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Asturianas trashumantes en 2022: la historia de Lucía y Rocío entre Las Regueras y Salas

Las ganaderas y empresarias de Las Regueras y Salas mantienen la trashumancia por tradición familiar y por beneficio para las reses, que pasan el verano en los pastos de montaña de Somiedo y Torrestío

Lucía Velasco, al frente de sus vacas, subiendo a los pastos de Cerreo, en Somiedo. | L. V.

Las vacas de Lucía Velasco y Rocío Fernández han llegado a lo más alto. Tanto en sentido figurado, por la buena marcha de sus veteranas explotaciones de carácter familiar, como literal, porque sus reses están instaladas en cotas de considerable altitud.

Las ganaderías de ambas, con base en Las Regueras y Salas, son dos de las muchas que mantienen en Asturias la práctica de la trashumancia, una tradición ancestral marcada por la adaptación a las estaciones y a la productividad del medio natural. Es la Naturaleza, en el mundo trashumante, la que marca el manejo de las reses y el traslado de estas para su correcta cría. Cientos de vacas y ganado menor (cabras, ovejas) de numerosos ganaderos de todo el Principado están ya en los pastos de montaña –tanto asturianos como de comunidades fronterizas– para pasar el verano y alimentarse en libertad. En las alturas estarán hasta el otoño, cuando los ganaderos las llevarán de nuevo a las explotaciones en los valles y los pueblos para resguardarse del frío y pasar los meses de más frío.

Las vacas de Lucía Velasco han viajado de Las Regueras a Cerreo, en Somiedo. Las de Rocío Fernández y su padre Ramón –de la ganadería Casa Ramón– han traspasado las fronteras asturianas desde Salas para instalarse en las inmediaciones de Torrestío, en la comarca leonesa de Babia. La campaña de este año es, quizás, más relajada parar cruzar la frontera ya que está libre por primera vez en mucho tiempo de los estrictos controles de tuberculosis y brucelosis bovina toda vez que Asturias es de nuevo zona libre de ambas enfermedades. Con todo, no es sencilla la trashumancia y menos entre dos comunidades distintas. En general, da trabajo y cuesta dinero.

Parte de las vacas de Lucía Velasco, ya en sus pastos somedanos. | L. V.

Pero ambas ganaderas lo tienen claro. «Compensa, porque las vacas se alimentan de forma sana durante todo el verano y eso repercute en la calidad de la carne”, reseña Rocío Fernández. “Es historia y tradición, es un privilegio ver pastar allí las vacas y contribuir al cuidado del medio”, sostiene sin pensarlo Lucía Velasco.

En su caso empezó a primeros de mayo a llevar el ganado a las brañas de Cerreo, pastos somedanos en los que la familia de su marido lleva alimentado las vacas desde hace siglos. «Yo vengo además de familia vaqueira, trashumante y siempre se ha hecho en casa esto», explica Lucía Velasco, que es portavoz de Ganaderas Asturias y está muy volcada en difundir el trabajo en el campo, sobre todo, entre las nuevas generaciones.

«Son más de 4 siglos ininterrumpidos llevando las vacas al puerto en verano. Es tradición, historia, que hay que mantener», destaca.

En Las Regueras empiezan con la trashumancia a principios de mayo ya. Entonces, suben las vacas sin cría. «Aún está frío y sería malo para las pequeñas quedarse ya por fuera», aclara Velasco. Luego, a principios de junio, les toca abandonar Las Regueras camino de Somiedo a las vacas con crías que nacieron entre noviembre y diciembre y están ya algo crecidas y fuerte. Finalmente, en junio, más bien a finales, suben ya las madres con terneras nacidas en enero o febrero. «En total rondarán las 90 vacas las que acaban en Cerreo».

Y allí, en las brañas somedanas, se desarrollan las «vacaciones de verano» de Lucía Velasco, su marido y sus dos hijos pequeños. Pero lejos de quejarse, esta ganadera se siente una privilegiada. «Pasamos toda la estación en el puerto. Son las vacaciones familiares. Una maravilla con ese paisaje, esa tranquilidad, ese ambiente», celebra. A todos les encanta estar allí y asegura que se descansa, pese a que cuidar del ganado da su trabajo. «En el pueblo hay otras familias que van, también trashumantes, y todas con niños. De alguna manera damos vida a Cerreo».

Dos vacas, comiendo sal facilitada por la ganadería. | Casa Ramón

Aparte de la calidad de la carne de ganado criado en extensivo, al aire libre y alimentado de pastos naturales, Lucía Velasco quiere destacar la importancia de su actividad para cuidar y mantener en buen estado el medio ambiente. «Somos los jardineros de los montes. Contribuimos a prevenir los incendios, pues la presencia del ganado y el trasiego por la zona permite mantener limpios los bosques y caminos de matorral y se evitan los temidos incendios. Es tradición, historia, pero también necesidad y útil para todos».

Solo hay un problema en las alturas que todo lo enturbia de un tiempo para acá: el lobo. El aumento de la población ha ido acompañado de más ataques al ganado y con ellos pérdidas y problemas para los ganaderos, desesperados por retomar el plan de control de la especie en Asturias que permita mantener a raya el número de ejemplares.

«En León es lo mismo. Ha habido un ataque reciente, de una vez el lobo se llevó por delante 5 ó 6 terneros», lamenta Rocío Fernández, heredera al frente de Casa Ramón de la ganadería y empresa cárnica que fundó su padre hace más de 30 años. Ramón Fernández ha dejado responsabilidades, pero no prescinde de trasladarse a Torrestío, donde tienen los pastos de verano, cuando se realiza la trashumancia. «En nuestro caso, cada dos días el vaquero y mi padre se acercan a los pastos para ver que todo vaya bien, por si hubo ataques. Tenemos además mastines equipados con collares de puntas que les protegen para ahuyentar al lobo».

Hace unos 20 años que Ramón Fernández compró fincas en Torrestío y desde 10 practican la trashumancia. «Serán unas 110 vacas las que tendremos en León todo el verano».

El ganado disfrutará en los próximos meses de los pastos que están integrados en el parque natural de Las Ubiñas-La Mesa. Los correspondientes a la Junta Vecinal de Torrestío son unas 2.000 hectáreas para 10 ganaderos en las llanadas de Pliper y Matamala.

Este año el viaje a León ha sido más fácil al estar exentos de los controles de saneamiento del Principado sobre tuberculina y brucelosis. Con todo, el papeleo es abundante y laborioso: hay que poner otras vacunas, desparasitar las reses, obtener los premisos de movimiento de Salas a Torrestío... Y en octubre, lo mismo para regresar a Asturias.

También es dinero, unos 800 euros cuesta a Casa Ramón mover su ganado. «Pero compensa», dice rotunda Rocío Fernández. «Son pastos de calidad en los que las vacas se alimentan muy bien, de forma sana. Aparte, ahorras el alimento en las naves, ya que de tenerlas aquí en Salas habría que alimentarlas en seco, piensos... Y eso también es dinero, más ahora con lo que ha encarecido todo». En Casa Ramón dejan a los animales pastar siempre en libertad hasta el destete con 6 meses. Luego, hasta el año, comen maíz y cebada de origen nacional.

Ramón Fernández, cuidando sus vacas en Torrestío.

Y también tienen trucos, como darles sal, algo de sobra conocido entre los profesionales de la ganadería pero toda una sorpresa para los ajenos al oficio. Rocío Fernández, también muy activa en las redes sociales como Lucía Velasco en la difusión de su actividad, lo explica: «El contenido de la sal en sodio y cloruro son elementos esenciales para evitar la deshidratación, favorecer la digestión y la asimilación de los alimentos, mejorando el estado de salud de los animales en general».

Así que si en los altos de Torrestío y de Somiedo no hay sal, habrá que llevarla. A buen seguro que es lo único que falta.

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