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Los centros de salud, principal foco de queja de los usuarios en Asturias

Situaciones ilógicas y teléfonos que nunca se descuelgan copan las denuncias en la sanidad tras la pandemia

Esta información ha sido elaborada por J. A. A. / M. R. / L. Á. V. / A. R. / F. L. J. / A. P. G.

La sanidad es uno de los servicios que más quejas acumula respecto a la atención a los usuarios: teléfonos que no se descuelgan o situaciones esperpénticas en las que la "norma" de la cita previa prevalece por encima del sentido común. Pero situaciones así también ocurren en otros ámbitos. Estos son algunos casos recopilados por LA NUEVA ESPAÑA y denunciados por sus protagonistas.

Una viuda sin poder tramitar la pensión

Tras el duro trago de perder a su esposo, una viuda asturiana se encontró con que no podrán tramitar su pensión hasta, al menos, dentro de tres semanas y media, cuando le dieron cita para realizar las gestiones necesarias para poder empezar a cobrar. La tramitación de las pensiones de viudedad es una de las gestiones que requiere mayor urgencia, pues en muchos casos se trata del único ingreso que recibe el cónyuge y la tardanza en cobrar ese dinero puede ocasionar dificultades añadidas a las ya lógicas por la pérdida de un ser querido con el que se ha compartido la vida. La mujer se encontró con que no le dan la cita previa para la atención presencial hasta 25 días después de pedir la cita. Si la consulta fuera exclusivamente telefónica, entonces el plazo se adelantaba dos semanas.

A urgencias porque no cogen el teléfono en el centro de salud

El rosario de quejas por situaciones que provoca la cita previa en la sanidad pública y, sobre todo, en la atención primaria, se ha agudizado desde la pandemia. "En mi centro de salud ni aceptan consultas presenciales, ni cogen el teléfono. ¿Solución? ‘Vete a urgencias’. Es una auténtica vergüenza", denuncia una persona, que prefiere preservar su identidad, y que ha sido cargo electo en la política asturiana. "He visto a una mujer que se presentó en su centro de salud porque no le cogían el teléfono para insistir en la necesidad de una cita presencial a causa de un medicamento que le resulta vital, y desde el centro se la niegan. A ello se suman los malos modos de la persona que está al otro lado de la ventanilla, con gritos y un tono que debería ser absolutamente intolerable con una paciente que, en cambio, mantenía una actitud exquisita", asegura. "En algunos centros de salud las consultas presenciales siguen siendo una odisea: en mi centro, por ejemplo, la tramitación de la cita online únicamente permite solicitar citas telefónicas. Aún en esas condiciones, hay que esperar días para recibir la llamada del médico. No dan hora, ni siquiera aproximada, y llaman una sola vez, así que si estás trabajando, conduciendo o en la ducha pierdes la consulta y toca volver a pedir otra y, por lo tanto, volver a esperar. Llamas y llamas y no te cogen el teléfono, así que en cualquier caso resulta prácticamente imposible", detalla este cargo electo, que concluye con una denuncia rotunda: "Nos están dejando a los ciudadanos sin derecho efectivo a la sanidad pública: algunos médicos de primaria ponen trabas para atender presencialmente o cuando lo hacen parece que están en huelga encubierta. Te mandan al hospital aunque sea una cuestión urgente menor, como una cistitis o una sinusitis. El resultado son centros de salud que dicen estar colapsados, pero permanecen vacíos y las urgencias del hospital saturadas con casos que deberían tratar en las urgencias extra hospitalarias".

Más de cien llamadas para lograr cita en el centro de salud

El médico al lado de casa pero imposible hablar con él (descartada la consulta presencial) porque en la centralita no cogían el teléfono, colapsado. Y ni hablar de entrar al mostrador a tramitar la cita. Así las cosas fueron necesarias más de 120 llamadas de teléfono, en concreto, 123, para lograr contactar este pasado julio con el centro de salud de Pumarín (Oviedo) para actualizar una receta electrónica. La primera llamada del paciente fue a las 9.27 horas; la última, a las 17.40. Nadie descolgaba el teléfono.

El médico, sólo al teléfono aunque la sala de espera esté vacía

Un gijonés acudió en verano, a última hora de la tarde de un día laborable, a la farmacia porque se le habían acabado unas pastillas para control del ácido úrico que tenía recetadas desde hace tiempo, como enfermo crónico. En la farmacia le denegaron la entrega porque la prescripción ya no estaba registrada en su cartilla y le indicaron que sin receta médica no podrían dársela. Pero le recomendaron que se acercase al centro de salud que tenía a solo unos metros, para que se la prescribieran, y así podrían darle las pastillas. El gijonés se acercó al citado centro de salud, que en aquellos momentos se encontraba vacío de pacientes. En la ventanilla de admisión le dijeron que sin haber llamado antes por teléfono para pedir la cita el médico no podía atenderle. El afectado le explicó que solo necesitaba una receta, para seguir con la medicación que tomaba a diario. Nada, no hubo manera. En ventanilla de admisión le dijeron que sin llamar antes y pedir cita no podían atenderle ni dejarle pasar a la sala de espera, donde no había nadie, porque las atenciones con el médico eran telefónicas. El paciente salió del centro, llamó y pidió cita, y, mientras caminaba hacia donde tenía aparcado el coche, recibió llamada al centro de salud. Era el médico, que le atendía telefónicamente, y le preguntaba por su caso. Y entonces sí, le renovó telefónicamente la prescripción.

La Prehistoria con guía, con antelación y sin excepciones

Dos matrimonios deciden aprovechar un día ocioso de un puente festivo para conocer el Museo de la Prehistoria de Teverga. Con antelación sacan por Internet las entradas y eligen la opción de visita guiada. El día de autos amanece con un gran temporal y aun así deciden desplazarse de Gijón a Teverga. Al llegar el complejo museístico, faltan unos minutos para que empiece su visita reservada y se percatan de que posiblemente hagan la visita solos porque el centro está prácticamente vacío. En el punto de recepción y de control de entradas detectan que hay un problema: su reserva no aparece en el registro de Internet de ese día. Les avisan de que quizá el proceso de reserva por internet se cerró antes de que se completará, y por eso el trámite no quedó validado. Pero no hay problema, porque no hay más visitantes, así que sobre la marcha sacan nuevas entradas y de nuevo piden la opción de visita guiada. Pero les dicen que no es posible, porque las visitas guiadas se tienen que reservar con un plazo de tiempo mínimo de 15 minutos antes del inicio de la sesión y ellos ya están casi a menos de uno o dos minutos de iniciar el recorrido. Preguntan si es que no hay guía a esa hora que esté en el centro y les dicen que sí, sí que está, y no tiene a nadie a esa hora. En teoría, nada impediría que los acompañara. Pero no puede hacerlo, según los responsables en ese momento de los accesos al centro, porque el programa informático ya no permite, con tan poca antelación, registrar la visita con opción de guía. Y no hubo nada que hacer. La guía les recibió a la entrada del recorrido del museo, les indicó por dónde seguía la visita y volvió a sentarse, sin tarea, en el centro de recepción. Y los visitantes, solos, tuvieron que hacer la visita sin guía porque había que reservarla con 15 minutos de antelación.

La amabilidad de la funcionaria para una cita previa "exprés"

Oficina de un servicio regional en la villa del centro asturiano. Un jubilado pasa por delante y viendo que no hay nadie entra para preguntar sobre un trámite. La funcionaria le da el alto, le explica que solo puede atenderle si ha pedido cita previa y le pide que salga. El hombre no lo entiende, pero en este caso tuvo suerte: la trabajadora le da el teléfono y le insta a llamarla por el móvil desde la calle –le explica que hay que registrar tal procedimiento para cumplir con las normas–. El interesado lo hace, la funcionaria le da sobre la marcha la cita para esa mañana y asunto arreglado.

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