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Covid y calor dejan un raro mes de julio con 345 muertos más de los esperados

La mayor parte de los fallecidos por encima de las previsiones supera los 85 años | El sistema MoMo atribuye 14 decesos a la temperatura

Contra todo pronóstico, el mes de julio que acaba de concluir se ha convertido en uno de los más letales en Asturias en los últimos ocho años. No tanto por la cifra absoluta de fallecidos –que también ha sido muy elevada– sino sobre todo en cuanto al volumen de muertos por encima de lo previsible. La región ha registrado en torno a 1.300 fallecidos (el número exacto se conocerá a la vuelta de unas semanas) por todas las causas, una cifra más bien propia de la época de invierno, cuando azotan la gripe y otras infecciones respiratorias. Pero el dato más llamativo es el correspondiente a "exceso de mortalidad", es decir, los decesos registrados por encima de lo esperable.

Mayores de 85 años, sobre todo. Entre el 1 y el 29 de julio fallecieron en Asturias 345 personas más de las que se estimaba sobre el papel, con arreglo a los promedios de los años anteriores. De ellos, 179 son mujeres y 166, hombres. Por edades, 237 tenían más de 85 años, 87 tenían entre 75 y 84, y 33 tenían entre 65 y 74.

Calor y, sobre todo, coronavirus. De este exceso de fallecidos, 14 son atribuibles al calor. ¿Y el resto? El asunto deberá ser estudiado con calma, pero en teoría el único factor distorsionante que está sobre el tapete es el covid. El dato oficial del Ministerio de Sanidad habla de 133 muertos por coronavirus en el Principado entre el 1 y el 27 de julio. El total de fallecidos por covid desde el inicio de la pandemia es 3.023. Es bien sabido que la Consejería de Salud del Principado lleva una contabilidad paralela que arroja guarismos sensiblemente superiores: en el momento actual, serían en torno a 4.000 muertos por la pandemia de coronavirus.

Solo un mes con más exceso. La sobremortalidad es un dato que de manera permanente reporta el sistema de monitorización de la mortalidad diaria (MoMo), que tiene en marcha el Instituto de Salud Carlos III, organismo dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación. Desde enero de 2015, la región solo había sufrido un mes con mayor exceso de muertos: noviembre de 2020, con 601. Ese fue el mes más devastador de toda la pandemia. De hecho, el registro oficial del Ministerio de Sanidad señala que en noviembre de 2020 se contabilizaron en el Principado 596 muertes originadas por el covid.

Como un mes de invierno. Tradicionalmente, los meses con más muertos y más exceso de mortalidad son diciembre, enero y febrero. Esto se debe al fuerte influjo del frío, la gripe y otros virus respiratorios, capaces de descompensar los organismos de las personas más frágiles y de más edad. En los meses invernales, no es raro que Asturias rebase los 1.300 muertos y llegue incluso a 1.600. En este julio que acaba de concluir, resulta por tanto muy elevada la cifra aproximada de 1.300 fallecidos.

Un julio más cruel que otros. ¿Cómo fueron los julios anteriores? Desde luego, mucho más benévolos en cuanto a muertos que el de este año. También los de 2020 y 2021, en los que el covid ya campaba por el planeta. Si recorremos los meses de julio hacia atrás, siempre de acuerdo con el sistema MoMo, nos encontramos con 979 muertos en julio de 2021; 984 en 2020; 1.005 en julio de 2019; 1.028 en 2018; 985 en julio de 2017... Es decir, una tónica habitual de unos 300 muertos menos que en julio del presente año.

El frío mata más que el calor en Asturias. En términos generales, al analizar los decesos atribuibles a las temperaturas que recoge el sistema MoMo, en Asturias se producen más muertes por frío en invierno que por calor en verano. En enero de 2021, fueron 89 las defunciones achacadas al frío en la región. Cuatro años antes, en enero de 2017, habían sido 74. Llaman la atención –por lo indefinido– las 25 muertes atribuidas a la temperatura en abril de este año. En los meses veraniegos, la mortalidad más elevada en la región fueron 22 muertos registrados en junio de 2017. Y la segunda más alta son los 14 del mes pasado.

¿Fallan algunos datos? La pregunta surge de inmediato: ¿Qué puede haber sucedido en julio en Asturias? Pedro Arcos González, profesor de Epidemiología en la Universidad de Oviedo y asesor de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en emergencias sanitarias, señala de antemano que, "ahora mismo, solo cabe manejar hipótesis sobre un asunto que habría que estudiar con más detalle". Y, dentro de ese marco de suposiciones, indica: "A mi juicio, esa cifra de exceso de mortalidad está sobredimensionada por un problema en la estimación de las muertes esperadas y quizá también en las fechas de notificación". El profesor Arcos añade que, "en todo caso, los datos definitivos los tendremos cuando los publique el Instituto Nacional de Estadística (INE), que también recoge las causas, pero eso tarda en llegar unos meses".

Sin versión oficial. Otro especialista consultado por este periódico advierte de que el sistema MoMo "tiene valor para detectar excesos de mortalidad, pero la cuantificación no es muy fiable, siempre tiende a dar cifras excesivamente altas". Este periódico trató, sin éxito, de recabar la valoración de la Consejería de Salud. En las próximas semanas se verá si las cifras de esta herramienta estadística se ajustan a la realidad o sufren algún tipo de corrección.

Un número de decesos desconocido en verano desde que existen estadísticas oficiales


La aproximación a la mortalidad de este julio anómalo eleva la cuenta de los fallecimientos hasta un nivel desconocido en las más de tres décadas que cubre la estadística oficial. Las cerca de 1.300 muertes que el Instituto de Salud Carlos III asigna a Asturias configurará, si finalmente se confirma, un guarismo insólito en un verano asturiano, donde nunca desde que hay registros se había llegado a tanto. En la serie de la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (Sadei), que empieza a contar en 1990, el mes estival con más muertes fue el agosto de 2020, ya bajo el influjo de la pandemia, y no pasó de 1.084. A lo largo de estos 32 años de historia estadística hay registrados hasta 24 meses con más de 1.300 fallecimientos, pero prácticamente todos pertenecen al otoño tardío o al pleno invierno, con especial predilección por los eneros y los febreros. Nunca se había cebado así con un julio, pero es que además este forma parte de un año complejo desde el punto de vista de la mortalidad. Contando sólo los meses con la estadística cerrada, hasta mayo, el recuento a esas alturas es el tercero más abultado de la serie. Únicamente lo superan el 2020 de la pandemia y 2015, el año al que aquel desbancó en su día como el más mortal de la historia en Asturias. Esta cifra disparada de muertes está impidiendo, por lo demás, que la maltrecha demografía asturiana note que también están creciendo los nacimientos. Asturias es en lo que va de año la región en la que más progresa la natalidad, pero este alza paralela de las muertes mitiga el efecto.

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