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Manuel González Díaz Catedrático de Organización de Empresas de la Universidad de Oviedo

"Es lógico: el agricultor y el ganadero se van del campo porque no ganan lo suficiente"

"El mercado se autorregulará: si sube el precio, el productor obtendrá beneficio, no cerrará la explotación y así volverá a haber leche"

Manuel González Díaz, en su despacho de la Facultad de Economía. M. R.

La Universidad de Oviedo coordina un proyecto europeo de investigación destinado a buscar soluciones de gestión y organización para que las pequeñas explotaciones agroganaderas sean viables y tengan futuro. En resumen: no se vean abocadas al cierre, un problema que preocupa seriamente en el sector en los últimos años. El trabajo se denomina "Gobernanza de la cadena de suministro agroalimentaria: cómo mejorar la competitividad de los pequeños agricultores (Agricompet)", en el mismo participan siete universidades e institutos de investigación de cinco países mediterráneos (España, Italia, Turquía, Grecia y Francia) y cuenta con 1,5 millones de financiación. El catedrático de Organización de Empresas y profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de Oviedo, Manuel González Díaz está al frente del grupo en España y coordina el trabajo con el resto de países.

–Su objetivo parece, como poco, complicado con la situación que atraviesa el campo.

–Buscamos soluciones sobre todo de gobernanza y organización para resolver los principales problemas de las explotaciones agroganaderas. Uno de los objetivos de la Política Agraria Común (PAC) de la UE es mejorar la productividad y hacer las granjas más competitivas.

–La gente se va del campo.

–Lógicamente se piensa que si el ganadero y el agricultor se va del campo es porque no gana lo suficiente. Y tenemos que resolver esto mejorando su posición en lo que llamamos la cadena de valor.

–¿Cómo?

–La posición de los pequeños productores es muy débil, tienen poca capacidad de negociación ante cualquier entidad de distribución, de las grandes marcas. No hay grandes empresas en el campo en Asturias enfocadas a la producción, a excepción a la Central Lechera Asturiana (Clas). En cambio, la distribución cuenta con empresas de más dimensión.

–España participa junto a otros países del arco mediterráneo. ¿Hay rasgos comunes que comparta los distintos sectores agroganaderos?

–Más de lo que tendemos a pensar. La idea general de este proyecto es estudiar en cada país cuáles son los problemas que tienen sus productores y tratar de trabajar con ellos y dar soluciones entre todos. El problema común es el pequeño tamaño de las explotaciones y el abandono del campo. Ahora mismo no atrae a gente joven y el reto es revertir esa situación. Llevamos trabajando casi año y medio y disponemos en total de tres años para hacerlo.

–¿Cómo lo llevan?

–Hasta ahora hemos tenido contacto con empresas, cooperativas, denominaciones de origen, distintas plataformas para vender productos por internet. Estamos determinando sus problemas para hacer una puesta en común y ver el denominador común. Luego llegará la fase más interesante, creo, que es la de proponer soluciones y ver cómo las asumen los actores, que digan lo que pueden hacer, lo que no...

–En la teoría suena bien, llevarlo a la práctica quizás es más difícil.

–Por supuesto, es más complicado y la idea es trabajar con el productor y ver si lo que le planteamos funciona. Es lo que denominamos la cocreación.

–¿En Asturias de cuántos productores hablamos?

–Nos centramos en el sector lácteo aquí, porque es el que tiene más problemas. Hablamos de unas 2.300 granjas.

–¿Y por dónde cree que llegará la solución para mejorar su rentabilidad?

–Van por dos vías. Una, la del mercado, conseguir que el producto del ganadero llegue al consumir de forma más rápida y sin tantos intermediarios. Esto pasa por la venta directa, a través del comercio electrónico, que en los últimos cinco años se ha duplicado y lo más probable es que vaya a más. En 2026 será el doble, según la previsión. Las ganaderías no pueden perder ese tren. Hay muchas iniciativas y variadas. Queremos ver qué modelo funciona mejor. Francia e Italia tienen la venta directa más desarrollada.

–¿Algún otro mercado?

–Sí, los mercados de suministro a la administración que genera la propia evolución de la regulación. La normativa europea sobre alimentación enfatiza mucho, cada vez más, la sostenibilidad, algo que los franceses tienen muy asumido. En España llega por una doble propuesta: potenciar en la normativa el consumo de productos ecológicos y de proximidad. Por ejemplo, En Asturias, en los comedores de los colegios, el producto de proximidad se define en un radio de 120 kilómetros y se fija que el 45% de los frutas y hortalizas que tienen que servir los comedores escolares deben ser de cercanía. Ahí se abre un mercado muy importante porque hay 48.000 niños en Asturias y, en ciudades como Oviedo, algo más del 60% come en el colegio. Es mucha comida. Si se compra a una multinacional, llega congelado de fuera. Pero si se garantiza por norma que el 45% sea de cercanía, se da riqueza al territorio y eso los productores locales deben aprovecharlo.

–Cada vez se demanda más producto kilómetro cero.

–Estamos empezando a verlo. De momento, no es obligatorio para presentarse para las empresas que optan a los contratos públicos en los comedores, pero si lo cumplen su oferta es mejor valorada. La administración puede hacer muchas cosas.

–¿Y la otra vía?

-La otra vía es la cooperativa para adquirir tamaño.

–Un problema, dice, del ganadero asturiano es que es pequeño.

–Desde un punto de vista económico está visto que la única forma de ganar capacidad de negociación con las grandes superficies es tener tamaño. En Asturias está el ejemplo de Clas, la única que puede toser a las grandes superficies. Si no tienes ese tamaño la distribución tiene todas las ventajas. Tenemos un buen ejemplo en leche, pero podría replicarse en carne, fruta... Un reto es lograr que se haga algo parecido en el sector cárnico, una cooperativa capaz de comercializar de forma conjunta. Es la debilidad del sector cárnico, la comercialización.

–¿Es la cooperativa un modelo a seguir?

–Sí, y también las denominaciones de origen, que es un ejemplo de cooperación público privada que da valor al producto y tiene muchos casos de éxito. Las identificaciones geográficas (DOP E IGP) facilitan la cooperación. En Europa es un modelo que funciona y, además, la PAC apuesta claramente por ello, por este tipo de marcas.

–¿Y qué falta en Asturias, más cooperativas, más denominaciones?

–El reto es conseguir que funcionen bien internamente, porque en estos casos siempre hay muchos problemas de gestión internos, falta de acuerdo para tomar decisiones... En Asturias hay muy pocas cooperativas. Y acusan otros problemas también.

–¿Cuáles?

–Falta de implicación de los socios en las mismas. Se ha perdido esa fidelización del socio, su interés. El principal reto es conseguir que participen en los órganos sociales y se impliquen. Los consejos rectores son gente muy mayor, que ya se están jubilando. A nivel de España la gente joven es solo un 10%, no hay relevo generacional.

–No hay relevo generacional para gestionar, ni para producir. Los jóvenes se van. ¿Por qué?

–Pues por falta de rentabilidad, también por la ingente burocracia que implica toda la normativa a cumplir. Y es que la gente mayor no ha animado a los hijos a quedarse porque les dicen que es sacrificado, se gana poco. Si los propios propietarios de las explotaciones no animan a sus herederos a quedarse, mal vamos.

–Con todo, el ganadero de leche está ganando ahora más al dispararse el precio, producto de la escasez. ¿Es bueno esto?

–El productor está ganando más capacidad de negociación al escasear la leche. Yo creo que las cooperativas deben tratar de captarlos y competir por ellos, por atraerles. En Asturias la primera vez que cayó algo la producción fue en 2021, faltan los datos de 2022. Hasta hace unos años se cerraban granjas pero la producción se mantenía. Ahora ya vemos que no.

–¿Corremos el riesgo de quedar sin leche?

–A ver, la guerra de Ucrania ha afectado a la producción, hay menos leche y se paga más. Pero yo creo que no es bueno que se tensione tanto el mercado. Aunque al final se autorregulará, porque si sube el precio de la leche, el ganadero ganará dinero y no cerrará su explotación, y así volverá a haber leche. Hay que buscar soluciones sostenibles: si ganas mucho ahora eso no se mantendrá durante mucho tiempo. La PAC apuesta por ingresos y rentabilidad sostenibles y razonables, que el modo de vida en el campo sea posible y la gente que quiere apostar por el sector pueda hacerlo sin problemas.

–¿Cree que llegan a tiempo con su proyecto de investigación o podría haberse hecho algo antes para evitar el despoblamiento del campo?

–No sé si llega a tiempo. Nosotros soluciones mágicas no vamos a dar obviamente. Es cuestión de tiempo y el propio sector está preocupado y está tomando medidas. Interés por modernizarse en tecnología, de mejorar la gobernanza para que las cosas funcionen... Nosotros les daremos las herramientas de cómo hacerlo, buscar modelos que funcionen y que se puedan replicar aquí.

–¿Qué lugar ocupa en Europa el campo asturiano económicamente?

–Somos muy pequeños. Por poner un ejemplo de nuestro producto estrella, la leche. Clas es la cooperativa de primer grado más grande que hay en España por facturación. En Europa, es menos de la décima parte de las cooperativas líderes holandesas o francesas. Yo creo que esto refleja nuestra posición en Europa. Eso es una debilidad.

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