado ha supuesto un motor económico para las zonas oseras, con un notable "boom" de turismo relacionado con la observación del animal. También una incipiente preocupación entre los habitantes, ante la recurrencia con la que empiezan a registrarse ataques del oso a ganado y avistamientos en zonas pobladas. Empresarios del sector turístico, ganaderos y naturalistas piden "más regulación" a la administración para evitar que el éxito del oso pardo acabe en peligro de extinción.

Los empresarios del sector turístico piden una regulación en profundidad de las actividades relacionadas con la observación de osos. Temen que el auge actual acabe derivando en una masificación peligrosa tanto para la recuperación del oso pardo y su hábitat como para la industria que ha generado en las zonas oseras del Principado.

Además, ganaderos y conservacionistas piden a la administración mayor celeridad en el abono de las compensaciones de daño por el animal, algo que, denuncian, no se está haciendo. También un férreo control tras los numerosos avistamientos de plantígrados en zonas pobladas. Actualmente existe una normativa regional que establece cómo actuar con aquellos osos que tienen tendencia a frecuenta pueblos, que incluye, entre otras medidas, la disuasión con pelotas de goma o petardos, a fin de ahuyentarlos, su radiomarcaje y, en el último de los casos, si se tratase de ejemplares agresivos que supusiesen un problema para los humanos, la eutanasia.