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Juanjo, el hombre del medio millón de citas con los especialistas del HUCA

Juan José Llerandi Larriety se jubila después de 34 años: "He vivido cuatro cambios informáticos, cada uno con sus dificultades y traumas"

Juan José Llerandi, el pasado viernes, en el pincheo de despedida que le dieron sus compañeros del HUCA. | | MIKI LÓPEZ

Su perro no entendía nada ayer. Era lunes y su dueño estaba en casa y le ofrecía salir a dar un paseo por la mañana, cosa muy poco habitual.

Tan poco habitual como que ayer fue el primer día oficial como jubilado de Juan José Llerandi Larriety (Puerto de Vega, 1957). Usted, lector, puede pensar que no le conoce de nada, pero no sería raro que haya tenido algún contacto anónimo, probablemente telefónico, con "Juanjo, el jefe de citaciones", como le llaman sus compañeros del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Al cumplir 65 años, se jubiló el pasado viernes después de haber dado cerca de medio millón de citas con el especialista en los últimos 34 años.

–Estoy muy contento, comienza otra etapa –explica a LA NUEVA ESPAÑA este hombre sonriente, corpulento y rebosante de humanidad a quien muchos añaden ese epíteto que en el momento de la jubilación adquiere un especial relieve: "Una persona muy querida".

Lo primero, explicar sus apellidos, que implica resumir su historia familiar

–El Llerandi proviene del concejo de Parres, y el Larriety de Puerto Vega. Mi padre, que era de Llames, estaba arreglando carreteras por el occidente de Asturias, por la Diputación, y conoció a mi madre. Y el Larriety es de finales del siglo XIX. Lo trajeron cuatro marineros vascos. Iban por la costa y, según pescaban, entraban a vender. Dos Larriety y un Istillarty entraron en Puerto de Vega y se quedaron allí. Como de aquella no había tele, la descendencia fue numerosa.

Lo segundo, su trayectoria profesional:

–Estudié Bachiller y Administrativo. Empecé en Gestoría Miralles. Después, me presenté a unas oposiciones, las aprobé y el día de América en Asturias, 19 de septiembre de 1988, empecé a trabajar en Admisión de urgencias y citados para ingresos, en el Hospital Covadonga (la antigua Residencia Sanitaria de Oviedo).

En aquel momento, todavía no se habían fusionado el Covadonga, el Hospital General y Silicosis, unión que daría lugar al Hospital Universitario Central de Asturias.

–Trabajar en la privada me marcó un poquitín. En la privada ibas con la lección aprendida de que había que mirar por las cosas, apagar las luces, aprovechar los bolígrafos y esas cosas... Y, para mí, llegar al Hospital Covadonga fue un shock. Como me gustaban la actividad y la intensidad, me fui a Admisión de urgencias, que era donde había más ritmo.

Se imponía adaptarse a un ecosistema nuevo y muy diferente:

–Lo primero que hice fue comprarme un libro de terminología médica, porque estaba introduciendo diagnósticos y no sabía lo que significaban aquellas palabrejas, y siempre tuve interés por aprender.

Luego vinieron algunos cambios:

–En 1989, la doctora María Luisa Cagigas, jefa de Admisión de entonces, me puso de jefe de grupo de citaciones. Mi puesto estaba en el ambulatorio de La Lila, pero me mandó provisionalmente a Policlínicas del Hospital General, porque el anterior jefe de citaciones había ascendido. Fui uno de los pocos que pasé de lo que entonces era el Insalud al Hospital General.

El complejo hospitalario de El Cristo tenía distintos ritmos de progresión:

–En el Hospital General ya estaban informatizadas las consultas. Entonces, empezamos a informatizar las consultas del Hospital Covadonga: las de ginecología, pediatría y consultas externas. Las cosas salieron bien, y allí me quedé hasta el traslado del HUCA a La Cadellada. Durante los años de fusión de los tres hospitales era raro el servicio en el que no había conflictos. Después, afortunadamente, desaparecieron.

En tres décadas y media, no queda otra que adaptarse a varios saltos tecnológicos:

–He vivido cuatro cambios informáticos, cada uno con sus dificultades y sus traumas.

El último, ya en el nuevo HUCA, fue la implantación del famoso sistema Millennium.

"Siempre he tenido muy en cuenta ayudar a la gente mayor y de los pueblos"

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–El Millennium fue traumático, sobre todo para los médicos, porque les exige mucha labor de tipo administrativo. Les lleva un tiempo que entendían que debían dedicar a la exploración de enfermos. Ahora, Millennium ya va solo y nadie pone pegas.

El traslado del HUCA al actual edificio de La Cadellada tuvo lugar en 2014. No todos lograron asimilarlo:

–El traslado a La Cadellada y el inicio del Millennium coincidieron con un relevo generacional importante de personas que habían entrado en el HUCA en la misma época. Hubo gente que, ante los cambios, incluso decidió adelantar su marcha.

Que Juan José Llerandi ha disfrutado en su trabajo es algo que resulta evidente:

–No ha sido una tarea rutinaria. Ha sido apasionante. Ayudar a la gente y tener esa actividad y esa tensión diaria te mantiene vivo y te da fuerzas. Además, te sientes muy respaldado y muy útil porque ayudas a la gente. En Policlínicas atendíamos al público directamente. Desde el traslado, todo telefónico. Aunque no sea un puesto de mucha relevancia económica y de estatus, es un puesto muy importante, estratégico. ¿Quién no acude a citaciones para cambiar, anular, adelantar, programar una cita de un familiar, de un hijo, de un vecino...? Te surge un problema, no te dan permiso en la empresa, y tienes que llamar para cambiar la cita, que te la reprogramen con cierta agilidad...

Vivido con voluntad de servicio, el trabajo se convierte en un ejercicio muy personalizado:

–Sobre todo, siempre he tenido muy en cuenta ayudar a la gente mayor y de los pueblos. Dar una cita a una persona joven a las ocho de la mañana es fácil. Pero dársela a una persona mayor que viene con deterioro cognitivo o desde Ibias o Cangas del Narcea... Hay que ubicarla en el mejor sitio posible para que llegue a una hora prudente. No solo es dar una cita. Es ir un poco más allá.

Un ejemplo trivial, pero significativo:

–En Pola de Siero tienen mercados los lunes. Entonces, hay veces que te plantean cosas así. Pues, oye, se la das el martes o el miércoles. Son pequeños detalles importantes para las personas.

Hay citas con mucha enjundia:

–Una historia que recuerdo es que, una vez, a una persona desconocida le adelanté una cita de medicina interna. Un tiempo después, vinieron a agradecérmelo porque el médico les dijo que ese adelanto de cita le había salvado la vida. Vinieron a agradecérmelo personalmente y eso es una satisfacción que te llena. Hay muchos casos de gente a la que ayudas.

¿Habrá salvado Juan José Llerandi muchas vidas a lo largo de tantos años?

–Bueno, eso es una frase muy grande para mí; es más bien para los médicos. Pero saber que has ayudado siempre es gratificante.

Concluye su itinerario laboral como emoción.

–Quiero dar las gracias a mis compañeros. Y reseñar mi admiración por algunos de ellos, que están en puestos de cuidados paliativos, de oncología pediátrica, de oncología, que hacen una labor encomiable.

En su corazón hay un compartimento para situaciones singulares.

–Quiero enviar mucha fuerza a la doctora Cagigas, la que fue mi jefa, que está pasando por unos momentos difíciles porque el pasado febrero perdió a su marido, el doctor Salvador Tranche. Y también al doctor Luis Hevia, gerente del HUCA, que está recuperándose. Quiero darles mucho ánimo.

Comienza otra etapa, surgen nuevos retos.

–Mi familia ha sufrido mi trabajo. Llegaba a casa cansado, estresado y siempre trataban de ayudarme y de animarme. Tengo dos hijos. Uno de ellos tiene pareja, Stina, que es de Estonia, una chica encantadora. Uno de mis objetivos, una vez jubilado, es aprender inglés para poder relacionarme con mi familia de Estonia.

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