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El arzobispo que en casa siempre fue Gabinito

La amplia familia del prelado grabó un vídeo íntimo plagado de anécdotas que sirvió como regalo por su 94 cumpleaños

Díaz Merchán, en el centro, rodeado de parientes, en una imagen del archivo familiar.

Tras la figura pública de Gabino Díaz Merchán, que fue arzobispo de Oviedo durante 32 años, se extiende otra, la familiar, querida por una larga lista de primos, sobrinos y sobrinos nietos. Con motivo de su 94 cumpleaños, la amplia familia del prelado, en La Mancha, Madrid y la Comunidad Valenciana, grabó un vídeo repleto de anécdotas y felicitaciones para hacérselas llegar. Durante casi una hora, tres generaciones refieren, con sentido afecto (emocionado en muchas de las intervenciones) sus recuerdos de aquel obispo que siempre fue cercano con los suyos. Para fieles y públicamente era “don Gabino”. Pero en casa, “Gabinito”, como muchas veces se refieren a él sus parientes en las grabaciones.

“Hemos compuesto un vídeo con todo lo que los miembros de tu familia pensamos de ti y lo que sabemos por nuestros mayores; con muchas fotos que has tomado tú mismo por tu afición a las maquinitas y las de fotografiar en particular”, dicen tres jóvenes sobrinos en el arranque del vídeo.

Hay un largo repaso a los antepasados de Díaz Merchán, a sus abuelos, a las tragedias marcadas por la Guerra Civil, y al pariente Gabino Martín Montoro, franciscano que desarrolló su vida en Tierra Santa y vivió el genocidio armenio en 1915 y fue una importante influencia en el prelado. Se relata cómo se conocieron sus padres, la afición como actor del padre de Gabino Díaz Merchán (Gabino Díaz Martín) y la personalidad de su madre, Mari Paz Merchán, “religiosa y estricta en sus principios éticos”.

Pero al repaso extenso de la biografía del prelado se suman multitud de anécdotas relatadas con evidente emoción y palpable cariño.

Díaz Merchán ofició muchas bodas de sus sobrinos. Algunos recuerdan cómo “cuando fuimos a hacer los trámites, el párroco era reticente, nos decía que una boda así con tan poco intervalo...”. Entonces le refirieron al sacerdote que deseaban que un pariente la oficiase. “‘¿Quién’, nos preguntó. ‘Gabino Díaz Merchán’, le dijimos. ‘¡don Gabino! ¡El presidente!’. Ya no tuvimos que hacer ni los cursillos prematrimoniales”, explican sus sobrinos. En aquella época, Gabino Díaz Merchán presidía de la Conferencia Episcopal. También se relata el caso de la boda que hubo que repetir porque el fotógrafo se había olvidado de poner el carrete. “Y aquí estábamos, haciendo el paripé, muertos de risa”. O aquella en que lo esperaron y terminó llegando al café sacando tiempo para estar en familia pese a las obligaciones de su cargo.

Hay también memoria del Gabino Díaz Merchán aficionado a las caminatas. Muchos de sus sobrinos rememoran los paseos estivales, las canciones que entonaba en voz alta durante el trayecto.

También las estancias en Madrid con los familiares que vivían en la capital “en tus viajes por trabajo, que nos permitían compartir tardes y noches”. Un sobrino relata una graciosa anécdota: “Siendo niño, nadie fumaba en casa, pero cuando tú venías y sacabas aquellos Ducados, del paquete tan apretado... Te veía fumar con aquel placer y yo te pregunté: ‘¿Eso está bueno?’ ‘¡Buenísimo! ¿Quieres probarlo?’, me dijiste. Yo dije que sí. ‘Mira, tienes que chupar fuerte, como si tomaras una horchata’. Y yo lo hice. ¡La tos que me entró! Jamás pensé en fumar en mi vida”.

“Soy el zarambombón, de las patas de Alcorcón y si pasas de esta raya, ¡te trago de un tragón!”, recuerdan entre risas dos jóvenes sobrinos nietos: “Era lo que nos cantabas cuando éramos niños, sentados en tu regazo, ¡y no parabas de reírte!”.

El vídeo destila emoción en cada minuto: “Recuerdo los viajes a Guadix y a Oviedo, cuando tomaste posesión. Y tengo que decir que estudié gracias a ti. Los mejores recuerdos los tengo cuando venías a casa, toda la alegría que sentíamos cuando llegabas”, cuenta conteniendo las lágrimas una prima.

Aquel vídeo, como decía otro familiar, sólo era “un ensayo para cuando cumplas cien”. Terminó siendo el metraje definitivo.

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