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Menos de 1 millón

Cangas del Narcea, en manos de jóvenes sobradamente convencidos

Una nueva generación del concejo, lastrado por la sangría poblacional, no se resigna: han estudiado fuera y regresado para tirar de sus negocios y labrar futuro, "una cuestión de principios"

Alan García, Pablo Crespo y Alberto Ramos, en el centro de Cangas del Narcea, posando juntos para LA NUEVA ESPAÑA, con la colegiata de Santa María al fondo. | | FERNANDO RODRÍGUEZ

Son jóvenes, sobradamente preparados y también convencidos. Porque contra viento y marea, pese a que el futuro no pinta bien, como admiten, han decidido asentarse, trabajar y hacer su vida en su lugar de origen. Este no es otro que Cangas del Narcea, el concejo de España de los de más de 10.000 habitantes que más población ha perdido en la última década (2011-2021), según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

"En última instancia, la decisión de quedarnos es cuestión de principios, un compromiso con nuestra tierra, con nuestra gente", resumen Alberto Ramos, Pablo Crespo y Alan García "Manín", tres cangueses de la misma generación (acaban de inaugurar la treintena) que han optado por incorporarse y tirar del negocio familiar en Cangas del Narcea, donde volvieron después de irse fuera a estudiar. Lo mismo hizo José Víctor Fernández, con unos pocos años más que los tres. Se fue a estudiar a Derecho a Oviedo. En la capital asturiana abrió un despacho, pero también otro en Cangas. "No me lo pensé y creo que hice lo correcto, aposté por esto. Aquí se puede emprender como en cualquier otro lugar. Hay las mismas dificultades y muchas ventajas", señala convencido.

José Víctor Fernández tiene algo dejada de lado ahora la abogacía, pues en 2015 se convirtió en Alcalde de su concejo natal. Otra forma de apostar por el territorio –la de la política, la gestión local–, distinta a la de los tres empresarios a los que conoce de toda la vida. Alberto, Pablo y Alan son sus vecinos. A estos y al Alcalde les separa ahora una línea: unos tiran desde la iniciativa privada de la economía local, mientras el segundo trata de sacar adelante todo un municipio con su gestión en la administración pública.

Pero los cuatro están en el mismo equipo de los que apuestan por el medio rural y, en concreto, por su querida Cangas del Narcea. Coinciden con la mayoría en el diagnóstico del motivo de la acusada sangría poblacional del municipio, que se ha dejado un 15,1% de habitantes en diez años y ahora ronda los 12.000: el fin de la minería en 2018 supuso el fin de un sector clave en la economía canguesa y del resto de la comarca suroccidental, unas de las más despobladas de Asturias.

Pero asumido esto, apuestan por pasar página, mirar al futuro y tratar de hacer de su tierra un lugar atractivo para emprender, trabajar y vivir. Ahora bien, su relato difiere a la hora describir la situación actual, porque donde José Víctor Fernández ve muchas facilidades, avances y ventajas, sus tres vecinos empresarios ven dificultades, baches y muchas cosas a mejorar. El político frente al ciudadano.

Alberto Ramos estudió Historia, pero no le convenció. Hizo un máster en organización de eventos y se sumó al negocio familiar, Floristería La Plaza, que desde hace más de 30 años gestiona con gran éxito su madre, Kiti Pérez, en pleno centro de la villa canguesa. "Tengo claro que quiero estar aquí, la vida en un pueblo es más cómoda", explica. "Si no va bien esto, buscaré otra cosa. Pero por supuesto aquí". Tiene Kiti Pérez una floristería que es orgullo de toda Cangas –"ganan tantos premios que ya ni lo dicen", reseña y presume el Alcalde– y que ha sabido diversificarse: aparte de la venta directa, se ocupan de bodas, adornos florales, no solo en la zona, sino por toda Asturias. Les llaman de Oviedo, Gijón... "Mi hijo lo ha tenido más fácil para emprender en Cangas, porque ya tenía el negocio montado. Pero entiendo que haya gente joven que se vaya porque empezar de cero aquí ahora no es fácil", lamenta la florista.

Su hijo Alberto y sus amigos Pablo Crespo y Alan Manín creen necesario mejorar muchas cosas para que ejemplos como el suyo cundan y haya más jóvenes dispuestos a apostar por el concejo cangués, falto de relevo generacional que en el futuro amenaza, como poco, la supervivencia de sus negocios si no hay clientes: menos burocracia para facilitar el emprendimiento; menos impuestos al pequeño comercio; una estrategia definida de actuación, con la apuesta por sectores que den empleo; mejorar las comunicaciones por carretera; mantener en buen estado los servicios básicos (agua, luz, conexión a internet); reorientar las ayudas a cuestiones más prácticas y necesarias, y un largo etc.

Kiti Pérez, decorando la fachada de su floristería, La Plaza. | Fernando Rodríguez

"Al menos, si no hay apoyos, que nos dejen hacer y nos faciliten las cosas, sin trabas", resume Alberto, quien tuvo que sufrir, por ejemplo, el atasco burocrático administrativo poder optar ayudas públicas. Es algo crítico y duda mucho de que el turismo sea una alternativa de futuro. Pablo Crespo y Alan Manín defienden en cambio la gran inversión que se hizo en su día en el Parador Nacional de Corias. "De alguna forma tira del resto de negocios, aunque es estacional", señalan.

Son muchos los visitantes que se van de Cangas con los ricos y ya famosos dulces, helados y panes artesanos de Manín y Llamber Manín Sucre. Los abuelos de Alan, Luis y Nieves, empezaron en el pequeño pueblo de Borracán, donde su nieto mantiene el obrador que suministra al 70% de sus tiendas, que aparte de en Cangas se ubican también en Oviedo y Gijón. Esto le sirve para poner un ejemplo y comparar cómo es trabajar en el medio rural y en la ciudad: "Si en Borracán se me va la luz, puedo estar más de dos días sin ella. Si se va en Gijón, como mucho tarda dos horas", describe. "Este verano tuve obras, la calle levantada, delante de las panaderías aquí en Cangas, en pleno centro de la villa, en agosto, cuando viene la gente. Eso no puede ser".

Tiene quejas, pero también convicción de que ha hecho lo correcto al quedarse en su pueblo. "Alberto y Pablo tienen quizás más mérito que yo, que también tengo negocios fuera. Ellos dependen solo de esto", apunta. "Pero es que aquí ganamos más porque tenemos calidad de vida y estamos tirando de lo nuestro, de nuestros orígenes. Y debemos hacerlo juntos. Yo aspiro que mis dos hijos puedan labrarse un futuro aquí. No creo que Zelensky, de estar solo, pudiera defender Ucrania como lo hace. Lo mismo aquí: juntos y apoyándonos, podemos salir adelante".

A pocos metros de Manín está la ferretería Legazpi, de la familia de Pablo Crespo, quien tras irse a Oviedo a estudiar ingeniería decidió volver. "No lo veía claro y lo dejé", explica. "Me gusta la ferretería desde siempre, conocer al cliente, el trato cercano. Pero admito que el futuro se ve difícil, si no hay relevo generacional, no habrá clientes. Solo basta ver la edad de los que han entrado a la tienda mientras hablamos. Es gente mayor casi toda".

Opina Crespo que se necesitan proyectos que generen empleo a gran escala y cuidar al pequeño comercio de Cangas, el que da vida a la villa todo el año y ha estado ahí siempre. "Ahora con el teletrabajo se abren muchas opciones para atraer a gente. Y estamos nosotros, aquí, al pie del cañón. Deben facilitarnos las cosas, menos impuestos, no puede ser que la cuota de autónomos sea tan alta o más que el alquiler del local. Hay tantas pequeñas cosas que se podrían arreglar", describe.

La lista de quejas es grande, pero también la de ideas y, por supuesto, inamovible la decisión de los tres de apostar por Cangas. "No nos vamos", resumen estos amigos y empresarios antes de despedirse y volver a sus negocios, que no distan a más de un puñado de metros. Tampoco queda lejos el Ayuntamiento de Cangas, donde José Víctor Fernández recibe a LA NUEVA ESPAÑA con un relato positivo, de futuro y que de alguna manera haga olvidar esa estadística de pérdida de población que pesa como una losa. De sus tres vecinos y empresarios se muestra orgulloso. Y contento de su apuesta territorial.

Ahora bien, no acepta algunas quejas y críticas. Del mal estado de las carreteras dice que nunca se ha gastado tanto al año en arreglarlas. Ahí está el ejemplo del corredor del Narcea, con obras continuas en los últimos años. Ante eso de que falta una estrategia clara, exhibe el Plan del Suroccidente del Principado y su idea de que en los próximos años los fondos europeos del Leader deben centrarse en apoyar al sector agroalimentario para sacar rendimiento al buen producto de Cangas, (carne y hortalizas). "Debemos generar suelo industrial para que se puedan abrir empresas y atraer proyectos", señala.

Fernández anima a cualquier joven a emprender en su concejo si esa es su idea. "Difícil lo es en todos lados. Yo les diría además que hay que ventajas respecto a la gran ciudad, como la calidad de vida, todos nos conocemos, y eso es bueno. Hay opciones: ahí está el ticket rural, con ayudas de 25.000 euros para empezar. Muchas veces es desconocimiento lo que nos frena. Sin duda hay futuro". Palabra de Alcalde y de cangués convencido.

La huerta de Portiella donde creció el futuro de Adela y Pepe sin irse de su territorio

Sabrina Trapani, Ari di Giovanni, Pepe Fernández y Adela Rodríguez, en La Huertina de Adela, en Cangas del Narcea. |

Ari di Giovanni es de Roma, pero desde hace un tiempo vive en Cangas del Narcea. Su mujer trabaja en una farmacia y él se ocupa de la casa. Cree que hay poco trabajo y que el lugar tiene malas comunicaciones. Aún así, está contento y a gusto: "Esto es muy bello". Esta mañana ha entrado con Sabrina Trapani en La Huertina de Adela a comprar arroz rojo y algo de verdura para hacer la comida. Este establecimiento, en plena travesía de Cangas del Narcea, lo regentan Adela Rodríguez y Pepe Fernández, ejemplo de saber abrirse camino en base a las posibilidades que les brinda su tierra natal. Porque tenía Adela una huerta en Portiella de la que vendía de vez en cuando verdura y animada por sus clientes decidió profesionalizarse. "No nos quejamos, pero hay épocas difíciles. Esta es una", explica la tendera, quien entiende que la gente se vaya fuera si no hay alternativas de trabajo. "La mina lo fue todo, esto se conocía como la ciudad del oro. Y ahora...". Adela, sin en cambio, no se fue y con su marido apostó por Cangas. "Mis padres tenían un ultramarinos, de alguna forma aprendí en casa". Pero ve difícil que su hija haga lo mismo. La joven es de los muchos cangueses que se ha ido fuera a estudiar, arquitectura, y que encuentra complicado regresar. "No lo ve claro dónde trabajar y lo entiendo. Hizo prácticas aquí, ahora las hace en Oviedo. En febrero se le acaban y ya veremos qué pasa...".

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