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Menos de 1 millón

La mortalidad disparada diluye un repunte de los nacimientos casi inédito en 10 años

El número de partos hasta junio supera los de los dos últimos años, pero más de 7.000 decesos hacen que la resta sea la segunda peor de la serie

No hay consuelo para la triste demografía asturiana. Ni siquiera aunque la estadística de la mitad de 2022 venga con buenas noticias de las maternidades y confirme una tendencia al repunte de los nacimientos casi inédita en la historia reciente. La cuenta suma 162 partos más que en el mismo periodo de 2021, 27 de media más al mes, y la curva invierte una inclinación a la baja que era casi constante y que solo había conocido un precedente de crecimiento desde 2011. Los 2.421 alumbramientos del total de los primeros seis meses superan los registros de los dos últimos años a estas alturas, pero no hay alivio porque la escalada paralela de las muertes ha vuelto a diluir el efecto benéfico del alza de los nacidos.

También han progresado los decesos, a razón de 168 más que al cierre de junio del año pasado, y hasta un número de más de 7.000 que casi toca techo a estas alturas y está muy cerca de triplicar al de los alumbramientos. Es por eso que el decrecimiento de la población por causas vegetativas –el resultado de la resta de nacidos y fallecidos, todavía sin contar el factor corrector de los intercambios migratorios– otorga a Asturias 4.659 habitantes menos en seis meses, el equivalente a casi toda la población del concejo de Salas y la segunda cifra más abultada de la serie histórica tras la de 2020, marcada por el estallido de la pandemia. A falta de computar las migraciones, la merma avanza a un ritmo insostenible de casi 26 asturianos menos al día, todavía más de uno cada hora.

En los totales del primer semestre, tal y como los acaba de actualizar la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (Sadei), los 2.421 nacimientos computados hasta junio no pueden competir ni de lejos con un recuento de muertes que roza sus niveles máximos a estas alturas del año y alcanza las 7.080. La cifra de partos no deja de ser, pese al incremento, la tercera más baja de la serie estadística –supera las dos últimas, pero ninguna más–; la de los fallecimientos también es el tercer registro histórico, pero entre los más elevados, y únicamente está por detrás de los de 2015 y 2020, con su hinchazón de covid. En una serie que empieza a contar en 1990, solo hay cuatro ejercicios con más de 7.000 decesos en medio año y este es uno de ellos. Al final, la combinación de las dos magnitudes atenúa la incidencia del insólito aumento de la natalidad y propicia una nueva resta desalentadora, la más alta registrada jamás si se deja aparte el anómalo primer semestre de 2020.

Y eso que el aumento de los partos está manteniendo el ritmo. A 30 de junio sube con respecto a 2021 al mismo siete por ciento que marcaba al cierre de mayo y que fue entonces el repunte más voluminoso de España. El problema es que al otro lado de la balanza pesa un incremento de las muertes del 2,4 por ciento que las eleva hasta ese lugar de más de 7.000 casi desconocido por la estadística asturiana. Por eso casi no se ve que la cifra de nacimientos ha tomado impulso y ha crecido en todos los meses de este año salvo en abril, porque también los decesos han cogido carrera y su incremento incluso supera el nueve por ciento si se aísla el segundo trimestre, entre abril y junio.

Habrá más. Aquí todavía no se cuenta el repunte de mortalidad del que ha dado bastantes indicios el mes de julio. En un fenómeno insólito, atribuido al calor pero sobre todo al repunte de muertes por covid, el sistema de monitorización de la mortalidad (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III atribuye a Asturias un exceso sobre las muertes "estimadas" de 389 –solo superado en la serie histórica por noviembre de 2020, el de la oleada más mortífera del coronavirus en la región– y una cifra total de más de 1.300 que convertiría a este julio, de largo, en el mes de verano más letal de la historia.

Para la confirmación oficial de esa observación aún habrá que esperar. De momento, las cifras ya certificadas apuntan hacia una resta creciente por una combinación de natalidad escasa y mortalidad disparada que acerca cada vez más la cifra de la población asturiana a la barrera psicológica del millón de habitantes. Aún no es posible precisar en qué medida, pero es seguro que está próxima: la última cuenta del Instituto Nacional de Estadística (INE) eran 1.006.193 habitantes a 1 de enero de 2022. Queda dicho que desde esa fecha la resta por motivos vegetativos asciende a 4.659, pero hay que contar que las migraciones acostumbran a ejercer sobre la demografía asturiana un muy leve efecto corrector al alza.

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