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Asturias y la política del barullo: el análisis de Vicente Montes

El PSOE trata de evitar que las tensiones que afloran en Gijón tengan eco en otros concejos | El PP, tras meses de agitación soterrada, confía en asentarse tras el verano con la mirada en las próximas autonómicas

Asturias y la política del barullo

"Barullo" ha sido la palabra elegida por el líder de los socialistas asturianos y presidente del Principado, Adrián Barbón, para referirse a la pugna interna en el PSOE gijonés. La palabra puede verse como afortunada o desafortunada (refiere a "ruido, desorden y confusión grandes" provocadas por varias personas que hablan o se mueven al mismo tiempo), pero queda acuñada: el "barullo gijonés". El barullo, como los virus, siempre está presente de algún modo. Muta, se extiende o se agazapa esperando mejores momentos. Y los tiempos revueltos de la política son tierra abonada. Prácticamente todas las formaciones lo sufren ante las incertidumbres que se ciernen sobre las próximas elecciones, autonómicas y locales, como antesala de las generales. Ahí va este pequeño esquema del "barullo" político en Asturias.

Cortafuegos para el PSOE.

Cuando los socialistas asturianos abrieron el proceso para elegir las secretarías generales, brotaron dos incendios descontrolados en Gijón y Llanes. En la agrupación gijonesa, una victoria por la mínima tumbó al secretario vigente y volcó la mayoría del partido hacia el sector descontento con la Alcaldesa, Ana González. En Llanes, el expresidente Antonio Trevín irrumpió como una ola (pese a que ciertos sectores sanchistas aún le tenían guardada la factura por haberse posicionado en el bando federal perdedor). Aquello puso sobre aviso a los dirigentes socialistas asturianos, que aplicaron el cortafuegos: toque a rebato en todas las agrupaciones para evitar confrontaciones. De aquella operación surgieron, por ejemplo, la opción de Delia Losa para pacificar Oviedo o la de Juan Cofiño al frente de Siero. Las aguas se calmaron aparentemente, pero el barullo es pertinaz.

Otro tanto ocurre ahora. La agrupación de Gijón se dirige a una confrontación irremediable. El sector que promueve unas primarias que midan la fortaleza interna de Ana González para volver a ser candidata a la Alcaldía no va a detenerse. Está confiado en que logrará las 641 firmas necesarias para forzar el debate, aunque aún no hay claro si existen candidatos alternativos y con qué apoyos. La opción de evitar este choque (con una salida airosa con paso atrás de la Alcaldesa) ya está muy lejos. Solo cabe la colisión, pero no se vislumbran consecuencias positivas para el PSOE sea cual sea el resultado. Sea como sea, el PSOE saldrá tocado y fracturado en su principal granero electoral, con gran capacidad de arrastre autonómico. Adrián Barbón se ha alineado claramente con la Alcaldesa para tratar de aplacar el ruido interno, pero quizás esa decisión también le ate a él al descontento local hacia la regidora.

Pero los problemas del PSOE no se ciñen a Gijón. En Oviedo tampoco parece que será pacífica la designación de cartel electoral. La posibilidad de que Delia Losa terminase por asumir ese papel se diluye, al tiempo que el sector afín a Wenceslao López se arma de argumentos de descontento, en especial tras la aprobación del plan de La Vega con respaldo claro del Gobierno regional y de la propia Losa, como Delegada del Gobierno. Al tiempo, una posible tercera candidatura busca apoyos. En la FSA se desea para Oviedo un liderazgo claro y estable y que traslade la impresión de que realmente se da una batalla electoral en la capital asturiana, no que se entrega a un Canteli que se siente reforzado por las encuestas.

Pero tener incendios internos en Gijón y Oviedo no es menor: se trata de las principales plazas, las que marcan la Asturias urbana, decisivas también en las elecciones regionales. Aunque se pacifique el resto de lugares (Avilés, abortando cualquier intento de crítica interna; Llanes, despejando el camino a Trevín sin confrontación en primarias), el "barullo" de Gijón y Oviedo es ya suficiente y ruidoso. Si se añade al guiso una complicada situación económica en el otoño, un clima de polarización política nacional y una cantinela de cambio de ciclo, el escenario para el PSOE es cuando menos preocupante. Lejos queda ya aquel soñado paisaje para Barbón de una Asturias en la que solo cabía mirar al PSOE como partido sólido e identitario. Incluso el refugio del mensaje "asturiano" se vuelve inestable, porque tampoco cabe entender los descontentos internos solo en clave local. El "barullo" del PSOE es la mezcla de mensajes nacionales, regionales y locales que terminan por generar ese clima que discurre entre el nerviosismo, el temor a perder cuotas de poder y el enfado interno.

El PP se la juega.

No han estado calmadas las aguas en los populares, precisamente por el efecto contrario: las expectativas positivas desatan el nerviosismo y las batallas por el poder interno. La demora en despejar el horizonte del congreso regional del partido ha dado pie a movimientos soterrados con hipótesis de alternativas a Teresa Mallada. Sin embargo, la ensalada de nombres, algunos de ellos excluyentes entre sí y más sujetos a intereses de grupos y facciones que a visiones de conjunto. La encuesta encargada por la dirección regional a Metroscopia y desvelada por este periódico ya parecía evidenciar que el ciclo demoscópico favorable al PP que crecía en el conjunto nacional llegaría a Asturias. Aún queda trecho e incertidumbre hasta marzo, pero las grandes olas nacionales del PP siempre han tenido su efecto en un auge significativo de la derecha hasta el punto de alcanzar el gobierno. Pero también es cierto que en esos momentos las propias batallas domésticas de los populares han terminado por amargar las victorias.

Hoy, el camino para que Mallada renueve el liderazgo del PP de Asturias es la opción más segura para los populares. La designación de la candidatura autonómica vendrá después, pero los populares deberían tomar buena nota de cómo los "barullos" pueden terminar por desinflar expectativas.

No obstante, quedan incógnitas por despejar en el centro-derecha: por ejemplo, si el PP y Foro explorarán algún tipo de alianza electoral, que podría tener en Gijón su epicentro. La presidenta forista, Carmen Moriyón, deja entreabierta la puerta a volver a ser candidata, y de darse esa opción, obtener la plaza gijonesa debería ser una prioridad para un PP que ya acaricia incluso la idea de una victoria en Asturias, por arduo que pueda ser limar el suelo electoral del PSOE asturiano.

Oviedo es, sin duda, el bastión sobre el que los populares pueden pivotar una escalada electoral, por lo que las acciones políticas en los dos ámbitos deberían ir en sintonía. Alfredo Canteli decidirá qué papel otorga, si lo hace, a los ediles de Ciudadanos en la futura candidatura, pero esa hipotética integración no tendrá, seguramente, reflejo en el espacio regional: cada caso será singular, si no hay una directriz nacional respecto a la formación naranja, que aún busca un futuro cambiando de siglas y colores.

La izquierda del PSOE: crisis de identidad y mensaje.

Los partidos a la izquierda del PSOE, huérfanos del esperado manto integrador de Yolanda Díaz, tienen que resituarse. La división les penaliza en este marco, pero tampoco parece que vaya a haber fácil entendimiento entre un Podemos fracturado y un IU dispuesto a revitalizar sus siglas y atraer todos los grupos dispersos. No es fácil aventurar qué pasará en Podemos si abre un proceso de elección abierta para la candidatura autonómica: "Barullo" en el horizonte.

Lectura de bloques.

No sería realista que el PSOE pensase ahora en una próxima legislatura en la que ejercer la "aritmética parlamentaria" de la que tanto ha hecho gala Barbón en este mandato. El escenario más probable será el de dos bloques muy ajustados e irreconciliables, nada que ver con el escenario actual. El camino de meses que queda hasta las elecciones locales y autonómicas será intenso: primarias, congresos, designaciones... "barullo". La pregunta será si las urnas lo clarificarán o, por el contrario, determinarán otro barullo distinto.

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