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Los embalses pierden un 22% en un año, pero son los terceros más llenos del país

La cuenca del Cantábrico occidental está en el nivel más bajo del siglo a estas alturas del verano y 20 puntos por encima de la media nacional

El embalse de Tanes

Mientras España se seca, en Asturias todavía queda agua. No tanta como hace un año por estas fechas ni tan poca como la media de un país que empieza a preocuparse mucho por la escasez. Los embalses asturianos han llegado a la segunda semana de agosto al 62,4 por ciento de su capacidad después de un significativo descenso del 22 respecto al mismo momento de 2021 y de rebajar en 18 puntos la media de ocupación de los últimos diez años. El último dato de las reservas del Principado acumula 302 de los 494 hectómetros cúbicos que se pueden almacenar como máximo. Había 390 hace un año, pero la situación mejora si se aíslan los embalses dedicados al abastecimiento y, sobre todo, si se compara con la del resto de España.

El país no llega en su conjunto al cuarenta por ciento y está casi veinte puntos por debajo de la media de la última década; los embalses asturianos son los terceros más llenos, sólo por detrás de los del País Vasco (que están al 74 por ciento) y de los riojanos, al 65, pero están veinte puntos por encima de las medias nacionales. Puede que esto no sea tan grave si se considera que las medias de todas las cuencas del sur no llegan o superan a duras penas el treinta por ciento, y que las restricciones se han expandido este verano por la Península hasta llegar incluso a la España Verde y limitar el servicio por ejemplo en algunos puntos de Galicia.

El descenso del nivel de las aguas es perceptible en todos los embalses, aunque los dedicados al abastecimiento siguen en zonas aparentemente poco inquietantes. Según los datos del Ministerio para la Transición Ecológica, su vecino de Tanes iguala el 91 por ciento de las mismas fechas del año pasado y los Alfilorios tiene cubiertas tres cuartas partes de su capacidad, frente al 87 por ciento del mismo punto de agosto en 2021. Rioseco está mediado y el resto se sitúa entre el 48 por ciento de la presa de Salime y los niveles por encima del noventa que marcan las de La Barca y Arbón.

En la cuenca del Cantábrico Occidental, la reserva hídrica está en el punto más bajo a estas alturas del año hidrológico en lo que va de siglo, al menos desde el registro, muy inferior, de 1999. Se deja sentir de ese modo este verano asturiano inusual y extremadamente seco que ha empezado con el sexto mes de julio menos pródigo en precipitaciones en sesenta años y con un tercio de las lluvias medias esperadas para el periodo en Asturias. La región arrastra además los efectos de una primavera caracterizada desde la Agencia Estatal de Meteorología como seca, con las precipitaciones un 19 por ciento por debajo de lo que se considera normal en atención a las medias de lluvias de las últimas décadas. Fue la decimoctava en el orden de las más secas en sesenta años y para entonces el año hidrológico, que empieza a contar el 1 de octubre, presentaba un déficit de precipitación del once por ciento respecto a las cantidades que los registros históricos consideran normales.

Es precisamente la previsión de un aumento de la frecuencia de estos escenarios de sequía la que ha aconsejado que incluso en esta región rica en agua –con el doble de precipitaciones que la media del país– se haya aprobado este enero un Plan Director de Abastecimiento 2020-2030 con una inversión de 433,3 millones de euros sobre todo para la habilitación de cuatro "autopistas del agua" que mejoren la red y descarten la construcción de nuevos embalses.

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