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la romería más multitudinaria del verano asturiano

El "Xirin" ye mundial: "Esto hay que vivirlo"

La fiesta praviana atrae ya a gente de fuera sin perder su esencia asturiana: "Aquí vamos a probar mucho más la sidra" | La escasez de hielo, presente: "Está supercaro, a 10 euros la bolsa"

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En imágenes: la fiesta espalma en el regreso del Xiringüelu María Fuentes

Regresó una de las fiestas más importantes y queridas del verano para la región asturiana después de dos ediciones "olvidadas" por culpa la pandemia. Y el Xiringüelu traspasa fronteras, incluso más allá de España. Sin olvidar que es una fiesta tradicional enriquecedora para Asturias y, como dijo Higinio Iglesias, portavoz de la cofradía organizadora, "es algo muy emocional que representa la cultura praviana. Esperemos que Asturias dé carpetazo al fin a estos dos años tan difíciles que hemos pasado y que nos ponga en marcha como sociedad". Ayer congregó a unas 44.000 personas, según la organización.

Este año, como novedad, todos los que quisieron acceder al prao general de la fiesta –ajeno a la zona de casetas de las peñas– tenían que obtener una pulsera abonando un importe –"significativo" para algunos, "demasiado" para otros– de tres euros (cinco en el caso de adquirirlas el mismo día en la taquilla). Sobre este asunto el alcalde de Pravia, David Fernández, aclaró que "es un tema más de la cofradía que del ayuntamiento, pero creo que es un acierto".

El amor también es uno de los motivos que encuentra la gente para venir a esta fiesta. Si no que se lo digan a Norberto Albuger, que se desplazó desde Elda (Alicante) para ver a su novia y pasar las fiestas con ella. Era la primera vez que acudía al "Xirin", y comentaba por la mañana que "de momento se está calentando el ambiente, aunque todavía nos falta la sidra, pero llegará de un momento a otro". El único problema que encontraba era el sol, ya que seguramente se les hayan derretido los hielos y "tendrían que ir a por más". Su novia, Claudia Rubiera, es de la peña "Feliciano" de Gijón y reconoce que lleva viniendo muchos años y tenía unas ganas enormes de volver: "Hacía falta después de todo este tiempo, esto hay que vivirlo. Es verdad que hay mucha novedad con el tema de la organización y se ha alargado un poco el llegar al prao (hubo colas en los accesos), además tuvimos que dar un rodeo increíble y todo eso, con el calor que hace...". Aunque le parece bien que haya que pagar entrada, "siempre y cuando ayude a la organización de la fiesta". Es conocedora de que existe un problema actual con el desabastecimiento de y para ello han tirado de ingenio y, pese a tenerlo encargado, "vinimos con garrafas congeladas de casa por si acaso".

De la peña "Feliciano" también es Carla Baulín: "Nos hemos reunido el grupo que venimos siempre, además de amigos que han venido de fuera". Si tuviera una lámpara mágica y pudiera pedir un deseo para el día de ayer, sería lo siguiente: "Lo máximo que quiero ahora mismo es que el calor sea soportable, aunque en el último ‘xirin’ (el de 2019) también hizo mucho calor, habrá que acostumbrarse". Tanto como para lo bueno (precio de la entrada para la limpieza y seguridad) como para lo no tan bueno (la espera de la entrada) está de acuerdo con su amiga, Claudia Rubiera.

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En imágenes: así se ha vivido el Xiringüelu 2022 tras dos años de parón María Fuentes

Cuando se dice que el Xiringüelu traspasa fronteras, se podría poner el ejemplo de Niccolo Di Tommasi: "Soy de Milán y vengo aquí porque estoy de vacaciones con amigos en las regiones del norte de España. Fuimos a Pamplona, a San Sebastián y a Santander. Ahora estamos en Gijón con mi amiga Carla, que nos conocemos porque hemos trabajado juntos en Bruselas y nos hemos animado a venir al Xiringüelu". Reconoce que fue ella quien le insistió: "Me ha dicho que es increíble y que vienen aquí cada año". Le gusta la sidra, aunque matiza que "la he probado poco". "Pero hoy la vamos a probar más", agregaba ayer entre risas. Sorprendido con la fiesta que se estaba montando por la mañana, todo le parecía "con muy buen rollo". Y sacaba diferencias respecto a su país: "Me parece como un botellón enorme. En Italia todo se hace cuando hay comida o con barbacoas. Aquí solo hay alcohol, mayoritariamente (risas). Pero me encanta".

Desde el sur de España, de Los Palacios (Sevilla), vinieron Paco Jiménez y Sandra Blesa con su grupo de amigos, llamado "La Rebujina": "Venimos porque unos colegas nuestros, que son asturianos, nos dijeron que había una fiesta muy buena y aquí estamos, esperamos pasarlo muy bien".

De Pola de Siero llegó Paula Suárez mientras que su amiga, María López, la acompañaba desde Pola de Lena. Era su tercer Xiringüelu. Paula Suárez veía todo "mucho mejor que en anteriores ediciones, sobre todo más organizado y con mayor seguridad". Además, considera positivo que haya que pagar para entrar "porque tienen que limpiar mucho". Su amiga, María López, coincide: "Si es para pagar la limpieza, la seguridad y los baños lo veo fenomenal".

Gabriel Rodríguez es de Guatemala, pero vive en Oviedo, donde estudia y trabaja. Lleva cinco años en Asturias y ayer se estrenó en el Xiringüelu, aunque tuvo sus dudas: "Estaba la entrada a reventar, pero una vez que entré no me arrepiento". Ni las muletas le impidieron disfrutar de este momento: "Caí el día antes de venir en moto; aun así, tenía las entradas y había que venir".

De Vegadeo llegó José Manuel Vázquez: "Vine justo antes de la pandemia y la verdad que fue una experiencia y un ambiente increíble". Para él, las claves están en "pasarlo fenomenal, no beber demasiado y portarse bien", ya que el joven tiene que seguir trabajando en verano. Le sorprende el tema del hielo porque "en el bar del prao está supercaro, cuesta 10 euros la bolsa, tiene que estar muy demandado". Sin embargo, los tres euros de la entrada al prao no le parecían "excesivos".

Otros jóvenes miraban por el pueblo, como Jorge González, quien considera que "lo de pagar, si es bueno para el pueblo, será bueno para todos". Su intención era "pasarlo genial porque tenía muchas ganas de ver a los amigos y esto es como un gran reencuentro".

Desde Noreña, un grupo de colegas consideraba el "Xirin" como "la mejor fiesta del verano". Así lo aseguraba Raúl Rus junto a sus amigos Iván Álvarez y Carlos Costales. Para Raúl, "el hecho de que haya dj es clave. Es como el Carmín, pero con música". Los tres reconocen entre risas que "lo importante va a ser llegar al bus".

Hay jóvenes que buscan cualquier solución con tal de refugiarse del sol. Es el caso de la ovetense Claudia Menéndez y sus amigos, que se afanaban en montar una carpa: "Hicimos un bote de cinco euros cada uno y la pillamos. Es el tercer año que la traemos, aunque el único problema que tenemos con ella es que mucha gente desconocida se suele meter debajo". Pero tampoco es gran problema, pues en el Xiringüelu se hacen muchas amistades y, cada vez más, de fuera de Asturias.

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