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Pedro Fanego Valle | Exdecano del Colegio de Ingenieros Industriales de Asturias, distinguido como «Colegiado de honor»

“No se puede suprimir una fuente de energía antes de contar con un sustituto fiable”

“El hidrógeno es una tecnología limpia, pero necesitará una inyección de inversión muy fuerte y hay que ver cómo resulta económicamente”

Pedro Fanego. FERNANDO RODRIGUEZ

En 92 años muy bien aprovechados, Pedro Fanego Valle ha visto pasar la siderurgia de la regla de cálculo y el teléfono de manivela al futuro en formación del “acero al hidrógeno”. Ha sido lo que siempre quiso ser, ingeniero industrial, y fue todo lo que se puede ser en el Colegio de Ingenieros Industriales del Principado, incluyendo decano, de 2003 a 2009. Trabajó desde 1959 en Duro Felguera, Uninsa y Ensidesa, llegó a ostentar varios cargos en el comité de dirección del gigante siderúrgico asturiano y alargó su carrera por vocación más allá del tiempo que marcaba su jubilación anticipada. Conserva la memoria intacta, aunque a veces le frustre no encontrar la palabra adecuada, y tiene por un éxito absoluto haber vivido de la profesión que ayer, en el acto de entrega de distinciones anuales del Colegio, le distinguió como “colegiado de honor”.

–¿A qué le sabe el reconocimiento de sus compañeros?

–Es una gran satisfacción, porque mi ilusión siempre fue ser ingeniero. Lo conseguí, trabajé en lo que me gustó, hice al mismo tiempo todo lo que pude por el Colegio de Ingenieros y después de unos años separado de él, esto me ha servido para unirme de nuevo en el sentimiento. Estoy muy satisfecho.

–Ha visto cambiar su profesión durante más de sesenta años. ¿Tiene poco que ver el ingeniero industrial que ejerce ahora con el de hace más de medio siglo?

–Desde luego, pero hay una cuestión principal que se mantiene, en el ingeniero industrial de entonces y el de ahora permanece la vocación de ser un ingeniero generalista, aunque ya en mi época eso parecía que chocaba con las especializaciones. Cuando construíamos la factoría de Veriña con el asesoramiento de japoneses y alemanes, recuerdo que en las reuniones había un ingeniero español y enfrente cuatro de especialidades distintas. No quiero decir que nosotros fuéramos especialistas de todo, pero sí teníamos una formación que nos permitía adaptarnos rápidamente a lo que se necesitara. No hay duda de que la profesión ha evolucionado mucho. Cuando yo me incorporé a la siderurgia, prácticamente el único instrumento que teníamos para trabajar era la regla de cálculo. En Duro Felguera, las comunicaciones todavía se hacían a través del teléfono de manivela, pero gracias a esa formación como ingeniero industrial yo pude desarrollar mi labor profesional en muchos campos dentro de Ensidesa.

–¿Cómo les han sentado las sucesivas reformas educativas?

–Con el plan Bolonia, hubo un intento de que desapareciera la carrera de ingeniero industrial, pero la gran labor de defensa del consejo superior de colegios dio lugar a la creación del grado en Ingeniería de Tecnologías Industriales y al máster en Ingeniería Industrial. Como consecuencia, los estudios de ahora se parecen a los de entonces, aunque estén separados en esos dos ciclos. La existencia de estos másteres da lugar a que siga existiendo ese ingeniero industrial generalista.

–Eva Pando, directora del IDEPA, premiada este año junto a usted, es la primera mujer distinguida en los premios del Colegio. También se ha incrementado la presencia femenina.

–Cuando yo ingresé en la escuela, no había ni una sola mujer en toda España. Tenía noticia de que había habido una ingeniera catalana que no llego a ejercer y cuando terminé los estudios sólo había una en el primer curso… Ahora eso ha cambiado completamente, ellas han demostrado que son tan buenas como nosotros y que nos mejoran y me alegro mucho de la concesión de este merecido honor.

–También ha asistido a casi todos los profundísimos cambios que ha experimentado la industria asturiana. ¿Le agrada lo que se vislumbra de su futuro?

–El proceso siderúrgico ya cambió completamente en mi época y desde entonces es evidente que se ha transformado muchísimo en muy poco tiempo. La última evolución de la que se habla, el acero al hidrógeno, es una tecnología nueva que parece ser muy limpia pero que va a necesitar una inyección muy fuerte de inversión y habrá que ver cómo resulta económicamente. También hay que tener en cuenta que primero hay que producir ese hidrógeno, que ese proceso va a consumir mucha energía eléctrica y que ésta tiene que salir de algún lado.

–¿Tiene dudas sobre la eficiencia del hidrógeno verde?

–De entrada, hay que tener en cuenta que la siderurgia es electrointensiva, y que aquí se han querido cerrar antes de tiempo las centrales nucleares, y las térmicas que estaban consumiendo el carbón que aún se producía en Asturias y León… No se puede suprimir algo hasta que no se tenga la fuente nueva que lo pueda suplir económicamente y con fiabilidad. Yo he visto reformas completas en el proceso siderúrgico con grandes inversiones, pero siempre suplían con creces las tecnologías que les precedían.

–El tejido industrial es la gran fortaleza de la región para superar esta crisis. ¿Cómo vive este momento de cambio?

–El mundo va evolucionando, pero muchas veces se construye sin pensar en lo que se está destruyendo. El capital humano de profesionales bien formados en Asturias es muy alto. Siempre lo fue, pero antes, por ejemplo cuando formamos Uninsa, hubo un gran desplazamiento de población desde todas partes. Había trabajo para todos. Aquí siempre formamos buenos técnicos y profesionales, pero últimamente se tienen que marchar porque nuestra industria tiene cada vez menos necesidades y capacidad de absorberlos.

–Ahora los fondos europeos de recuperación dibujan en el horizonte una gran oportunidad. ¿Cuál es su clave de aprovechamiento?

–No hay duda de que esto va a ser un revulsivo para Asturias y su sector industrial, pero es fundamental que se lleve a cabo, porque uno, por perro viejo, ya hay cosas que duda. Estos días leo el vergonzoso incumplimiento de las previsiones presupuestarias para Asturias. Para todos estos proyectos financiados con fondos europeos es capital la inversión, emplear bien todas estas inyecciones de dinero y exigir cumplimientos, porque estamos hartos de que se aprueben presupuestos que no se llevan a cabo.

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