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Barbón quiere un debate en entorno seguro

El Presidente quiso marcarle a la oposición el tono y se mostró más preocupado por el estilo que por la doctrina

Barbón exhibe un viejo recorte de prensa de LA_NUEVA_ESPAÑA, durante el debate. Irma Collín

Adrián Barbón quiere que el debate de orientación política de la Junta General sea un entorno seguro y pugnó por ello durante toda la mañana. Lo consiguió con Teresa Mallada, portavoz popular; con Susana Fernández, de Ciudadanos y con Ángela Vallina, de Izquierda Unida; pero con Rafael Palacios, de Podemos no hubo manera. ¿Sabes cuando queda pendiente un pique del curso anterior? Pues así.

El presidente del Principado no se encontraba bien. Apenas empezó a oponérsele en la tribuna Teresa Mallada, Barbón sacó un medicamento bebible de los que vienen en un sobre de plástico y lo apuró bien presionando con los dedos. El efecto era chocante. Mientras la popular hablaba de la presión fiscal, el socialista parecía soplar un matasuegras. Cuando la portavoz de la derecha ya le había "suspendido en empleo, fiscalidad y economía" con un discurso leído en tono sereno y párrafo largo que acababa en afuega’l pitu, el gobernante socialista bebía agua como si quisiera hidratarla a ella. Ella acabó en tos.

Barbón había repasado el discurso mallado del año anterior y le agradeció el tono menos enconado. Mallada, con la americana remangada, una carpeta con fundas de plástico en las que llevaba metidos los folios, como esas cartas de los restaurantes de menú largo y políglota, pareció más una jefa de sala que una jefa de la oposición. No es que el menú no tuviera platos pesados y picantes, pero leído con inflexiones de psicóloga de la radio era de agradecer. Estas cosas suceden. Una canción de Paquita la del Barrio interpretada por Nena Daconte es más llevadera. En el regreso a la Junta, Adrián y Teresa se cayeron bien.

La ciudadana Susana Fernández desplegó el temario clásico naranja, a favor de los emprendedores, en contra de "la paguina" y el puestín", de Juana de Arco de los autónomos y de Agustina de Aragón contra la burocracia. La crítica era borde a veces; el tono, monocorde siempre, algunas ironías bien escritas no estuvieron bien tiradas. Inició su intervención leyendo unas efemérides asturianas de 1997 que Barbón rebatió con otras de 1982, se empleó en explicar lo que pasa cuando bajas impuestos y zanjó que los autónomos no pagan ninguno a la autonomía. El tono seguía siendo el que quiere Barbón para su entorno seguro. Susana y Adrián se dan un poco igual.

Rafa Palacios debutaba en el debate por parte de Podemos y trabajó durante largo tiempo sobre los 282.000 asturianos en riesgo de exclusión social, sobre los mal alimentados y el contenido no tenía nada inesperado de su grupo, pero como el tono fue mitinero y la camiseta muy remangada mostraba sus tatuajes a media asta, dio igual que dijera que no se negaban a aprobar presupuestos y que luego tendiera la mano. Barbón salió a atacar para defender el tono de la moderación y a calificar la intervención en la Junta General como fuera de lugar. Golpeó donde dolía: "Deja a Daniel Ripa a la altura de estadista" (ex portavoz de Podemos) y lo comparó varias veces con Ignacio Blanco (portavoz de Vox). "Faltón", "atacante", "nada constructivo". Fue lo contrario de Mallada, pero a Barbón le inquieta más el estilo que la doctrina y se quejó de insultos que no hubo. Los espacios seguros son muy exigentes. Aunque Palacios cabeceó aprobatorio desde el escaño, acabaron resquemados uno con otro.

Ángela Vallina salió a serenar las aguas desde Izquierda Unida con su voz de transistor implantado, viendo motivos para la esperanza, lamentando que haya menos de un millón de asturianos sin imputárselo a Barbón y desplazando los temas a dos clásicos de su grupo: la industria en Asturias y la guerra en Ucrania. Fondo de Cultura IU, forma de puericultura. El debate acabó paseando hacia un futuro de feminismo con luz de feminismo. Adrián y Ángela se cuidan.

En esto se nos fue la mañana

Estos debates contienen sorpresas. Barbón explicó que el discurso de Mallada se le hizo difícil de seguir porque lo leyó rápido, igual que –confesó– le había sucedido a él la víspera porque tenía tanto que leer que lo tiró con una dicción ininteligible. Rafa Palacios reconoció que estas intervenciones eran un rollo, muy largas, incluido la que él acababa de dar. Tomen nota, señorías. Los formatos dependen de ustedes. Pueden mandarse tuits, pero ese es un entorno muy poco seguro.

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