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Carlos Blond Álvarez del Manzano General del Ejército retirado, veranea en Colunga

"Si la ONU no quiere seguir perdiendo credibilidad debe exigir el referéndum en el Sahara"

"De la aventura que nos tocó vivir allí, con honrosas excepciones, solo salió indemne el Ejército español"

Carlos Blond, en la playa de La Isla, con su libro. | Ramón Díaz

Carlos Blond Álvarez del Manzano (Oviedo, 1944), general del Ejército retirado, ha recorrido al mando de sus unidades y compañías lugares como el Sahara, Argentina o los Balcanes, en destinos de la Legión, Guerrilleros y la Brigada Paracaidista. Formó parte de los Cascos Azules y ocupó cargos de Estado Mayor. Desde su retiro, en 2009, investiga, escribe e imparte conferencias sobre historia militar. Acaba de publicar "La Legión en el Sahara entre guerras, 1968 a 1975". Ha cedido todos los ingresos a la "Fundación Tercio de Extranjeros". Estos días, como cada verano desde niño salvo contadas excepciones, disfruta de sus vacaciones en La Isla (Colunga).

–¿Cómo surge su vocación?

–Formo parte de una saga militar iniciada en el siglo XIX. Ingresé en la Academia General Militar de Zaragoza, columna vertebral de los ejércitos españoles, de donde sales con una profunda formación en valores. Entonces, el reto que te ponías era ir a los sitios en los que más pudieras disfrutar de la profesión, e inclusive que pudieran tener cierto riesgo. Así que en 1968 me fui al Sahara, a la Legión, y allí estuve, con salidas para hacer el curso de Operaciones Especiales y a la Brigada Paracaidista, hasta 1975, cuando se abandona el territorio.

–¿Cómo recuerda esa época?

–Feliz. Para un militar la vida dura es un gran atractivo. Alguien dijo que cuando conoces el Sahara lo amas y a partir de entonces ya no lo olvidas jamás. Hay que vivirlo. Era un mundo de aventura, de novela. No había nada; ni agua, ni productos frescos, un calor excesivo… Una vida durísima, pero interesante.

–¿Cómo vivió los últimos tiempos de presencia española?

–En el libro cuento cómo lo vivimos los militares, ante la política errática del Gobierno de Madrid. Y digo que de la aventura que nos correspondió vivir, con honrosas excepciones, solo salió indemne el Ejército español. La salida del Sahara fue algo deshonroso difícil de olvidar. Fue una época tumultuosa, en la que estuvimos mal conducidos por un Ejecutivo débil, que no supo adelantarse a los acontecimientos que venían, frente a una buena gestión de la diplomacia marroquí, las preferencias de Estados Unidos por Marruecos y Franco en su última etapa. Era un momento muy complejo, una situación explosiva, y se llegó a una solución que, bajo mi punto de vista como militar, no era lógica.

–¿Qué debió hacer España?

–Soy militar, y los militares lo único que hacemos es, disciplinadamente, cumplir lo que el gobierno de turno nos ordena. Una cosa es donde está el corazón y otra la mente, que debe permanecer fiel a la obligación de las fuerzas armadas. Lo que aporto en el libro es que gente que tenía destinada en mi unidad dio la vida por lo que España quería defender en el Sahara, que cambió un día, a espaldas de los que trabajábamos allí, dando nuestra sangre por los demás.

–¿Sigue aún la política errática de España en torno al Sahara?

–Ahora hay un desconocimiento total sobre lo que es el Sahara, salvo en Canarias. La entrega del Sahara se hace en los Acuerdos de Madrid de 1975, que dicen que España finaliza su responsabilidad como administradora del territorio y la cede a Marruecos y Mauritania, con la obligación de estas naciones de realizar un referéndum en el que el pueblo saharaui elija su destino. España se desvinculó totalmente de la que era una de sus provincias, pero tiene una responsabilidad moral.

–¿Qué opina del último bandazo del Gobierno, posicionándose al lado de Marruecos?

–Se pueden contar con los dedos de una mano las personas a las que le han parecido correctas las formas porque fueron unas declaraciones del presidente del Gobierno sin seguir lo que manda el buen régimen político: consultar al arco parlamentario sobre las relaciones internacionales de España.

–¿Ha vuelto al Sahara?

–Volví hace siete años a Dajla, la antigua Villa Cisneros. Aquella aldea con 4.000 pobladores y cuatro casas se ha convertido en una ciudad de 100.000 habitantes.

–¿La mayoría marroquíes?

–Totalmente.

–¿Cómo cree que terminará el conflicto del Sahara?

–Las grandes potencias están con Marruecos, pero si la ONU no quiere seguir perdiendo credibilidad debe exigir el cumplimiento de sus resoluciones y de los Acuerdos de Madrid; es decir, el referéndum. Aunque estaría del todo viciado porque quienes deberían participar son los 60.000 censados en 1974 y sus descendientes, y no el medio millón de marroquíes asentados ahora, que además están destruyendo todos los vestigios de la presencia española.

–¿Cómo definiría a la Legión?

–La Legión es sentimiento, cariño, amor, entrega. Al legionario se le ofrece como destino morir en combate, que es el mayor honor. Porque, como recoge el "Credo legionario", no se muere más que una vez, y morir no es tan horrible como parece. Ahora ha cambiado bastante la recluta, pero los legionarios que yo conocí eran gentes a las que la sociedad les había dado la espalda. Muchos habían vivido tirados en mitad de la nada, sin padres, ni nadie que les cuidara. No tenían nada que perder ni ganar en la vida. En la Legión, imbuidos por el "Credo legionario", veían que la vida del compañero dependía de él, y la suya de sus compañeros. Eso crea lazos que hacen que el acuartelamiento, los mandos y los compañeros sean la única familia. A partir de ahí la entrega es completa.

–¿Cómo es el legionario?

–El legionario es un soldado excepcional, que busca siempre acercarse al enemigo, estar en primera línea. El legionario es distinto, un hombre capaz de entregarlo todo por los demás, incluso la vida. Es el clásico perro callejero al que nadie le ha dado nada, pero que si lo acaricias y le das de comer, nunca te morderá la mano; al contrario, siempre te será leal. En el libro cuento que con los legionarios trabajamos, sufrimos, disfrutamos y nacieron unos lazos indisolubles. Cito a los 165 hombres que recibimos la distinción de "Valor acreditado". Tenemos contacto y me siguen considerando su capitán. La legión nunca abandona a su gente.

–Son valores difíciles de encontrar hoy en día.

–Amazon está tentando en todo el mundo a oficiales de los ejércitos, también en España, porque busca liderazgo. Quiere equipos pilotados por una persona que sepa tratar a sus subordinados. La Academia General Militar hace líderes, personas capaces de que la gente que tiene bajo su responsabilidad le siga a donde sea. Eso lo consigues intentando ser mejor que los que tienes debajo, entregándote por completo a las tareas encomendadas, buscando que la gente reconozca que exiges, pero a la vez cumples y defiendes… Ese concepto de liderazgo es corriente en las fuerzas armadas.

–¿Más aún en la Legión?

–La Legión se vertebra sobre el "Credo legionario", con doce "espíritus" que se graban a sangre y fuego en el pensamiento del legionario, que los asume y trata de vivir sobre ese código ético sustentado en valores: entregar la vida por los demás, reconocer que la bandera de España es la más sagrada porque estará teñida con la sangre de sus legionarios o tres conceptos importantes: el de amistad, de juramento cada dos hombres; el de compañerismo, con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos; y el de unión y socorro, que exige que, a la voz de "¡a mí la Legión!", sea donde sea, acudirá el legionario, y con razón o sin ella ayudará al compañero que esté en peligro. Pero la Legión también tiene asumido que está a las órdenes del poder ejecutivo.

–¿Cambió la invasión de Ucrania el pensamiento de Occidente?

–Un territorio no está conquistado hasta que un pelotón pisa el terreno y clava la bandera. Por mucha tecnología y muchos medios que haya, siempre está el espíritu combatiente, la voluntad de vencer. Ucrania nos está demostrando que creyendo en la nación, la defensa personal es más fuerte que el armamento más sofisticado. Desde el punto de vista militar, Ucrania es una lección de la voluntad de vencer del hombre que cree que hay que defender el territorio, de entregar incluso la vida por lo que uno cree que es suyo.

–¿Ha venido también a demostrar que los ejércitos siguen siendo necesarios?

–Desde Caín y Abel hay enfrentamiento. Los hombres no somos buenos, somos perversos... Algunos más que otros. Mucha gente piensa que el Ejército es un arma de guerra y que lo único que queremos los militares es estar en conflicto. No. Al contrario: el militar que conoce la guerra, la odia, y sabe que lo mejor es la paz. Pero el Ejército, dentro de esa política de no enfrentamiento, es una herramienta de disuasión en manos de los gobiernos. Porque, o eres fuerte y demuestras que vas a defender tus intereses, o probablemente los intereses del vecino prevalecerán y te arrebatarán lo que es tuyo. Lo que sí es cierto, y resalto, es que los ejércitos no son ONG. La Constitución dice que la defensa nacional compete al conjunto de los poderes de la Nación, no solo a los militares. Lo que pasa es que el resto de los poderes de la Nación muchas veces se olvidan de que ese deber es cuestión de todos.

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