La Raya, el privilegio de vivir en lo más alto de Asturias: "Atrae turistas"
Una casa del pueblo allerano ubicada a 1.560 metros de altitud es la "cima" de la región, mientras que una cantera de Perlora en la que llevan excavando sin parar 67 años constituye el punto más profundo

Por la izquierda, Matías Urdangaray y Fernando Cordero, a la entrada de La Raya. / Carmen M. Basteiro
C. M. Basteiro / A. García-Ovies
Una casa en La Raya (Aller), ubicada a 1.540 metros de altitud, y una cantera de Perlora (Carreño), que después de 67 años excavando ya está por debajo del nivel del mar. Esa es la Asturias (habitada) más alta y más honda.
La vivienda allerana, propiedad de un vecino de Gijón que pasa los fines de semana en el alto de San Isidro, es la construcción más elevada de la región, según el Sadei (Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales). Está situada a 1.540 metros y supera por muy poco (solo ocho metros) a la casa más prominente del puerto de Leitariegos (Cangas del Narcea), ubicada a 1.532. Los escasos habitantes de La Raya están "orgullosos" de vivir en la cima de Asturias. "Es un honor y un privilegio", dicen. Aunque sin contar construcciones, la cumbre real del Principado (y de León y de la Cordillera Cantábrica) es Torre Cerredo, a 2.649 metros, en el concejo de Cabrales. Asturias está en las alturas como demuestra el hecho de que casi el 5% de la superficie se encuentra a más de 1.500 metros.

La casa de piedra de la derecha es la que está ubicada a más altitud de toda la región. | C. M. B. / C. M. Basteiro / A. García-Ovies
Y de lo más alto a lo más profundo. Según el Sadei, la mayor parte de los terrenos bajo el nivel del mar se corresponden con áreas de ría (el caso de Ribadesella), en donde el suelo está parte del tiempo o permanentemente sumergida en el agua. En las playas (como la de La Griega, en Colunga) no es extraño ver terrenos por debajo del nivel del mar. Pero el caso más llamativo es el de la cantera de El Perecil, en Perlora (Carreño), explotada por Tudela Veguín. A base de excavar y excavar, desde 1956, ya tiene una altitud negativa. De hecho, la idea de futuro, cuando finalice su explotación, es formar un lago natural equivalente a 536 piscinas olímpicas.
LA NUEVA ESPAÑA viaja en este reportaje a lo más alto y más hondo de Asturias.
La cima
"El pueblo más alto de Asturias". Es el cartel que recibe a los visitantes a La Raya, en el alto de San Isidro (Aller). Seis palabras que dan carpetazo a una antigua "piquilla" entre la localidad allerana y Leitariegos. "Las mediciones nos dan la razón", apuntan los vecinos de La Raya que, además, realizaron su propia medición sobre la casa más elevada, situada a 1.560 metros, 20 más que la altitud oficial del pueblo. Cierto es que el paso de carretera a mayor altitud de Asturias está en Leitariegos, en Cangas del Narcea (1.525 metros sobre el nivel del mar). Con estas precisiones, los vecinos de La Raya sentencian: "Es un honor y un privilegio vivir aquí".
Honor y privilegio que se complica en invierno, reconoce Fernando Cordero. Lleva toda su vida dedicado al turismo en el pueblo más alto de Asturias. Recibe a LA NUEVA ESPAÑA en su hotel y restaurante La Braña. El ambiente está tranquilo. "Estamos en temporada baja, aunque en un mes se animará". La temporada alta es, sin duda, el invierno. Es entonces cuando La Raya, en la que viven durante todo el año cuatro vecinos –literalmente–, se llena. Cuando hay nieve y el tiempo está bueno, con la carretera abierta, hay cerca de trescientas personas durante los fines de semana. "El invierno es una locura", reconoce Cordero.
No solo por la cantidad de gente. La nieve, a veces, hace de las suyas. "Tenemos que estar preparados y tener suministros de comida y combustible, sobre todo, en vistas a un posible aislamiento". Aunque la maquinaria y los recursos actuales impiden que estén aislados durante más de dos días. Fernando Cordero se crió ya en familia hostelera, ligada al turismo que llegaba a La Raya llamado por la estación de San Isidro. Su abuelo, de hecho, hizo historia en el sector. "Desde la inauguración de Fuentes de Invierno (año 2006), fue un ‘boom’", señala el hostelero.

Juan Carlos Cordero y Abel Trapiello, en el bar de La Raya. | C. M. B. / C. M. Basteiro / A. García-Ovies
Y, desde hace unos años, el verano también es temporada alta. En la barra, toma un café el padre de Fernando, Juan Carlos Cordero. "Son muchos los que vienen de la Meseta, sobre todo desde Madrid, y deciden quedarse aquí y recorrer el resto de Asturias. Es por los buenos accesos y el precio, mucho más económico en La Raya que en la costa", apunta. No se tarda más de una hora y media en llegar desde el alto de San Isidro hasta la playa más recóndita de la costa asturiana.
Que se lo digan a Matías Urdangaray, que decidió dejar el piso que tenía en Gijón por su casa de 200 metros en La Raya. "Tomé la decisión en plena pandemia. Lo cierto es que aquí estoy cerca de todo y puedo vivir con toda la comodidad y todos los servicios", apunta este vecino.
Playa cerca y nieve al lado, qué más se puede pedir. Según Cordero, lo de ser el pueblo más alto de Asturias también tiene cierto encanto. "Son muchos, especialmente ciclistas y motoristas, los que se paran para hacerse una foto en el cartel de la entrada del pueblo. Nosotros estamos orgullosos". Sobre el debate con Leitariegos, lo cierra con datos: "Es verdad que ellos tienen el paso de carretera más alto, pero solo por poco. Está a 1.525 metros sobre el nivel del mar, el nuestro a 1.520". En las construcciones, ya no hay duda. La casa más alta de La Raya se levanta a 1.560 metros de altitud. La vivienda, muy bonita y construida en piedra, es de un vecino de Gijón que pasa los fines de semana y las vacaciones en el pueblo allerano.
Bajo tierra
La cantera del Perecil, en Perlora, es, en sus partes más profundas, la cota más baja de la región. El proceso de extracción que se viene desarrollando desde su apertura, en 1956, ha provocado que en algunos puntos la altitud sea negativa, convirtiéndolo en un caso único en Asturias. El terreno, explotado por Cementos Tudela Veguín SAU, ocupa una superficie cercana a los 900.000 metros cuadrados y su vida útil está establecida hasta 2046.
La explotación minera ha sido objeto en los últimos años de diversas ampliaciones, que han suscitado las críticas de ecologistas y vecinos. A la afección que la actividad tiene en los barrios cercanos se suman las consecuencias medioambientales. Aún así, no todos se muestran en contra. "La cantera da trabajo a mucha gente y, aunque es verdad que seguimos notando presencia de polvo cuando hacen alguna explosión, en los últimos años han puesto barreras para intentar reducir el ruido. Además, cuando acaban de trabajar siempre pasan a limpiar el acceso con agua", relata la vecina más cercana a la explotación.

La cantera de El Perecil, en Perlora. | LNE / C. M. Basteiro / A. García-Ovies
Cementos Tudela Veguín logró recientemente una subvención del Idepa para el desarrollo de un proyecto que les permitirá "investigar y definir un nuevo modelo predictivo tridimensional a través del empleo del método de elementos finitos, que permita la explotación sostenible de la cantera, aunando esfuerzos para aumentar la vida útil de la misma". La compañía aspira a "controlar y disponer de información en tiempo real sobre el funcionamiento de la división de aguas que regula la interfase agua dulce/agua salda de la cuenca hidrográfica, en el entorno de la industria extractiva; además de posibilitar el conocimiento de las reservas reales explotables".
La pretensión del gobierno regional es que una vez finalice la explotación el espacio afectado será restaurado con la inundación del hueco minero, lo que permitirá formar "un lago de 67 hectáreas de superficie, con una capacidad aproximada de 20,5 megámetros cúbicos (unidad de longitud que equivale a un millón de metros), configurándose el entorno del futuro lago como de interés turístico y recreativo".
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