Mari Luz y Filomena Martínez, las matriarcas del afuega’l pitu: "En nuestra casa siempre se hizo queso para la familia"
Las hermanas, naturales de Cubia, trasladaron a sus hijas la tradición que heredaron de su madre y crearon en Grado las queserías La Borbolla y Ca Sanchu

Las hermanas Mari Luz y Filomena Martínez Fernández en 1958 y en la actualidad.

Mari Luz y Filomena, de niñas, cuando todavía no llegaba el agua a su casa, se alternaban por las noches, con sus bonitos mandiles, para fregar todos los cacharros después de cenar su numerosa familia en Ca Florento, el caserío donde nacieron con catorce meses de diferencia, en el barrio de las Casas de Arriba, en la localidad de Cubia, en Grado.
Ambas hermanas son las mayores de los siete hijos que tuvo el matrimonio de agricultores formado por José Martínez Cienfuegos y María Isabel Fernández González. Nacieron en la misma casa que su padre, y su madre en Ca Ramón de Braulio, en las Casas de Abajo, también en Cubia.
Mari Luz vino al mundo el día de los Santos Inocentes de 1948 y Filomena, familiarmente "Minina", el 10 de abril de 1950. Después llegaron Florentino, que falleció con apenas 7 años, Mari Carmen, Maribel, José Florentino y Marisa.
"En nuestra casa siempre se hizo queso para el consumo de la familia. Comenzamos a elaborar afuega’l pitu en la cocina y luego en el hórreo. Lo aprendimos con nuestra madre y lo hicimos hasta que nos casamos y nos marchamos", afirman ambas al unísono. Luego sus hermanas pequeñas, Mari Carmen y Marisa, junto a su cuñada Marisol, lo siguieron elaborando en Cubia hasta que les obligaron a hacerlo con leche pasteurizada a principios de los años ochenta y ahí ya lo dejaron.
"Nuestra familia vivía de la agricultura y la ganadería, nuestros padres plantaban maíz, patatas, fabes y pan de escanda, y tenían ocho vacas ratinas, luego compraron otras pintas, y un burro muy fuerte que era muy zorro", afirma Minina. "En él transportábamos el maíz y la escanda hasta el molín de Miruxeo", prosigue Mari Luz.

Las hermanas Mari Luz y Filomena Martínez Fernández, en 1958. | Fernando Delgado / Fernando Delgado
"Cómo éramos las hermanas mayores, nos tocaba cuidar a los más pequeños", señalan. Minina comenzó a bajar al mercado de Grado a finales de los años sesenta para vender los quesos que elaboraban en Cubia. Estas dos hermanas bien avenidas mantienen una excelente relación y llevaron unas vidas muy paralelas.
Mari Luz se casó en 1967 con Francisco García, "Paco", y se mudó entonces a La Borbolla, el pueblo de su marido, donde cultivaban hortalizas y vendían leche por las casas. A finales de los setenta comienza a hacer queso "cuando se empieza a comercializar la leche envasada y ya no nos pagan casi nada por la que servíamos por las casas. Recuerdo que compré tres moldes para los primeros que hice, me salieron tiesos y me puse muy contenta", afirma Mari Luz. "Vendíamos los miércoles y domingos en el mercado de Grado", señala. Posteriormente, comenzó a acumular premios en el certamen anual del afuega’l pitu, que se inició en 1981 en La Foz de Morcín, y en 1992 ya instaló la quesería en La Borbolla dando un gran salto a la profesionalización. De sus cuatro hijos, Isabel y Ana, las dos últimas llevan ahora las riendas de la quesería junto a otras dos empleadas que tienen contratadas. Isabel fue la primera presidenta de la Denominación de Origen Protegida Afuega’l Pitu, creada en 2003. Las dos hermanas pequeñas gestionan ahora el negocio creado por su madre y transforman unos tres mil litros de leche a la semana, cuyo producto final venden a clientes particulares, al distribuidor Lisfersa, a comercios de proximidad y, cómo no, en el mercado dominical de Grado.
Minina se casó en 1973 con José Antonio Fernández Sánchez, "Sancho", y cambió entonces Cubia por Ambás, el pueblo de su marido. Allí prosiguió haciendo queso, que vendía en el mercado de Grado junto al pan de escanda y el dulce que también elaboraba. Luego construyeron una nave para el ganado con ordeño directo que comunicaba la cuadra con la quesería. Sus clientes son, en su mayor parte, particulares y tiendas de proximidad. Marta, la más joven de sus dos hijos, regenta ahora la quesería junto a su pareja Xel Díaz y una empleada. Reparten en furgoneta por la zona central de Asturias y también han obtenido numerosos premios en los certámenes anuales del afuega’l pitu.
Minina recuerda cuando, de soltera, llegaba a casa los domingos con el dinero de las ventas en el mercado de Grado que le venía muy bien para la economía familiar y su padre le decía "mientras haya queso en casa no faltará qué comer". Actualmente, la quesería Ca Sanchu elabora las cuatro variedades de la DOP: atroncáu blancu y roxu, en su mayoría, y también, aunque menos, roxu y blancu de trapu.
Tanto Mari Luz como Filomena, quienes trabajaron de sol a sol toda su vida y comenzaron desde cero, están muy contentas y se muestran muy orgullosas de la labor que desarrollan sus hijas tras coger el relevo generacional en sus negocios familiares, saneados y con clientes, que generan varios puestos de trabajo y que fijan población en el despoblado mundo rural asturiano.
"En nuestra casa siempre se hizo queso para el consumo de la familia. Comenzamos a elaborar afuega’l pitu en la cocina y luego en el hórreo. Lo aprendimos con nuestra madre y lo hicimos hasta que nos casamos y nos marchamos", afirman ambas al unísono. Luego sus hermanas pequeñas, Mari Carmen y Marisa, junto a su cuñada Marisol, lo siguieron elaborando en Cubia hasta que les obligaron a hacerlo con leche pasteurizada a principios de los años ochenta y ahí ya lo dejaron.

Las hermanas Mari Luz y Filomena Martínez Fernández, en la actualidad. / Fernando Delgado
"Nuestra familia vivía de la agricultura y la ganadería, nuestros padres plantaban maíz, patatas, fabes y pan de escanda, y tenían ocho vacas ratinas, luego compraron otras pintas, y un burro muy fuerte que era muy zorro", afirma Minina. "En él transportábamos el maíz y la escanda hasta el molín de Miruxeo", prosigue Mari Luz.
"Cómo éramos las hermanas mayores, nos tocaba cuidar a los más pequeños", señalan. Minina comenzó a bajar al mercado de Grado a finales de los años sesenta para vender los quesos que elaboraban en Cubia. Estas dos hermanas bien avenidas mantienen una excelente relación y llevaron unas vidas muy paralelas.
Mari Luz se casó en 1967 con Francisco García, "Paco", y se mudó entonces a La Borbolla, el pueblo de su marido, donde cultivaban hortalizas y vendían leche por las casas. A finales de los setenta comienza a hacer queso "cuando se empieza a comercializar la leche envasada y ya no nos pagan casi nada por la que servíamos por las casas. Recuerdo que compré tres moldes para los primeros que hice, me salieron tiesos y me puse muy contenta", afirma Mari Luz. "Vendíamos los miércoles y domingos en el mercado de Grado", señala. Posteriormente, comenzó a acumular premios en el certamen anual del afuega’l pitu, que se inició en 1981 en La Foz de Morcín, y en 1992 ya instaló la quesería en La Borbolla dando un gran salto a la profesionalización. De sus cuatro hijos, Isabel y Ana, las dos últimas llevan ahora las riendas de la quesería junto a otras dos empleadas que tienen contratadas. Isabel fue la primera presidenta de la Denominación de Origen Protegida Afuega’l Pitu, creada en 2003. Las dos hermanas pequeñas gestionan ahora el negocio creado por su madre y transforman unos tres mil litros de leche a la semana, cuyo producto final venden a clientes particulares, al distribuidor Lisfersa, a comercios de proximidad y, cómo no, en el mercado dominical de Grado.
Minina se casó en 1973 con José Antonio Fernández Sánchez, "Sancho", y cambió entonces Cubia por Ambás, el pueblo de su marido. Allí prosiguió haciendo queso, que vendía en el mercado de Grado junto al pan de escanda y el dulce que también elaboraba. Luego construyeron una nave para el ganado con ordeño directo que comunicaba la cuadra con la quesería. Sus clientes son, en su mayor parte, particulares y tiendas de proximidad. Marta, la más joven de sus dos hijos, regenta ahora la quesería junto a su pareja Xel Díaz y una empleada. Reparten en furgoneta por la zona central de Asturias y también han obtenido numerosos premios en los certámenes anuales del afuega’l pitu.

Mari Luz Martínez y su marido, Paco García, con sus hijas Ana e Isabel, en su quesería La Borbolla, en Grado. | Fernando Delgado / Fernando Delgado
Minina recuerda cuando, de soltera, llegaba a casa los domingos con el dinero de las ventas en el mercado de Grado que le venía muy bien para la economía familiar y su padre le decía "mientras haya queso en casa no faltará qué comer". Actualmente, la quesería Ca Sanchu elabora las cuatro variedades de la DOP: atroncáu blancu y roxu, en su mayoría, y también, aunque menos, roxu y blancu de trapu.
Tanto Mari Luz como Filomena, quienes trabajaron de sol a sol toda su vida y comenzaron desde cero, están muy contentas y se muestran muy orgullosas de la labor que desarrollan sus hijas tras coger el relevo generacional en sus negocios familiares, saneados y con clientes, que generan varios puestos de trabajo y que fijan población en el despoblado mundo rural asturiano.
Ambas han inculcado y trasladado a sus hijas los valores de la honradez, el sacrifico, el trabajo y la armonía familiar que recibieron de sus padres. Buena prueba de ello es la excelente relación que mantienen entre hermanos y primos. Mari Luz y Minina, junto a todos sus hermanos y sus respectivas familias se fueron de vacaciones el año pasado a Sanxenxo.
Una de las mayores anécdotas que recuerdan fue cuando el alcalde Pepe Sierra, en 1983, se puso a vender quesos junto a Minina, en su puesto del mercado dominical de Grado, para apoyarlas cuando la Consejería de Sanidad, dirigida entonces por Juan Luis Rodríguez Vigil, prohibió vender los quesos que no estuviesen elaborados con leche pasteurizada si no tenían un mínimo de dos meses de maduración. Aquella polémica hizo que Minina saliese en la primera página del periódico.

Filomena Martínez y su marido, Sancho Fernández, con su hija Marta y Xel Díaz, en su quesería de Ca Sanchu, en Ambás (Grado). | Fernando Delgado / Fernando Delgado
Las mujeres que integran ahora la tercera generación del afuega’l pitu cursaron estudios universitarios: Isabel, Ciencias Empresariales; Ana, licenciada en Económicas; y Marta, ingeniería forestal. Elaboran un queso artesano con marca de calidad muy conocido y valorado en Asturias. Todas ellas optaron por vivir en el mismo medio rural donde se criaron de niñas y darle continuidad al esfuerzo que hicieron sus madres para crear sus negocios familiares.
Mari Luz y Filomena, auténticas heroínas del mundo rural asturiano y porteadores de apasionantes historias, cuando, de niñas, se alternaban para fregar los cacharros, con sus bonitos mandiles, después de cenar su numerosa familia en Ca Florento, nunca pudieron imaginar este final quesero para sus hijas.
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