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El HUCA coordina una investigación nacional para evitar suicidios de jóvenes

En el proyecto participan 50 adolescentes asturianos que han tratado de quitarse la vida | La intervención de la psicoterapia, «intensa y sencilla» según sus promotores, se inicia a los diez días de la tentativa

Una ambulancia pasa por delante de la zona de Urgencias del HUCA. Una ambulancia pasa por delante de la zona de Urgencias del HUCA. | LNE

Un total de 50 adolescentes asturianos que han intentado quitarse la vida están participando en la investigación de un protocolo encaminado a que no reincidan en su intento de suicidio. En el proyecto «Survive», de ámbito nacional, participan globalmente 300 jóvenes de 13 a 18 años. Julio Bobes, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo, ejerce como coordinador de una iniciativa financiada por el Instituto de Salud Carlos III.

«Es una intervención muy intensa al principio. Se inicia diez días después de la tentativa, y se da una sesión por semana durante cinco semanas», explica Teresa Bobes Bascarán, responsable –junto a la doctora Elisa Seijo– del diseño clínico del proyecto, psicóloga del Servicio de Salud del Principado (Sespa) y profesora asociada de la Universidad de Oviedo.

¿Por qué se aplica al principio? Porque las repeticiones de los intentos de suicidio suelen darse en los seis meses posteriores a la inicial. La intervención no consiste en un medicamento, sino en una psicoterapia que se suma a los diversos tratamientos ya establecidos y que tiene como objetivo último amortiguar la tensión propia de la crisis suicida.

Se trata de un «safety plan», un plan de seguridad «que se ha mostrado eficaz en otros colectivos y con otras patologías», precisa Teresa Bobes. «Los fármacos son una ayuda más. Y la práctica totalidad de estos adolescentes llevan alguna pauta de medicación», añade la experta.

Este protocolo de emergencia incluye desde enseñar a los adolescentes a detectar señales de alarma en su propio estado de salud hasta indicarles qué pueden hacer para mitigar ese malestar o a quién acudir cuando las cosas se ponen más difíciles. Buena parte de su contenido se centra en explotar recursos que cualquier adolescente tiene a su alcance: escuchar música, salir a pasear, darse una ducha... O contactar con personas o lugares que les producen calma. También puede incluir el pedir a sus padres que les den la medicación habitual.

Uno de los puntos fuertes de la intervención radica en que «es breve y sencilla, no requiere grandes infraestructuras, por lo que podría implantarse en cualquier lugar», destaca Teresa Bobes.

Se estima que los intentos de suicidio entre los jóvenes se han triplicado en España en los últimos 15 años. De ahí la preocupación creciente entre las familias y los expertos. Las tentativas constituyen el estadio más avanzado de la ideación suicida. «Son los pacientes más graves, la punta del iceberg del problema», indica la responsable de la investigación.

La mitad de los 300 participantes recibe solamente los tratamientos habituales (son el grupo de control) y la otra mitad es sometida, además, a este protocolo de actuación. La comparación entre ambos grupos determina la eficacia de la intervención.

Los adolescentes que participan proceden de diversos lugares de Asturias. Pero o bien han estado ingresados en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) –en la unidad que dirige la psiquiatra Elisa Seijo– o han pasado por el servicio de Urgencias del complejo hospitalario ovetense. Los resultados se evalúan a los tres, a los seis y a los doce meses. Los jóvenes empezaron a incorporarse al programa a finales de 2020 y seguirán haciéndolo hasta finales de 2022. Por consiguiente, los resultados no comenzarán a publicarse hasta principios de 2023. Sí se sabe que una de las participantes asturianas se quitó la vida meses atrás. Formaba parte del grupo de control, de los que solo reciben los tratamientos habituales. «Lo que estamos viendo por el momento es que la intervención les gusta, les engancha y les sirve, pero habrá que esperar a los resultados», precisa Teresa Bobes.

No se conoce la cifra de adolescentes que incurren en tentativas suicidas. «Se estima que por cada suicidio consumado hay unas veinte tentativas», indica la psicóloga del Sespa. Es bien conocido que la demanda de asistencia por problemas mentales de jóvenes y adolescentes ha aumentado de manera alarmante –en torno a un 35 por ciento– durante la pandemia. Muchas plantas de psiquiatría juvenil de los hospitales se han quedado pequeñas.

En el conjunto de la población, en Asturias se registra, como media, un suicidio cada tres días. «Los adolescentes no son los que más se suicidan, pero evidentemente son casos mucho más dramáticos. Los suicidios son más frecuentes en las edades medias y el segundo grupo más numeroso son ancianos», señala la responsable clínica de la investigación.

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