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El estímulo para que los médicos de familia no se jubilen: cerca de 5.000 euros al mes

El Gobierno central propone incentivar la jubilación activa de los facultativos de Primaria sumando a su salario el 75% de la pensión

Acceso al centro de salud Paulino Prieto (Oviedo).

Ante la escasez de médicos, una oferta tentadora sobre la mesa: entre 4.500 y 5.000 euros netos al mes por continuar trabajando después de alcanzar la edad de jubilación.

Esta es la propuesta planteada de manera conjunta –y para todo el país– por la ministra de Sanidad, Carolina Darias, y el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá. El objetivo último consiste en estimular la jubilación activa de los médicos y pediatras de Atención Primaria en España, de forma temporal y excepcional, para solucionar el déficit de estos especialistas en el Sistema Nacional de Salud.

¿Cuál es el mecanismo ideado? Que los profesionales del sector público puedan acceder a la jubilación activa –sigan trabajando– con su salario más el 75 por ciento de la pensión. En el momento actual, un médico de un centro de salud en Asturias con edad próxima a la jubilación percibe una retribución de entre 3.000 y 3.500 euros netos al mes. Si se le suma el 75 por ciento de la pensión, la cifra resultante oscilaría entre 4.500 y 5.000 euros mensuales por continuar en activo a jornada completa.

Ambos ministros lanzaron esta iniciativa días atrás ante la Comisión de Recursos Humanos del Consejo Interterritorial de Salud. «Ha sido muy bien acogida y se suma a las medidas que ya hemos ido adoptando para seguir dando respuesta y fomentar la incorporación de médicos», señaló la ministra Darias.

Se trata de un programa piloto «temporal y excepcional» con una duración de tres años «solo acotada a médicos de Atención Primaria». Con ella, se permite el régimen de jubilación activa a los médicos en el sector público; se ha mejorado el régimen de compatibilización de pensión, que se eleva del 50 al 75 por ciento, y se permite un régimen de jubilación activa parcial con el 50 por ciento de la jornada.

Asturias es una de las comunidades españolas que sufre un severo déficit de médicos de familia. Además, de aquí a finales del año 2025 alcanzarán la edad de jubilación teórica (65 años) entre 250 y 300 profesionales, casi un tercio de los que configuran la actual plantilla de los centros de salud. La cifra de jóvenes que pueden incorporarse en este mismo periodo es incierta, pero lo previsible a día de hoy es que sea sustancialmente inferior.

En el momento actual, en Asturias tienen prórroga en servicio activo entre 60 y 70 profesionales que ya han cumplido la edad teórica de jubilación obligatoria (65 años, salvo que no hayan cumplimentado su periodo de cotización). Al igual que todos los trabajadores que prorrogan su servicio activo, esta continuidad les mejora la cuantía de la pensión posterior en un 4 por ciento por año.

¿Y otras especialidades?

Además, hay facultativos que ya estaban jubilados y que volvieron al servicio activo mediante una norma excepcional y transitoria aplicada con motivo de la pandemia de covid-19. En ese supuesto, perciben una cuantía cercana a la suma del salario ordinario y de la pensión total que les corresponde. O sea, una cifra algo superior a la que corresponde a la nueva fórmula de emergencia.

En algunos ambientes sanitarios de la región se aplaude la medida planteada por los ministros, pero se observan matices de peso. Entre ellos, que en otras especialidades médicas también hay escasez. Por ejemplo, entre los anestesistas, que «perfectamente podrían continuar quizá no atendiendo largas cirugías, pero sí actividad más básica». Por eso temen que esta medida «genere agravios comparativos».

Según José Antonio Vidal, secretario general del Sindicato Médico de Asturias (SIMPA), «a nivel individual, esta opción es perfecta para quien pueda y quiera». Sin embargo, añade el doctor Vidal, en lo que concierne al sistema sanitario en su conjunto «es un parche muy parcial que vienen a compensar algún déficit numérico, pero absolutamente insuficiente para los déficits organizativos; incluso peor, agrava brechas salariales y generacionales».

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