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"Me dio un ictus por ello", dice la acosada por su vecino con la música en Belmonte

La víctima, de 75 años y ahora en silla de ruedas, afirma que todo fue por acoger en su casa al padre del acusado, "que solo venía a pedirle dinero"

Entrada al concejo de Belmonte de Miranda.

El juicio contra José Aurelio P. S., de 60 años, por martirizar a su vecina, que ahora tiene 75 años, con la música al alto la lleva a todas horas, incluso de noche, a lo largo de varios años, quedó suspendido este jueves debido a que un agente local de Belmonte de Miranda, en uno de cuyos pueblos se produjeron los hechos, está de vacaciones y no puede prestar declaración. Se trata de un testigo esencial para las acusaciones. Además, el magistrado titular del Juzgado de lo penal número 1 de Oviedo, José María Serrano, está de baja, y se optó por la suspensión en aras a garantizar "la unidad del acto".

La víctima, María Clara S. A., que acudió al juicio en silla de ruedas, asistida por su hijo, no pudo ser más clara: "Me dio un ictus por su culpa". Los hechos, por los que tanto la Fiscalía como la acusación particular, que ejerce la víctima, solicitan cinco años de prisión, se produjeron entre 2014 y la actualidad, en dos casas unifamiliares pareadas. "Nos cogió manía porque acogimos a su padre y le prohibimos la entrada a casa, porque solo venía a pedirle dinero. Él siempre había estado en mi casa", contó el hijo de la anciana a LA NUEVA ESPAÑA.

Durante quince minutos

Éste describió la saña con la que el acusado martirizó a su madre durante años, sin que las fuerzas de seguridad pudiesen hacer lo más mínimo, y todo ello por la astucia del supuesto agresor. "Ponía la música a tope durante diez o quince minutos, y luego la quitaba y se iba. Para cuando llegaba la Guardia Civil al pueblo, la música ya estaba apagada y él no estaba en la vivienda, con lo que no se podía demostrar lo que estaba pasando", asegura el hijo.

La música estaba tan alta que retumbaban las paredes de la casa, robando la paz a la anciana. La inquina del acusado alcanzó tal punto que llegó a poner temporizadores para que la música se activase en plena noche durante un tiempo, para despertar a su vecina, mientras él, que vive en Oviedo, no estaba en la vivienda.

El ministerio público sostiene que la única finalidad de este hombre –que se crió y estudió en Bélgica, aunque luego regresó a Asturias– era causar el máximo daño a la víctima. Su defensa, a cargo del letrado Ramón Triguero, solicita la libre absolución, al considerar que la denuncia no se sostiene.

El acoso al que fue sometida la anciana tuvo sus consecuencias. La mujer vio agravadas las dolencias que sufría e incluso desarrolló un cuadro de ansiedad, por el que tuvo que ser tratada.

Aparte de la pena de cárcel, el ministerio público solicita que el acusado no pueda acercarse a la víctima, ni comunicarse con ella, por espacio de siete años. Pide además el pago de una indemnización de 20.000 euros, que la acusación particular, a cargo del letrado Víctor Llanes, eleva a 24.000. José Aurelio P. S. está acusado de un delito continuado de coacciones, así como de otro de lesiones, por los daños físicos y mentales sufridos por la víctima.

Los hechos


  • Acusación. Tanto la Fiscalía como la acusación particular sostienen que el acusado ponía la música a muy alto volumen a todas horas, incluso de noche, con temporizadores, con el único fin de molestar a su vecina.
  • Consecuencias. La víctima asegura que sufrió un ictus a consecuencia de la tensión. Desarrolló además un cuadro de ansiedad.
  • Peticiones. Las acusaciones solicitan cinco años de cárcel e indemnizaciones de 20.000 y 24.000 euros.

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