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Las consecuencias de la designación del candidato del Partido Popular

Un giro inesperado en la escena política

El perfil de Diego Canga, inusual en unas elecciones asturianas, fuerza a la derecha a replantearse objetivos y al PSOE a recobrar músculo de cara a la batalla en las urnas

Diego Canga

Irrumpe Diego Canga (Oviedo, 1964) en la política asturiana con una hoja de servicios intachable, elogios a diestra y siniestra y varias incógnitas que, mal que bien, se despejarán con el tiempo. Pero mientras esas preguntas aguardan respuesta, ha trabucado el marco político en el que se disputarán las próximas elecciones autonómicas. Resulta evidente: ayer mismo, sin aún haber sido oficialmente investido candidato autonómico del PP, ya tuvo su protagonismo en la Junta General.

El "evento Canga" requiere análisis. Antes de nada: aunque es cierto que su nombre sonó casi como de soslayo, muy al principio, en las conversaciones entre Génova y el PP asturiano para buscar candidato, nadie le dio crédito. ¿Cómo podía aceptar entrar en la política asturiana un funcionario de alto nivel en la Unión Europea, con un aura inmaculado y ajeno a los despellejes tan patrios en las comidillas, que acababa de acceder a un puesto de responsabilidad, y facilitador de requerimientos para Asturias viniesen de quien viniesen? "Imposible", repetían algunos. Pero si el nombre estaba ahí era por algo. Precisamente esa aparente imposibilidad amplificó la sorpresa cuando LA NUEVA ESPAÑA reveló quién se escondía tras ese mantra de "candidato ganador" que Génova repetía y que sonaba a etiqueta vacía.

El candidato que al PP asturiano le llega de Bruselas emprende un sendero hacia una política desprestigiada, carente de diálogo sincero y convertida en una sucesión de ingeniosas réplicas de tertuliano. Y lo hace, además, sin haber sido alguien que haya gustado de estar en el proscenio.

En segundo lugar, lleva a la práctica algo que ha formado parte de su filosofía personal, con la que impulsó la asociación Compromiso Asturias XXI: la necesidad de que el talento asturiano radicado más allá de las fronteras del Principado regrese a su tierra para tratar de aportar progreso. Por último, no se puede negar que, justo en un momento en el que los políticos asturianos repiten que los fondos europeos han de ser una oportunidad para impulsar la región, el hecho de que opte a la Presidencia del Principado un buen conocedor de las tripas de la UE es una hábil jugada.

El mero anuncio de su nombre ha tenido dos consecuencias inmediatas: ha congelado las rencillas internas del PP dejando al partido con las cejas alzadas y cierto descoloque, y ha obligado a resituarse a los partidos de centro-derecha (incluido Foro, pese a su aparente inicial reacción subestimando al candidato), planteándose si realmente cabe alguna posibilidad de arañar la histórica hegemonía del PSOE sumando fuerzas.

Y aunque el PSOE guarda silencio o repite fórmulas ya conocidas cuestionando el sistema de designación de candidatos del PP, lo cierto es que también la presencia de Diego Canga en la ecuación electoral trastoca a los socialistas. Por lo pronto, porque impulsa la batalla dicotómica en Asturias (dos candidatos solventes de perfil) frente al esquema que esperaban los socialistas, que se han sentido cómodos en escenarios domésticos de fragmentación y aritméticas parlamentarias variables.

Vienen ahora las incógnitas, que no son pocas. A Diego Canga se le presupone un perfil, pero desconocemos cómo se comportará cuando entre en la arena de los mítines, programa o el barro dialéctico. Pero la apariencia es que establecerá un juego distinto al habitual. Al PSOE no le quedará otra que asumir el cambio de reglas o enrocarse en lo suyo y que cada cual elija. Faltará por ver cómo compone el PP su lista, pero quizás los socialistas deban reforzar el escuadrón de gestores si, como se prevé, Juan Cofiño no repite. Necesariamente, lo veremos, los socialistas reaccionarán. Pero la principal incógnita está en el propio Partido Popular asturiano, si será capaz de aplazar sus cuitas esperando el resultado que quede tras las elecciones de mayo, si sabrá acordar listas en los municipios con el mismo espíritu que ha llevado a la designación de Diego Canga, de integración y no de rodillo, sin ejecutar vendettas de conciliábulo.

Y por último, las desventajas de Canga. No es un nombre conocido por el común de los asturianos (hasta algún cargo regional del PP tuvo que buscarlo por internet); en eso Barbón le saca más de un cuerpo. Pero también es cierto que sí le identifican bien en el mundo empresarial y también los productores del medio rural, así como emprendedores y jóvenes asturianos de la diáspora.

Tampoco el candidato ha aclarado qué hará de no conseguir la Presidencia del Principado, si se permanecería como portavoz parlamentario o si aspira a liderar el PP asturiano. Sus palabras –"no dejo Bruselas para ser segundo"– hacen pensar inevitablemente en el "caso Juan Vázquez". Lo que sí es plausible es que el movimiento de Génova para atraerle conlleve recorridos futuros, bien en un hipótetico Gobierno nacional del líder popular Alberto Núñez Feijóo, bien de vuelta a la UE con otro estatus.

De todas maneras, el "evento Canga" ya ha tenido sus consecuencias. Veremos qué ocurre de aquí a las elecciones. Será importante también el fuelle con el que llegue a mayo Núñez Feijóo, pues acusa ya un desgaste demoscópico. Pero lo que parece claro es que los populares apostarán en las autonómicas con una idea de "cambio" como antesala a las generales. Con todas esas ventajas y desventajas afronta el candidato popular su camino difícil, su propia canga (sendero estrecho y peligroso entre peñascos, en asturiano), habiendo logrado ya un giro inesperado en la trama política regional.

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