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Balance de la labor del Ejecutivo de Adrián Barbón

El balance de la legislatura del virus y la guerra en Asturias: signos de cambio que no se acaban de imponer

Las graves crisis de estos años trastocaron el esquema de legislatura del Gobierno regional: aunque los datos del empleo son positivos y crece el número de trabajadores en la región, aún siguen candentes los problemas de la Asturias de 2019, muchos sin estrategias claras de solución

El Gobierno cierra ya su tercer año de una legislatura en la que irrumpieron dos acontecimientos externos e inesperados: la pandemia y las consecuencias económicas de la guerra en Ucrania. Y aunque el Ejecutivo de Barbón ha sorteado bien la crisis sanitaria y ha sacado adelante algunos de los objetivos que se marcó en 2019, los grandes problemas de Asturias se mantienen, aún sin salidas claras. El guion de la legislatura no ha estado exento de sobresaltos, y el Ejecutivo ha gobernado con comodidad, logrando alianzas parlamentarias, aunque sin establecer el clima de amplio consenso que el Presidente soñaba en sus inicios. Justamente ese consenso que necesitan los problemas que, al margen de las diferentes escenas inesperadas en el metraje, estaban claramente marcados en el comienzo de la película. El Principado afronta el último tramo aún confiando en que la caballería de los fondos europeos llegue, salvífica, al rescate. Al menos eso es lo que interpretan los expertos consultados por LA NUEVA ESPAÑA. Con una estructura que encaja a la perfección con el paradigma del guion hollywoodiense, el Gobierno ha sufrido hitos que han ido dificultando la consecución de sus objetivos

Primera escena.

Interior. Día. Pleno de la Junta General del Principado de Asturias. Es el 11 de julio de 2019. Adrián Barbón, en la tribuna de oradores, pronuncia su discurso de investidura antes de una votación que le aupará (en segunda vuelta) a la presidencia del Principado. “Son tales, de tanta envergadura, los cambios que nos aguardan que el etiquetado político clásico, tan útil y descriptivo, queda escaso”, dice ante los diputados. Llama a superar las distancias entre izquierda y derecha y a poner fin a la distinción entre vieja y nueva política. “En realidad, creo que la brecha más decisiva, la mayor lejanía, está entre pasado y porvenir. Entre quienes se complacen en el relato de la decadencia y quienes ambicionan la mejor Asturias. Entre el miedo al cambio y la ilusión de liderarlo”, proclama. No había música de fondo, pero casi podría intuirse la épica. La Asturias que Barbón tenía por delante exigía alinearse “entre quienes piensan que solo cabe resistir y entre quienes nos proponemos estar a la vanguardia”. “La gran mayoría, estoy seguro, alzamos la vista hacia el horizonte”, dice casi para concluir. Nada se intuía entonces acerca de la llegada de una pandemia global, ni de una guerra que sacudiría económicamente a Europa en pleno proceso de cambio de paradigma energético. Pero así son los guiones trepidantes: siempre esconden ases en la manga.

Cinco prioridades para cuatro años.

“Señorías, las cinco prioridades que les propongo son…”, empezaba Barbón en la escena de apertura de esta historia. Fueron estas: Creación de empleo de calidad; impulsar una industria competitiva, con la ciencia como gran aliada; reforzar los servicios públicos y consolidar su calidad; seguir en primera línea de la defensa de la igualdad y el reconocimiento de la diversidad, y, finalmente, afrontar el reto demográfico”. Esos fueron los propósitos establecidos:

Efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) desinfectando el Hospital Central (HUCA) en marzo de 2020 | MIKI LÓPEZ Vicente Montes

Pandemia: primer punto de giro.

Tras el planteamiento, llega el primer nudo de la trama: un acontecimiento que trastoca los objetivos. Casi con matemática precisión narrativa, la pandemia irrumpió a punto de completarse el primer año de mandato, iniciada la exposición de los problemas y retos pendientes. A veces, ese giro es tan intenso que termina por hacer olvidar el inicio de la trama. “Psicosis (1960)”, de Alfred Hitchcock es un buen ejemplo de filme en el que el primer punto de giro trastoca totalmente la historia. La película, recuerden, iba sobre el robo que Janet Leigh realizaba en su empresa, pero finalmente Anthony Perkins acabó captando toda la atención.

Súbitamente, la crisis sanitaria suspendió cualquier objetivo, y en la gestión de la pandemia el Gobierno regional encontró un elemento de discurso de éxito. “Cuando llegué no había manual sobre esto”, ha repetido al respecto en varias ocasiones el Presidente.

Durante largos meses, el coronavirus se convirtió en el único argumento. La administración de los objetivos del gobierno permaneció al ralentí, volcada en la gestión sanitaria, las necesidades educativas extraordinarias y la implementación de ayudas para los sectores en crisis. La factura en dos años rondó los 550 millones de euros.

La grave crisis mundial generada por la pandemia motivó que la Unión Europea estableciese mecanismos de recuperación. Frente a la austeridad de anteriores situaciones, Bruselas optó por un gran fondo que reactivase la economía. Este dinero se convirtió en el nuevo “McGuffin” (elemento de suspense que hace avanzar la trama) de la legislatura. El reparto de los fondos y su asignación fue, en el ecuador del mandato, el asunto fundamental y también una esperanza en la que el gobierno central y los autonómicos depositaban el balance final de éxito.

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski PRESIDENCIA DE UCRANIA/ZUMA PRESS/DPA

Guerra: segundo punto de giro.

La invasión rusa en Ucrania, las consecuencias económicas inmediatas (aumentando los costes de ciertas materias primas y la energía) y la subida de la inflación, supusieron otro inesperado golpe en la legislatura, cuyas consecuencias aún se gestionan en este último año. Esta situación elevó la presión sobre las empresas y la industria, reavivó el debate sobre los ritmos de la descarbonización y disminuyó la capacidad de gasto de las familias. Así como la pandemia puso el foco sobre los servicios públicos y su financiación, la guerra ha dirigido las miradas a la economía, convirtiéndola en el elemento central de la batalla política entre izquierda y derecha.

El corazón de una historia es el conflicto. El secreto de una narración está en los obstáculos que impiden al protagonista alcanzar su meta. ¿Logrará Barbón sacar a Asturias de ese “relato de la decadencia” para colocarla en un horizonte de prosperidad e ilusión? Asentaba el Presidente ya entonces algunas palabras que han salpicado sus discursos estos años: autoestima, audacia, tenacidad. Con tres años de legislatura, el Gobierno regional afronta un último tramo para el que ha dejado gran parte de las apuestas.

Un balance en trazo grueso.

Esta es la situación de algunos de los grandes objetivos marcados al inicio de la legislatura.

Reducir el paro. En números, el empleo en Asturias está hoy mejor que en 2019, pandemia y crisis por medio. La EPA del primer trimestre de 2019 fijaba la tasa de paro en un 15,03% y la correspondiente al mismo periodo de 2022 la sitúa en el 11,97%. En cuanto al paro femenino, ha descendido del 16,15% al 14,52%, si bien este descenso es proporcionalmente inferior al del paro masculino, que bajó del 13,97% al 9,65%. La tasa de actividad no ha mejorado de forma significativa, según la EPA, y ha descendido incluso en el empleo femenino. No obstante, comparando las cifras de abril de 2019 y 2022, el número de afiliaciones en la seguridad social aumentó, pasando de 364.436 personas a 371.130.

Apuesta por la innovación. Fue uno de sus ejes básicos: elevar la inversión en I+D+i, hasta alcanzar el 2% del PIB “en próximas legislaturas”. Aunque es cierto que el Gobierno sí ha cumplido en la aprobación de una ley de Ciencia y en poner en marcha las llamadas “misiones científicas”, lo cierto es que Asturias (al menos hasta donde hay datos) sigue estando entre las comunidades que menor inversión destinan a innovación.

El impulso a la industria. Seguramente esta sea una de las cuestiones medulares de esta legislatura. La industria asturiana afrontaba con incertidumbres el futuro en 2019, ante los retos de una acelerada descarbonización que impulsaba el Gobierno central. La pandemia propició el lanzamiento de fondos europeos destinados a transformar el escenario energético, que han servido para vincular a ellos, por ejemplo, la transformación verde de Arcelor, corazón industrial del Principado. Aunque esa gran inversión aún está sobre el papel, el Gobierno considera que salva gran parte del propósito industrial de la legislatura. Pero, con todo, la política industrial del Principado ha tenido sus sombras, incluida la reprobación en la Junta del consejero Enrique Fernández. Asturias todavía no ha conseguido las máximas compensaciones por los derechos de emisión que exigía Barbón en su primer discurso, y puede que ese tren empiece a pasar de largo toda vez que la Unión Europea tenderá a menguar esos fondos. La crisis energética derivada de la guerra de Ucrania ha vuelto a sacudir la competitividad industrial y ha puesto en escena las consecuencias de haber prescindido quizás demasiado pronto de las centrales térmicas. La subida de costes ha terminado incluso por poner la puntilla a la factoría de Danone. El Ejecutivo tampoco ha logrado resolver satisfactoriamente la situación derivada de la venta de Alcoa. Todo está, a la postre, fiado a los fondos europeos, a la lluvia de millones para impulsar Asturias en la apuesta por el hidrógeno.

Las manifestaciones de los ganaderos en Oviedo ante la sede de Presidencia del Principado, en diciembre del año pasado | IRMA COLLÍN

El refuerzo de los servicios públicos. La pandemia demostró la fortaleza de la sanidad asturiana, pero la resaca del virus dejó al descubierto sus debilidades, en especial en la red de atención primaria. Ese ha sido un ejemplo de necesidades sobrevenidas, ya que apenas se prestaba atención a ella en los programas de las anteriores elecciones. Sin embargo, una cuestión en la que el Gobierno puso el foco al comienzo del mandato fue en la necesidad de afrontar una reforma de la administración, consciente de sus ineficiencias. La aprobación de la ley está pendiente para lo que resta de la legislatura, pero estará lejos de obtener el consenso que requeriría una acción de tal envergadura. El gobierno se ha enfrentado a situaciones que han evidenciado los desajustes en el músculo de la administración, en especial en cuestiones relativas a la gestión ordinaria (en Medio Rural o Servicios Sociales).

Infraestructuras y conectividad. La Variante llegará a Asturias antes de que acabe la legislatura. Y aunque el Gobierno ya indicaba en 2019 el grave problema que atraviesa el servicio ferroviario de cercanías, la situación no ha mejorado, pese a las inversiones en materia de renovación de la red que ha llevado a cabo el Gobierno central. Los trenes de la antigua Feve siguen siendo el principal problema de movilidad en Asturias, y el resto de las grandes acciones ferroviarias siguen su ritmo, aún sin plazos claros. En lo que sí ha habido avances es en las prometidas bonificaciones por el peaje del Huerna, si bien al sector del transporte, cuyos problemas se incrementaron por otras cuestiones, saben a poco.

La legislatura en la que seremos menos de un millón. El problema demográfico de Asturias fue diagnosticado ya como una prioridad en 2019, pero no es hasta ahora cuando el Gobierno se ha puesto a redactar un proyecto de ley sobre esta materia que llegará por los pelos al debate parlamentario. Aunque el Principado creó la figura del Comisionado para el Reto Demográfico, su labor ha sido cuestionada por el resto de partidos, al considerar que en estos tres años no se ha avanzado en soluciones o propuestas, más allá de las rebajas fiscales establecidas en los diferentes presupuestos y gracias a las negociaciones con el resto de partidos.

• El campo en llamas. La suma de crisis derivadas por la pandemia y la guerra de Ucrania y la escalada de los costes han puesto en jaque al campo asturiano, que llegó a movilizarse en varias ocasiones. Los problemas en las infraestructuras en el Occidente y el conflicto con el lobo han arrojado más leña al fuego. En 2019, Barbón se comprometía a “la aplicación exhaustiva del Plan de Gestión del Lobo, incluida la eliminación de ejemplares, así como en la agilización del pago de los daños”. Pero lo cierto es que el Gobierno central ha incorporado al lobo en el catálogo de especies protegidas y el conflicto está lejos de resolverse. Es en este clima en el que nacen movimientos como el de la plataforma que impulsan colectivos del Occidente para concurrir a las próximas elecciones autonómicas.

• La Llingua se enreda. Uno de los objetivos de legislatura que debían ser más emblemáticos y finalmente terminaron enredados fue el de la oficialidad del asturiano. La “oficialidad amable” terminó encallando, al disiparse el respaldo parlamentario necesario por las tensiones en la negociación y el debate social que se abrió de inmediato.

Los fondos europeos, la caballería del último acto.

El tercer acto encierra la resolución de la historia y la lectura de éxito o fracaso para su protagonista. Suele ser un periodo corto y trepidante. A una Asturias acosada por frentes añadidos que ponen en jaque su futuro, aún le queda la esperanza de la caballería que venga en el rescate en el último momento. El gobierno todavía confía en escuchar el sonido de trompeta del toque de carga de los fondos europeos. “La región sigue teniendo los indicadores negativos que nos han acompañado las últimas décadas: envejecimiento, pérdida de dinamismo económico y social…”, señala Fernando Rubiera Morollón, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo. Pero también apunta que “hay que prestar atención a otros indicadores esperanzadores, como la capacidad para formar personal altamente cualificado o tejido científico e innovador competitivo”. Para el catedrático, “la convivencia de indicadores negativos con otros muy positivos muestra que podemos estar en un punto de inflexión”. Por eso considera que “el uso que se dé a los fondos europeos es clave para que la inflexión sea hacia el lado positivo; si se emplean en dinamizar nuestra capacidad científica e innovadora pueden tener un efecto muy positivo”. Para Rubiera, hay luces y sombras y el último factor que incline la balanza serán los fondos de recuperación.

Sin indicios optimistas por el momento.

No obstante, con el fundido a negro de la legislatura en el horizonte, José Alba, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo, ve pocos indicios para el optimismo. Reconoce que “es cierto que ha habido una pandemia”, pero echa de menos “la decisión de apostar claramente por cosas nuevas, pese al gran poder que se ha dado a una consejería que lleva ese nombre, en detrimento de otras”. Y aunque cree que “las palabras importan” se necesita “un marco lógico para abordar retos importantes, y decisión, mucha decisión”. Alba considera que “ha faltado valentía para plantear temas al margen de quienes ya pudieron actuar y no supieron hacerlo”.

Como anécdota para señalar que “cuando no se llena un espacio es muy probable que otros lo ocupen”, refiere que estos días se han desarrollado “unas jornadas autodenominadas académicas interpretando Covadonga y Pelayo en claves expropiatorias”.

Alba reconoce que “gobernar es difícil”, pero “es preciso plantear estrategias más allá de un día a día que nos aboca al jibarismo”. Asturias saca un aprobado por los pelos, pero no progresa adecuadamente. “Cuadramos las cuentas, pero no avanzamos lo suficiente para propiciar un desarrollo sostenible que no sea un ajuste muy a la baja”, destaca. Frente al paradigma de una Asturias que “recibe fondos”, Alba establece que “Asturias no promueve actividad y aprovecha desarrollos externos, contribuyendo a ellos con un capital humano que nos cuesta formar”.

Como reflexión final, el profesor admite que “casi todos los presidentes tuvieron ciertos grandes objetivos” y “alguno cuajó, como el turismo que era marginal en Asturias hace cuarenta años”. Sin embargo, otros torpedearon la estabilidad política y económica de la comunidad en épocas críticas”. “Está por ver algo que mueva al optimismo entre lo que tenía que asomar tras tres años de gobierno”, concluye.

Un anciano paseando por el parque de Ferrera, en una imagen de archivo. MARA VILLAMUZA

Retos sobrevenidos y políticas pendientes.

Joaquín Lorences, catedrático emérito de Fundamentos del Análisis Económico en Universidad de Oviedo, no quiere abonar el desánimo: “Para Asturias la actual legislatura está siendo una experiencia que debe contribuir a reforzar la confianza en nuestras propias fuerzas”, señala. Considera relevante que se haya culminado el relevo generacional de los políticos asturianos, marcando “una nueva generación de políticos que será la encargada, desde el gobierno y la oposición, de perfilar el futuro de la región en un contexto político nacional e internacional muy diferentes al de las últimas décadas”.

Pero no lo han tenido fácil, han afrontado “pruebas de fuego sin experiencias previas en qué apoyarse, como una pandemia sanitaria en el momento en que se estaba trabajando duramente para superar la profunda y grave crisis financiera y sus consecuencias”, recalca Lorences. En su opinión “se ha sabido, tanto desde el gobierno del Estado como desde Asturias, responder con un grado de eficacia, tanto desde el punto de vista sanitario como el económico y social, mayor que en la media de nuestro entorno inmediato nacional e internacional”.

Con todo, el catedrático emérito cree que “quedan muchos retos de los que depende nuestro futuro, ante los cuales esta nueva generación de políticos parece, por el momento, menos afortunada”. Entre ellos resalta “reorientar nuestra economía hacia un mejor aprovechamiento del cambio tecnológico o elevar el nivel educativo de la población”. En estos aspectos “se han conseguido importantes avances, más que en ninguna región durante los últimos años, pero queda margen para mejorar”. Animar la natalidad y establecer una política migratoria que permita que Asturias se acerque lo más posible al medio millón de personas empleadas son clave para que el Principado tenga un futuro sólido estable, además de “conseguir un sistema de financiación regional más abierto y en el que la fuente de financiación pública sea semejante al de regiones como el País Vasco o Castilla y León”.

Asturias tiene pendiente lograr “la conectividad física de la economía regional para insertar a Asturias en las grandes redes de logística industrial y bienes intermedios, no solo los bienes de consumo como los que representa Amazon”. Integrar la Universidad en el sistema productivo es otra de las tareas necesarias.

Lorences ve con preocupación “el peso de los partidos independentistas en las decisiones estatales”, un ámbito donde percibe especialmente “la falta de fondo de esta nueva generación de políticos”. En las votaciones parlamentarias, el peso de los intereses territoriales “es fuente de tensiones que interfieren en el desarrollo de todas las grandes políticas y decisiones estatales que, obviamente, también afectan a Asturias”. Ese condicionamiento de los partidos pequeños “incentiva” además “el surgimiento de otros partidos de este tipo en otras comunidades”.

La manifestación a favor de la oficialidad del asturiano en mayo de este año. | IRMA COLLÍN

Un éxito y dos fracasos.

Xuan Xosé Sánchez Vicente resume en un éxito y dos importantes fracasos. “La gestión de la pandemia ha sido notable, pero hay dos cuestiones en las que llevan con promesas toda la legislatura y no hicieron nada: la reforma de la administración y la poda de leyes que impiden a la actividad económica crear empleo”. Sobre lo segundo, “se hizo una cosa mínima, relativa al Camino de Santiago” y en cuanto a la reforma administrativa “no se ha hecho nada aún”. Para Sánchez Vicente, el Gobierno “sigue pensando en la dependencia del Estado” y, con todo, en ocasiones el dinero se destina a “cosas un poco exóticas”. Pone como ejemplo que Asturias sea la única región de España en la que fondos Next Generation se dedican a “reconstrucciones de elementos de la Guerra Civil”, lo que le hace pensar que “hay permanentemente una tendencia a mirar hacia el pasado antes que al presente y al futuro”.

Afea al gobierno socialista un mal que también padecieron otros, “la sumisión al partido y a la administración central”. Porque, pese a algunas reclamaciones desoídas, pone como ejemplo el voto contrario de los parlamentarios socialistas asturianos a la salida del lobo del catálogo de especies protegidas, aunque el gobierno del Principado reconoce esa catalogación lesiva para la ganadería asturiana.

Con todo, Sánchez Vicente señala que el gobierno de Barbón “se mueve bien en la presencia pública y en el discurso para frenar a Vox”. Pero se trata de una política emocional. “Con cuestiones como el reto demográfico y el despoblamiento han puesto en marcha acciones que no van a ningún sitio; con ello llevan media legislatura, pero sobre lo que podrían hacer algo, como la situación del campo, contribuyen en realidad a expulsar a la población del medio rural”, asegura.

En el marco de ese “discurso emocional” sitúa Xuan Xosé Sánchez Vicente la fallida reforma estatutaria de la oficialidad”, de cuya sinceridad duda. O los actos de conmemoración del 25 de mayo, el nuevo “Día de la bandera” que impulsa el Gobierno regional.

Con todo, cree que debe reconocerse “el respeto y uso de las señas de identidad asturianas, así como el uso del asturiano por parte de Barbón y de la Consejera de Cultura, Berta Piñán, que contrasta con el feroz antiasturianismo de presidentes anteriores y del PSOE en general”. Eso sí, Sánchez Vicente lamenta el “discurso extemporáneo” del Partido Popular y Ciudadanos respecto a la oficialidad. “Está fuera de lugar”, insiste para recordar que él mismo, como diputado del Partíu Asturianista, tuvo “mucho entendimiento sobre esta cuestión” con Sergio Marqués, que accedió a la presidencia del Principado en las listas del Partido Popular.

Balance en desequilibrio.

La legislatura se mide por el equilibro de dos platillos, sostiene el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Oviedo Óscar Rodríguez Buznego. Aunque “ese balance es difícil, porque el mandato ha estado atravesado por dos eventos extraordinarios”, Rodríguez Buznego señala una de cal y otra de arena. Por un lado, destaca que ha habido “estabilidad política, un bien a valorar y tener en cuenta en los tiempos que corren”. La sociedad asturiana ha estado lejos de la polarización que se ha visto en otros ámbitos y el Gobierno ha podido desarrollar su programa, ejercer la iniciativa política o aprobar los presupuestos”. Además, considera que fue “correcta” la gestión de la pandemia, “en parte facilitada por el comportamiento general de los asturianos”.

Pero el otro platillo es, para el profesor asturiano, el que más pesa. Y tiene que ver con “experiencias fallidas, como la reforma del Estatuto; con problemas postergados y no resueltos y a los que no se ha hecho frente o se ha hecho demasiado tarde, y la pandemia no puede servir como excusa”. Rodríguez Buznego no ve que “en estos años se haya estado preparando el futuro, en relación a los problemas y desafíos de Asturias”. Y en este ámbito enmarca el problema demográfico. “Vamos tomando conciencia de él, y del problema económico que lleva parejo”, dice. Y aunque considera que “estar por encima o debajo del millón de habitantes no tiene una importancia decisiva, sí tiene relevancia simbólica”. “Ir bajando cotas nos hace ser conscientes de nuestro tamaño y del peso relativo en el conjunto del estado de las autonomías; afecta al número de senadores, por ejemplo, o a la fuerza con la que Asturias defiende su posición en la negociación de la financiación autonómica”.

Pero ante esos problemas, el Gobierno “ha invertido tiempo” en una fallida reforma del Estatuto, “que ha quedado en nada; en frustración para quienes tenían expectativas elevadas e inquietud entre los que no son partidarios de esa oficialidad, porque esperan que en el inmediato futuro vuelva a plantearse esa reforma”. Recuerda Buznego que “no se le ha prestado ninguna atención, por ejemplo, al área metropolitana, asunto estrella de la anterior legislatura”.

En definitiva, “el Gobierno debe marcar el rumbo de una sociedad hacia unos objetivos, despertando expectativas y coordinando los recursos hacia ese fin”, algo que “no se ha visto”, según el profesor, que califica lo que va de legislatura de “estable y átona”. A su juicio, pesa más esta parte “porque Asturias tiene problemas de gran envergadura, que son urgentes y que requieren una respuesta que no se demore indefinidamente”.

Un momento del último consejo de Gobierno.

El suspense del último acto.

¿Logrará el Gobierno regional asentar un cambio profundo en Asturias que destierre el “discurso de la decadencia” y coloque al Principado en “la vanguardia”? Esa fue su premisa. Queda un año para lograrlo, pero la profundidad de los retos hace impensable creer en milagros inmediatos. El Ejecutivo se juega mucho en el esquema que establezca con la reforma de la administración que espera aprobar en este último periodo o el modelo económico que se derive de la aplicación de los fondos de recuperación. Los expertos ven difícil que Asturias cierre la legislatura con la sensación de haber iniciado un punto de inflexión en su trayectoria. Pero, claro, seguramente el Gobierno dirá que esta historia excede un solo episodio y que es necesaria una secuela. Seguramente será el reclamo para volver a las taquillas; perdón, a las urnas.  

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