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La dirección nacional del PP y Teresa Mallada buscan vías que eviten una crisis insalvable

Agitación en los populares con un debate entre las peticiones de acatar la decisión de Feijóo y la demanda de un próximo congreso regional

Alberto Núñez Feijóo y Teresa Mallada, en el acto celebrado en el Campoamor el pasado mes de marzo. | Irma Collín

Llamadas telefónicas, mensajes de whatsapp, correos electrónicos, videollamadas. El Partido Popular asturiano nunca estuvo tan intercomunicado como ayer, para coser adhesiones, para destejer apoyos o para tratar de establecer nuevas alianzas. Todo para intentar encontrar una solución a una encrucijada que amenazó durante todo el día con sumir a los populares en una profunda crisis interna. En cambio, silencio absoluto tanto por parte de la dirección nacional del partido, que preside Alberto Núñez-Feijóo, como del núcleo duro de la aún presidenta de PP asturiano, Teresa Mallada. Sin embargo, bajo el silencio, el mismo que se había mantenido durante la jornada anterior, según las fuentes consultadas, se fueron intensificando con el paso de las horas las conversaciones. El objetivo, tratar de encontrar una vía intermedia que permita una salida, después de que LA NUEVA ESPAÑA desvelase la decisión inamovible de Génova de que Teresa Mallada no será la candidata a las próximas elecciones autonómicas, que el partido debe afrontar un proceso de renovación interna profundo y que el clima de unidad es condición indispensable para que los populares puedan tener su esperado congreso regional.

Todos los focos están puestos en dos lugares. El primero, la aún presidenta del PP asturiano, Teresa Mallada, que ayer no tuvo agenda pública y permaneció en un absoluto silencio. No se ha pronunciado sobre la decisión trasladada por la dirección nacional y que el propio Alberto Núñez Feijóo le expresó de manera personal, en una reunión mantenida la tarde del pasado lunes en la sede madrileña del partido. Mallada tiene en su mano mantener un pulso que ayer desgastó internamente al partido o aceptar una posible salida que resuelva la aparente encrucijada.

El segundo foco señala directamente a Génova. En Madrid hubo reuniones, cónclaves y consultas, pero sólo se trasladó silencio. "Por el momento no hay declaraciones", indicaban responsables de prensa del partido. La valoración final que haga la dirección nacional sobre el conflicto y la posición que finalmente adopte Mallada (en medios nacionales se asume que debería ser ella quien haga el siguiente movimiento), será determinante para la sentencia definitiva a un conflicto que ha sacudido hasta la última junta local del partido.

La opción de una gestora sobrevoló entre dirigentes y militantes, pero tanto Génova como el entorno de la aún presidenta mantuvieron un férreo silencio

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La jornada se desarrolló por etapas. Dirigentes locales, afiliados, portavoces municipales... cargos orgánicos de toda índole reconocían que la noticia (pese a que se daba por hecha la decisión de Génova en numerosos círculos) cayó como una bomba de neutrones en el partido.

Desde primera hora, juntas locales próximas a Mallada, salieron en tromba con un mensaje claro: se necesita un congreso regional en Asturias y Mallada debería tener, si lo desea, todas las libertades para optar a presidir de nuevo el PP asturiano. No cabe, sostenían, un veto a la presidenta.

Otros dirigentes del partido, que ya se habían alineado con la posición de Génova y que tenían claro que esa terminará, a la postre, por ser la posición dominante, guardaban silencio.

Cuando a la tarde las posiciones entre ambas cúpulas no avanzaban a la velocidad deseada, un segundo torrente de declaraciones brotó desde diferentes rincones de Asturias, con otro mensaje: es necesario acatar la decisión adoptada por la dirección nacional y enfocar a la organización hacia el objetivo de lograr el mejor resultado en las elecciones autonómicas del próximo año, a la vuelta de la esquina.

Por medio se propagaron rumores diversos que pasaron desde la probable dimisión de Mallada hasta las posibilidades de que la situación se enrocase en un conflicto agotador.

Ayer no fue el momento siquiera de hablar de posibles candidatos que sean futuro cartel electoral, ni de nombres que podrían establecer la renovación en el partido y aunasen las sensibilidades abiertamente discrepantes que se fueron expresando con el paso de las horas, decantando la imagen de un PP fracturado.

¿Roto? Precisamente evitar eso fue el objetivo de las últimas horas de la jornada. Sobre los interlocutores pesaba la historia de tres crisis internas, dos de las cuales terminaron con una dolorosa fractura. Y pese al silencio de ambas partes, la posible solución puede venir, precisamente, de la conjunción de los mensajes expresados desde los dos lados: asumir un ya inevitable proceso de renovación y despejar del mejor modo posible, el camino al congreso deseado, que no puede ser en ningún caso un cónclave de enfrentamiento.

No hay mucho margen: la dirección nacional desearía resolver la cuestión antes de que acabe el año y con la fórmula del congreso. Sobre la mesa hay otras opciones que la ejecutiva de Alberto Núñez-Feijóo se guarda en la mano y avaladas por los estatutos del partido, como forzar la constitución de una gestora, una solución que en medios del partido se reconoce como la menos adecuada.

Así las cosas, todo parece indicar que el desenlace final se producirá en las próximas horas, tras una maratoniana jornada que dejó exhaustos a dirigentes, afiliados y cargos orgánicos. Dos cuestiones quedaron claras del dibujo que mostró el PP asturiano: la discrepancia es evidente. La pregunta es si será insalvable.

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