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Jesús Aguilar Presidente del Consejo General de Colegios de Farmacéuticos

"Falta predisposición en la Administración para usar la farmacia como un recurso sanitario"

"Tenemos tecnologías que no aprovechamos, la receta electrónica es una herramienta estupenda para mejorar el cuidado de la salud y ahorrar dinero al sistema"

Jesús Aguilar.

Jesús Aguilar Santamaría, burgalés de 1960, presidente desde 2015 del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, se esfuerza por hacer que se aprecie, se vea y se utilice la potencialidad infrautilizada de la profesión farmacéutica como pieza clave en el engranaje de la prestación sanitaria. "Úsennos" es un mensaje para las administraciones y Aguilar lo sostiene recitando una multitud de alternativas y herramientas capaces de mejorar con su ayuda la asistencia al paciente, de ahorrar dinero al sistema y aliviar el colapso de la atención primaria. El martes presidió en Oviedo el acto de toma de posesión del nuevo presidente del Colegio de Farmacéuticos de Asturias, Alfredo Menéndez Antolín.

–Dice que su desafío es sacar partido de las lecciones de la pandemia y reforzar el papel del farmacéutico en el sistema sanitario. ¿Resolviendo qué disfunciones?

–La pandemia ha puesto de relieve la importancia del papel del farmacéutico, del servicio de cercanía que damos todos los días pero que tal vez se valora más en una situación en la que de pronto todo colapsa. Antes de la crisis, hace cuatro años, en la corporación farmacéutica nos marcamos una hoja de ruta para transformarnos y adecuar nuestros objetivos a las necesidades de los ciudadanos. Entendimos que había tres conceptos fundamentales sobre los que debíamos trabajar. La labor asistencial es la más clara, pero también decidimos incidir sobre la digitalización y la parte social. Llegó la pandemia y, qué casualidad, activamos justo esas tres cosas: hemos hecho un gran trabajo asistencial, hemos sido un referente para los ciudadanos en la vertiente social y hemos trabajado en multitud de proyectos de digitalización. La ciudadanía ha valorado esta labor de una manera muy importante. Los medios de comunicación, también, pero no lo han hecho en la misma medida las administraciones.

–¿Qué echan en falta?

–Que las administraciones se crean que tienen en las 22.000 oficinas de farmacia del país una herramienta sanitaria importantísima a la hora de cuidar a la población. Que tienen ese recurso y deberían utilizarlo. Está demostrado que todas las colaboraciones entre farmacias y administración son trabajos de éxito que redundan no sólo en el cuidado de la salud de los ciudadanos, sino también en la viabilidad del sistema sanitario desde el punto de vista económico.

–Han presentado a las autoridades el resumen de sus peticiones, fruto de las enseñanzas de la pandemia. ¿Con qué respuesta?

–Es muy desigual. Tenemos diecisiete comunidades autónomas y diecisiete maneras de hacer las cosas, diecisiete interlocutores además de Ceuta y Melilla y el Ministerio de Sanidad, y al final cada uno entiende ese valor que pueden aportar los farmacéuticos de manera distinta. Hay autonomías más proactivas y otras más rezagadas.

–¿Asturias?

–Está en una situación buena. Ha habido mucha relación con la Administración y la Administración ha querido contar con el sector farmacéutico, pero todavía hay mucho camino por recorrer.

–¿Hacia dónde?

–En una comunidad con una población como la que tiene Asturias es muy importante la dispensación colaborativa entre la farmacia comunitaria y la hospitalaria. Sería importantísimo que se estableciera una continuidad asistencial como la que existe entre la medicina primaria y la hospitalaria. También es clave la potenciación de la red de farmacias centinela, que por ejemplo en Castilla y León permitió detectar que una vacuna había perdido la inmunidad y había que vacunar de nuevo a los ciudadanos...

–¿Qué deben hacer y no están haciendo?

–Las administraciones deberían replantearse su trabajo colaborativo con la salud pública, porque nos encontramos en un momento en el que sumar profesionales es muy importante, y mucho más en una comunidad como ésta, con una cronicidad y una edad media como la que tiene. Hay que tener en cuenta que el ochenta por ciento de las personas que entran en las farmacias tiene más de 65 años. O que todos los días entran 2,3 millones, lo que equivale a decir que en un mes todo el país puede haber pisado una farmacia. Al final, lo más importante es que en comparación con otros países europeos este sistema ha dado resultados muy importantes. Que no es lo mismo tener una farmacia por cada 2.000 habitantes como tenemos en España que una cada 12.000, que es la media de Dinamarca, o una cada 12.000, como en Holanda. Es el momento de que la farmacia de cercanía, con ese profesional sanitario con cinco años de estudios universitarios, se incorpore más a las políticas sanitarias públicas.

–Ordene los consejos que les ha dejado la pandemia para la Administración. ¿Qué les urge más?

–Seguramente la colaboración entre la farmacia comunitaria y la hospitalaria. Porque repercute directamente sobre la seguridad del paciente, influye en la calidad de la prestación sanitaria y facilita la continuidad asistencial farmacéutica entre los hospitales y la primaria. Además es la más fácil, porque sólo hay una decisión, únicamente depende de la voluntad política de las instituciones. Cantabria, Cataluña, la Comunidad Valenciana o Andalucía ya lo están haciendo con resultados exitosos, con un reconocimiento importante de los ciudadanos y una valoración altísima de las administraciones.

–Habla mucho de digitalización, y ahí han tendido la red "Farmahelp", para la conectar farmacias cercanas y resolver desabastecimientos puntuales. ¿Les está funcionando?

–Sí. Nos encontramos a menudo con situaciones en las que una farmacia no tiene un medicamento porque no lo consigue a través de los laboratorios o las distribuidoras. Para resolver esos problemas decidimos poner en funcionamiento una red de farmacias próximas, de tal forma que sea posible disponer de la medicina en tres o cuatro horas. Este sistema nos está dando resultados francamente buenos. Está en marcha en 48 de nuestros 52 colegios, entre ellos el de Asturias, y en unos meses estará en todos.

"Los farmacéuticos podemos colaborar mucho más en el control del cumplimiento y en el seguimiento de los tratamientos"

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–El colegio de Asturias ha invitado a revisar el sobreesfuerzo de las guardias en las farmacias rurales. ¿Cómo cabe afrontar ese problema evitando que el ciudadano perciba una merma en el servicio?

–Estudiando cada caso. El farmacéutico no quiere recortar nada, pero hay situaciones en las que está demostrado que el servicio no es necesario. No se trata de eliminar, sino de que allí donde no haga falta una farmacia la prestación esté cubierta por otro compañero. Todos los servicios tienen que estar satisfechos, pero lo tenemos que hacer de forma racional. En Castilla y León comprobamos con datos que había zonas en las que la prestación no era necesaria, se sustituyó y la población sigue estando atendida. Hay que utilizar el sentido común y el acuerdo y tener en cuenta la necesidad del servicio.

–Quieren que se defina con claridad una cartera de servicios profesionales farmacéuticos. ¿Como cuáles?

–Tenemos, por ejemplo, un problema de adherencia al tratamiento, de falta de cumplimiento de las indicaciones con las que un médico prescribe un medicamento. Esta dificultad lleva consigo un mayor nivel de ingresos hospitalarios, de consultas médicas y de complicaciones en las patologías. Es un problema económico y de salud pública, y ahí los farmacéuticos tenemos un papel muy importante, porque a través de la receta electrónica podríamos controlar los cumplimientos. Eso debería formar parte de la cartera de servicios.

–¿Qué más?

–También podríamos colaborar más en el seguimiento de los tratamientos, porque hay muchos ciudadanos que acuden a la medicina pública y a la privada, y no hay una unión farmacoterapéutica. Queremos tener todo el historial para que el médico pueda saber lo que está tomando un paciente porque se lo ha recomendado otro profesional. Todo esto mejoraría la seguridad de los ciudadanos, sería bueno económicamente para el sistema sanitario y desarrollaría el potencial de los farmacéuticos.

–¿También pueden ayudar a aliviar el colapso en la atención primaria? ¿Echan de menos la comunicación con las administraciones?

–La comunicación la tenemos abierta en todas las comunidades autónomas. Otra cosa es la predisposición de las administraciones a contar con esta parte concertada del sector, el paso adelante para utilizarnos. Lo que les decimos es eso. Úsennos y si no les gusta, lo quitamos. Hay que colaborar más. Tenemos tecnologías que no usamos. La receta electrónica es una herramienta estupenda para facilitar la comunicación médico-farmacéutico. Se pueden mandar advertencias, recomendaciones, para que el farmacéutico ayude al facultativo en su labor como coordinador del sistema.

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