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El calorón bate récords en Asturias

El termómetro llega a unos históricos 39,5 grados en junio en un día con mucha humedad que afectó sobre todo a los que trabajan en la calle: “Agua y paciencia”

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Récord histórico: Asturias alcanza la temperatura más alta registrada en el mes de Junio llegando a los 39,5 grados L. M. / M. L. / M. V. / J. P. / M. F.

No eran las diez de la mañana de este jueves y el termómetro de la farmacia de la plaza del Ayuntamiento de Oviedo marcaba ya 25 grados. Así que Emilio Fernández se preparaba para lo peor en un par de horas, a eso del mediodía, cuando los rayos del sol caerían sin misericordia sobre su puesto de venta del cupón de la ONCE. “Lo tengo controladísimo. Ahora la raya está allí, en mitad de la plaza, pero la luz irá acercándose, comiendo la sombra, y a las doce me caerá el sol encima”, explicó.

Es Fernández uno de los muchos asturianos que trabajan en la calle y que estos días se ven afectados por una ola de calor que parecía que no iba a llegar al Principado, pero que sí lo hizo. Rozando los 40 han estado los termómetros este jueves, en una jornada de junio como no se recordaba desde hacía más de veinte años en la región. Así las cosas se batieron todos los récords, según las mediciones de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). En Cabrales el termómetro subió a lo más alto, 39,5 grados, la mayor cifra registrada hasta ahora en Asturias un mes de junio –el máximo estaba en 36,4, en Gijón, en 1998– y de las más altas en general de la historia.

No fue sorpresa, pues las previsiones así lo anunciaban. “Me traje la gorra y beberé mucha agua. Afortunadamente tengo bastantes bares cerca y también los soportales del Ayuntamiento para taparme”, celebró el cuponero ovetense. En Collanzo (Aller), algunos se lo tomaron con humor, como el popular pescadero Daniel Lobo, que trató de mantener a raya el calor con un peculiar atuendo, en llamativo rosa, de paraguas y abanico.

Los asturianos se lamentan del “calorón pegajoso” que toca por el Norte, con altos índices de humedad, lo que hizo que al final del día llegasen las lluvias y tormentas, como era de esperar. Pero los de fuera no se quejan, según Emilio Fernández, que constata que los muchos visitantes que pasan estos días por Oviedo se muestran encantados: “Para los del Sur estar a 30 grados es normal, ellos están muy a gusto y así lo dicen”.

En Sama de Langreo un compañero de Fernández en la ONCE afrontó el día en su puesto en la plaza Herrero. En la esquina que se pone a diario José Antonio Sancio pegaba un sol de justicia. “Hay que hidratarse mucho”, decía mientras sacaba una botella de agua de la mochila. Además de agua, Sancio tiene suerte de tener cerca un bar con terraza “y me acercan un poco la sombrilla. De once y media a dos de la tarde el sol pega que se mata”. Lo nota no solo por el calor que pasa, sino “porque cuando hace tanto calor la gente no sale tanto de casa, o salen más tarde, cuando ya ha aflojado un poco”.

En el paseo del río de Sama, trabajadores del plan de empleo municipal pintan una barandilla. “Mira el termómetro de la farmacia”, dice Darío Aller. El termómetro marca 35 grados alrededor de la una de la tarde. “Quítale un par de grados, pero aun así es muchísimo”. Jennifer García es la oficial del grupo. “Hace mucho calor, pero más o menos lo llevamos”, asegura. “Tenemos agua fría y nos turnamos para ir un poco a la sombra y descansar”. El sol pega de lleno en la zona en la que están trabajando este jueves. “Hace unos días estábamos más cerca del parque y teníamos más sombra de los árboles”, apunta Darío Aller. Su compañera, Ángela Fernández, peón, trabaja con la radial: “Hay que llevarlo como se pueda, bebiendo mucha agua y poniéndonos de vez en cuando un rato a la sombra”. Las dos agradecen las facilidades que les da el responsable del plan de empleo de pintura municipal para parar un poco si el calor se hace demasiado insoportable.

Precisamente en el parque Dorado está Mónica Revuelta con su puesto de helados. Podría parecer que está más fresca, pero todo lo contrario, “las neveras dan muchísimo calor”. “Tengo de todo”, dice en referencia al aparato de aire acondicionado y a todo lo que le podría refrescar un poco, “pero aun así lo llevo fatal”. Dentro del pequeño puesto ha llegado a registrar 32 grados centígrados pese al aire acondicionado. “Los helados están un poco más blandos”, confirma. “Cuando hace muchísimo calor, como estos días, hay menos gente por la calle y menos clientela”. Eso sí, los que salen no se resisten a refrescarse con un helado. Un vistazo general a la una de la tarde corrobora lo que dice la heladera. Pocos langreanos pasean por el parque. La temperatura supera los 30 grados y la humedad es insoportable. Los mayores se refugian en los bancos que están a la sombra y en el parque infantil no hay ni rastro de niños jugando.

Los obreros son los que peor lo llevan. En los trabajos para la construcción de una residencia de mayores en la avenida de la Constitución pasan calor, aunque hay algunos privilegiados como Guillermo López, el palista. El secreto es que la máquina “tiene aire acondicionado, así que me puedo cerrar aquí y estoy bien. Su compañero Maximino Solís, encofrador, no tiene ninguna duda: “La construcción es lo peor que hay para trabajar, porque ahora pasamos calor pero si hace frío también nos toca”. Lo dice a pie de obra, donde todavía se siente una ligera brisa, aunque el calor es abrasador, “pero si bajas”, dice en referencia a la zona más profunda de la obra, donde están haciendo el encofrado del futuro edificio, “la temperatura sube todavía más, unos tres grados”, explica. El secreto para llevarlo, “mucha agua” y mucha paciencia.

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