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Rector de la Universidad de Oviedo

Ignacio Villaverde: "A lo largo de este año lanzaremos la convocatoria para diseñar el futuro campus del Cristo"

"En transformación digital e investigación no vamos a la velocidad de cambio que me gustaría» | «En otoño abriremos los primeros tres hubs en áreas en las que tenemos músculo para trabajar junto a la empresa"

Ignacio Villaverde, rector de la Universidad de Oviedo: "La preguntas del examen de Química estaban en el temario, pido calma hasta que salgan las notas de la EBAU"

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VÍDEO: Amor Domínguez/ FOTO: Luisma Murias

Mónica G. Salas

Mónica G. Salas

Oviedo

Ignacio Villaverde Menéndez, rector de la Universidad de Oviedo desde febrero de 2021, acaba de culminar su segundo curso académico como máximo responsable de la institución. Ha sido, dice, un curso «satisfactorio» y el primero de «plena normalidad», tras la pandemia del covid. Pero el catedrático de Derecho Constitucional ya tiene la cabeza puesta en el siguiente. El 11 de septiembre será el primer día para los estudios de Minas en el campus de Mieres, después de 64 años ligados a la ciudad de Oviedo.

El rector gijonés, que concede esta entrevista en exclusiva a LA NUEVA ESPAÑA con motivo del fin de clases, ha entrado en la segunda mitad de mandato y reconoce que hay cosas que «no van a la velocidad de cambio» que le gustaría. Eso sí, no desfallece: «Sigo con la misma energía, ilusión y voluntad que cuando gané las elecciones». Tampoco ha perdido la guasa que hay detrás de ese semblante aparentemente duro y serio: «Dos años en un Rectorado pasan factura siempre; estoy más gordo, más calvo y más ojeroso».

–Fin de curso. Haga balance.

–Es el primer curso de plena normalidad tras la pandemia. El curso ha ido muy bien, no hemos tenido incidentes... Ha sido un curso muy satisfactorio.

–Sin embargo, la EBAU acabó con polémica por el examen de Química. Hay profesores que han recurrido la prueba, porque dicen que algunos ejercicios estaban fuera de las concreciones curriculares. ¿Qué hará el Rectorado?

–Lo estudiará la comisión correspondiente y será ella la que tome la decisión. Entiendo perfectamente la preocupación y la intranquilidad de los estudiantes, pero pido calma. Las diez preguntas que se hicieron, y de las que podían elegir cinco, estaban en el temario y en el acta en el que se fijan los ámbitos de conocimiento sobre los que se formulan las preguntas. Creo que finalmente veremos que los estudiantes han salido airosos de la prueba, a pesar de la impresión que hayan tenido al salir del examen.

–¿Qué novedades habrá el próximo curso?

–Pondremos en marcha el tan deseado grado de Matemáticas e Informática; y en la Escuela Politécnica de Gijón arrancarán dos dobles grados relacionados con Ciencia de Datos, además de una experiencia pionera que es un doble máster en Ingeniería Industrial y Energética. No llegamos para este curso, pero sí con toda seguridad para el siguiente, para implantar los grados de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, y de Criminología.

–¿Cree que la campaña de Tiktok con Gazir dará sus frutos y el próximo curso aumentará la matrícula de alumnos de fuera?

–Esperamos que sí. Aunque tampoco espero un aumento deslumbrante, porque creo que eso en este momento no sucede en ninguna universidad española. Esperamos que haya incrementos sensibles que mejoren nuestra capacidad de atracción, que no es mala, pero es mejorable.

–¿Cuándo comienza la mudanza de los estudios de Minas a Mieres?

–Está a punto de hacerse la licitación definitiva. Hicimos una pequeña prórroga del periodo, porque así nos lo pidieron las empresas para conocer las circunstancias espaciales, sobre todo del campus de Mieres. Pero en cuanto salga la licitación y a lo largo del verano, realizaremos el traslado de equipamiento docente.

Con toda seguridad el curso que viene se implantarán los grados del Deporte y de Criminología

–¿Cuándo se producirán el resto de movimientos: la ocupación de Minas por parte de las facultades de Formación del Profesorado y Ciencias?

–Hago una puntualización: el traslado de los estudios de Minas a Mieres siempre obedeció a razones académicas. Es decir, no se hace ese movimiento con la finalidad de ganar espacio para el campus de Llamaquique. Eso es algo secundario, un efecto. Asturias tenía que tener estudios de minería y el lugar donde podían ser viables, porque teníamos instalaciones, un campus especializado en esos temas y un ecosistema empresarial, era Mieres. Ahora mismo, en el edificio de Minas tenemos que afrontar obras. No está en malas condiciones, pero hay que intervenir en la fachada, cambiar las ventanas y el sistema de calefacción, retirar el amianto...

–¿Cuándo podrá ser entonces ocupado por otras facultades?

–El edificio sigue siendo sede de dos departamentos: el de Prospección y Explotación de Minas, y el de Materiales. Ambos se trasladarán a Mieres en una segunda fase. También permanecen en la calle Independencia los laboratorios de investigación. Lo que hemos hecho es poner a disposición de Ciencias y Formación del Profesorado las aulas para que ellos decidan qué pueden llevar allí. Nuestra prioridad ahora mismo es la mudanza y, en segundo lugar, casi a la par, entrar en al edificio a hacer obras. En función de cómo marche todo eso, empezaremos a tomar decisiones sobre qué otras cosas se pueden llevar allí.

–¿Qué valor tendrán esas obras?

–Calculamos que en total ascenderán a dos millones de euros. La mudanza se ha licitado en algo menos de 200.000 euros y necesitaríamos medio millón para acometer las primeras obras de reacondicionamiento de espacios. La única obra que nos requerirá clausurar temporalmente el edificio es la de la retirada de amianto.

–¿Cuánto puede durar todo este proceso?

–Las obras se saben cuándo empiezan, pero no cuándo acaban. No me atrevo a dar una fecha, pero espero que puedan estar listas para otoño de este año.

–¿Teme que el juez paralice la mudanza, tras admitir a trámite la demanda de los exalumnos de Minas?

–Espero que no, porque no hay razón ni de fondo ni de forma, pero no me quiero pronunciar. Esperaremos al resultado de su señoría.

Toca reformar el Consejo Social para ser una herramienta para atraer inversión privada

–¿Cómo es su relación con el alcalde de Oviedo?

–Nuestras relaciones con el Ayuntamiento siguen siendo estupendas, tan buenas o mejores que antes de este desencuentro por los estudios de Minas. Es verdad que no hemos tenido la oportunidad de coincidir cercanos en ningún acto. Él (Alfredo Canteli) siempre encontrará mi mano tendida.

–¿En qué punto se encuentra el futuro campus del Cristo?

–Estamos preparando los estudios técnicos. Ya se ha puesto a trabajar la comisión mixta que tenemos con el Principado para preparar toda la documentación y estar listos para solicitar a la Seguridad Social la cesión de uso y lanzar la convocatoria de anteproyecto de diseño del campus. Esperamos hacer todo esto a lo largo de 2023.

–¿Qué espera del nuevo Gobierno?

–Habrá que esperar a qué nuevo Gobierno tendremos. Todavía hay un proceso de negociación abierto y desde luego no será lo mismo un Gobierno en solitario del PSOE que un Gobierno en coalición o con un acuerdo de legislatura. Este equipo rectoral agradece mucho a la Consejería de Ciencia, Innovación y Universidad y al Gobierno autonómico que nos haya ayudado en estos años y que haya comprendido el valor que tiene la Universidad para Asturias. Porque eso no siempre ha sido así.

El Rector, en la biblioteca de la Universidad. | Luisma Murias

El Rector, en la biblioteca de la Universidad. | Luisma Murias / M. G. Salas

–¿Le gustaría que repitiese Borja Sánchez al frente de la Consejería de Ciencia?

–Sí, porque estamos muy en sintonía y hemos trabajado muy agusto. Compartimos la visión del papel que tienen que tener la Universidad, la ciencia, la innovación como gran motor de transformación de la región, y que la institución académica debe liderar ese cambio. Ya nos conocemos, estamos bien engranados y creo que en este momento sería lo deseable para no perder tiempo. Hay muchos proyectos encima de la mesa, como el nuevo campus del Cristo, para los que cualquier retraso sería un inconveniente.

–¿En qué beneficiará la Agencia Sekuens a la Universidad de Oviedo?

–Algo que estaba ralentizando el avance de Asturias en esa inversión en conocimiento era no tener una herramienta adecuada que tuviese la suficiente agilidad, flexibilidad y visión de futuro para dinamizarla. Creo que la Agencia puede ser la solución y con ella Asturias podrá ser a medio plazo un referente en innovación y conocimiento.

–Una vez se forme el nuevo Gobierno, ¿será el momento de discutir la creación de una agencia de acreditación regional?

–Yo era reacio al principio, pero desde que la Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU) regula como regula los procesos de acreditación a lo mejor ha llegado el momento de pensarlo.

–¿Lo mismo pasa con la reforma del Consejo Social?

–Asturias es la única comunidad autónoma que todavía mantiene la ley pre LOU (de los años 90). Yo creo que ha llegado el momento de actualizar esa normativa, porque si ya no se adecuaba a la LOU, mucho menos ahora a la LOSU. Es muy importante acertar en la composición del Consejo Social y en sus competencias para que efectivamente sea ese puente entre sociedad y universidad, y sea una gran herramienta para atraer inversión privada.

–Ha agotado su primera mitad de mandato. ¿En qué ha mejorado la Universidad en estos dos años?

–Creo que esa pregunta la debe contestar la comunidad universitaria, que es la que tiene que evaluarnos como equipo rectoral. Hemos hecho cosas bien, pero hay otras en las que no vamos a la velocidad de cambio que a mí me gustaría.

–¿Por ejemplo?

–Toda la parte de transformación digital. Y en ámbitos como la gestión de la investigación no estamos obteniendo los resultados que esperábamos y ahí tenemos que aplicarnos mucho más. También tenemos que ganar velocidad en la puesta en marcha del nuevo diseño organizativo de la Universidad. Pero es cierto que esta es una institución compleja, muy grande y que requiere tiempo.

Tras la mudanza de Minas a Mieres, se entrará en el edificio a hacer obras; todo ello costará 2 millones

–¿Por qué no se pudo ir más rápido en esos ámbitos?

–Obedece a dos razones. Una de ellas es la económica. Hemos tenido que hacer una reestructuración presupuestaria por tres grandes imprevistos: la subida descontrolada del precio de la energía, la intensa subida del coste de las materias primas y una inflación desbocada. Eso ha hecho que tengamos menos recursos para dedicar, por ejemplo, a la transformación digital. La otra razón es que cualquier de esos ámbitos requieren cambios culturales importantes. Ya no son solo cambios de gestión, sino también de nuestra cultura, y eso no se hace de un día para otro.

–¿Qué objetivos se marca para lo que lo resta de mandato?

–En 2023 tenemos que culminar los principales proyectos asociados a nuestro plan estratégico. En otoño sacaremos los primeros tres hubs (unión de investigadores y empresarios) y tendremos que dar un paso importante en la aplicación de la nueva estructura organizativa, dando prioridad a la sección de investigación. Además, la LOSU nos impone tres tareas urgentes: adaptar nuestros estatutos a los cambios, adaptar las figuras de profesorado al nuevo diseño, y aplicar una estructura diferente de dedicación docente. El 2024 lo dedicaremos a revaluar; a ver lo que hemos hecho y comprobar si todo ello está dando frutos o tenemos que hacer ajustes.

–¿De qué son los hubs?

–Uno es el hub digital, que lo tenemos muy maduro y que contará con la ayuda del centro (de Estudios sobre el Impacto Social de la Inteligencia Artificial) que vamos a crear con el Ayuntamiento de Siero. Otro es el hub de recursos naturales y materias primas, que estará en Mieres y se encuentra en línea de salida. De hecho, ya hemos constituido dos centros importantísimos para dinamizarlo: el de Investigación y Desarrollo del Agua y el de Innovación sobre materias primas y minería. Eso unido al Indurot y el CeCodet, que están a pleno rendimiento. Por último, tenemos el hub sanitario. Aquí hemos dado un salto cualitativo, porque inicialmente lo habíamos planteado como un campus. La diferencia es que un campus es eminentemente académico, mientras que un hub es la unión de la academia con la empresa privada y otras instituciones. Con un futuro centro dedicado a biosalud y la ingeniería sanitaria, podremos crear un hub muy potente a caballo entre Gijón y Oviedo. Creo que para el otoño podremos presentar los tres hubs.

–¿Qué buscan con ellos?

–Con el plan estratégico de la Universidad lo que hicimos fue focalizar los esfuerzos en aquellas áreas donde tenemos músculo, o donde podemos tenerlo en un futuro. Y comprobamos que en esas tres áreas (salud, digitalización y recursos naturales y materias primas) tenemos mucho músculo y mucha capacidad de atracción y tracción. Tenemos grupos de investigación de primer nivel y un sector empresarial que colabora y está asociado a la Universidad a través de cátedras. Se trata de alinearnos y coordinarnos para generar sinergias, y que el encuentro de esos grupos y empresas den sus frutos, que seguro que sí. Y luego hay hermanos menores, como es el ámbito del patrimonio, en donde la Universidad de Oviedo tiene un peso especial. Ahí tenemos que poco a poco ir sumando colaboraciones externas y eso lo trataremos de hacer con el futuro Instituto Universitario del Patrimonio de Asturias. Por último están los estudios relativos al mar. Con la ayuda de la cátedra Gijón Azul está llamado a ser un futuro hub.

–¿En qué se ha avanzado, desde su constitución, en los campus internacionales Ingenium y asturmexicano?

–Respecto a Ingenium, ya están constituidos todos los grupos de trabajo y en julio tenemos una importante reunión para concretar la estructura interna y empezar a trabajar en proyectos específicos. La idea es que en la siguiente reunión, a principios de 2024, ya empecemos a lanzar cosas: convocatorias de movilidades, titulaciones compartidas... Es un proceso muy complejo. Somos diez universidades, somos de las alianzas más grandes de Europa y por temática la más ambiciosa.

–¿Las titulaciones conjuntas cuándo se implantarán?

–Empezaremos por títulos propios. Es decir, por titulaciones que no dependan de reconocimientos oficiales, sino que solo dependen de que la propia alianza las reconozca.

Lo deseable es que Borja Sánchez repita como consejero; tenemos muchos proyectos para los que un retraso sería un inconveniente

–¿Y qué novedades hay en el campus mexicano?

–Tanto con la Universidad Autónoma de México como con el Tecnológico de Monterrey estamos trabajando en titulaciones dobles. El curso que viene podría empezar a funcionar una del ámbito químico y otra del ámbito biosanitario con el Tecnológico de Monterrey. En esos campos ello son muy fuerte. En el otoño empezará a funcionar también a pleno rendimiento el centro internacional de emprendimiento, tecnología e innovación, que tenemos concertado el Tecnológico y la Universidad, en el que participará el Principado. Nuestro objetivo es tratar de generar, con el liderazgo con estas dos universidades mexicanas, una alianza muy similar a la que tenemos en Europa y crecer al otro lado del Atlántico.

–¿Dentro del Rectorado cómo están los ánimos? Llevan cuatro dimisiones, la última el pasado martes de Sandra Velarde. Llama la atención que siempre son mujeres...

–Y me llama a mi también la atención. Dos años de intenso trabajo siempre pasan factura. Han sido, además, años muy intensos que han exigido dar lo mejor de nosotros. Podemos haber acertado o no, pero desde luego el equipo ha dado lo mejor. Las fuerzas a veces desfallecen y entiendo perfectamente a la vicerrectora de Sostenibilidad, que hizo un trabajo fantástico. Ha estado al frente de uno de las áreas con más trabajo: ha tenido que enfrentarse a una crisis energética, de recursos y materias primas, a una inflación... Y entiendo que no se vea con la energía suficiente para poder seguir otros dos años más. ¿Por qué son todos relevos de mujeres? No tengo una respuesta, creo que es una casualidad. Todos los relevos obedecieron a razones muy justificadas. La carrera académica es muy dura y dedicarle un tiempo a la gestión, y sobre todo en un equipo rectoral, a veces la pone en jaque.

–¿Usted mantiene esa energía o le ha pasado factura estos dos años?

–Hombre, sí, porque estoy más gordo, más calvo y más ojeroso (se ríe). Factura siempre pasa. Pero se lo debemos a la comunidad universitaria: no podemos desfallecer. Nos eligieron para cumplir un objetivo y un programa y el que no se puede permitir el lujo de dudar es el Rector. Yo sigo teniendo la misma energía, la misma ilusión y la misma voluntad de llevar a cabo ese programa como cuando ganamos las elecciones hace dos años.

–¿Qué valor tendrán esas obras?

–Calculamos que en total ascenderán a dos millones de euros. La mudanza se ha licitado en algo menos de 200.000 euros y necesitaríamos medio millón para acometer las primeras obras de reacondicionamiento de espacios. La única obra que nos requerirá clausurar temporalmente el edificio es la de la retirada de amianto.

–¿Cuánto puede durar todo este proceso?

–Las obras se saben cuándo empiezan, pero no cuándo acaban. No me atrevo a dar una fecha, pero espero que puedan estar listas para otoño de este año.

–¿Teme que el juez paralice la mudanza, tras admitir a trámite la demanda de los exalumnos de Minas?

–Espero que no, porque no hay razón ni de fondo ni de forma, pero no me quiero pronunciar. Esperaremos al resultado de su señoría.

–¿Cómo es su relación con el alcalde de Oviedo?

–Nuestras relaciones con el Ayuntamiento siguen siendo estupendas, tan buenas o mejores que antes de este desencuentro por los estudios de Minas. Es verdad que no hemos tenido la oportunidad de coincidir cercanos en ningún acto. Él (Alfredo Canteli) siempre encontrará mi mano tendida.

–¿En qué punto se encuentra el futuro campus del Cristo?

–Estamos preparando los estudios técnicos. Ya se ha puesto a trabajar la comisión mixta que tenemos con el Principado para preparar toda la documentación y estar listos para solicitar a la Seguridad Social la cesión de uso y lanzar la convocatoria de anteproyecto de diseño del campus. Esperamos hacer todo esto a lo largo de 2023.

–¿Qué espera del nuevo Gobierno?

–Habrá que esperar a qué nuevo Gobierno tendremos. Todavía hay un proceso de negociación abierto y desde luego no será lo mismo un Gobierno en solitario del PSOE que un Gobierno en coalición o con un acuerdo de legislatura. Este equipo rectoral agradece mucho a la Consejería de Ciencia, Innovación y Universidad y al Gobierno autonómico que nos haya ayudado en estos años y que haya comprendido el valor que tiene la Universidad para Asturias. Porque eso no siempre ha sido así.

El año que viene estrenaremos dos titulaciones conjuntas con el Tecnológico de Monterrey sobre química y salud

–¿Le gustaría que repitiese Borja Sánchez al frente de la Consejería de Ciencia?

–Sí, porque estamos muy en sintonía y hemos trabajado muy agusto. Compartimos la visión del papel que tienen que tener la Universidad, la ciencia, la innovación como gran motor de transformación de la región, y que la institución académica debe liderar ese cambio. Ya nos conocemos, estamos bien engranados y creo que en este momento sería lo deseable para no perder tiempo. Hay muchos proyectos encima de la mesa, como el nuevo campus del Cristo, para los que cualquier retraso sería un inconveniente.

–¿En qué beneficiará la Agencia Sekuens a la Universidad de Oviedo?

–Algo que estaba ralentizando el avance de Asturias en esa inversión en conocimiento era no tener una herramienta adecuada que tuviese la suficiente agilidad, flexibilidad y visión de futuro para dinamizarla. Creo que la Agencia puede ser la solución y con ella Asturias podrá ser a medio plazo un referente en innovación y conocimiento.

–Una vez se forme el nuevo Gobierno, ¿será el momento de discutir la creación de una agencia de acreditación regional?

–Yo era reacio al principio, pero desde que la Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU) regula como regula los procesos de acreditación a lo mejor ha llegado el momento de pensarlo.

–¿Lo mismo pasa con la reforma del Consejo Social?

–Asturias es la única comunidad autónoma que todavía mantiene la ley pre LOU (de los años 90). Yo creo que ha llegado el momento de actualizar esa normativa, porque si ya no se adecuaba a la LOU, mucho menos ahora a la LOSU. Es muy importante acertar en la composición del Consejo Social y en sus competencias para que efectivamente sea ese puente entre sociedad y universidad, y sea una gran herramienta para atraer inversión privada.

–Ha agotado su primera mitad de mandato. ¿En qué ha mejorado la Universidad en estos dos años?

–Creo que esa pregunta la debe contestar la comunidad universitaria, que es la que tiene que evaluarnos como equipo rectoral. Hemos hecho cosas bien, pero hay otras en las que no vamos a la velocidad de cambio que a mí me gustaría.

–¿Por ejemplo?

–Toda la parte de transformación digital. Y en ámbitos como la gestión de la investigación no estamos obteniendo los resultados que esperábamos y ahí tenemos que aplicarnos mucho más. También tenemos que ganar velocidad en la puesta en marcha del nuevo diseño organizativo de la Universidad. Pero es cierto que esta es una institución compleja, muy grande y que requiere tiempo.

–¿Por qué no se pudo ir más rápido en esos ámbitos?

–Obedece a dos razones. Una de ellas es la económica. Hemos tenido que hacer una reestructuración presupuestaria por tres grandes imprevistos: la subida descontrolada del precio de la energía, la intensa subida del coste de las materias primas y una inflación desbocada. Eso ha hecho que tengamos menos recursos para dedicar, por ejemplo, a la transformación digital. La otra razón es que cualquier de esos ámbitos requieren cambios culturales importantes. Ya no son solo cambios de gestión, sino también de nuestra cultura, y eso no se hace de un día para otro.

–¿Qué objetivos se marca para lo que lo resta de mandato?

–En 2023 tenemos que culminar los principales proyectos asociados a nuestro plan estratégico. En otoño sacaremos los primeros tres hubs (unión de investigadores y empresarios) y tendremos que dar un paso importante en la aplicación de la nueva estructura organizativa, dando prioridad a la sección de investigación. Además, la LOSU nos impone tres tareas urgentes: adaptar nuestros estatutos a los cambios, adaptar las figuras de profesorado al nuevo diseño, y aplicar una estructura diferente de dedicación docente. El 2024 lo dedicaremos a revaluar; a ver lo que hemos hecho y comprobar si todo ello está dando frutos o tenemos que hacer ajustes.

–¿De qué son los hubs?

–Uno es el hub digital, que lo tenemos muy maduro y que contará con la ayuda del centro (de Estudios sobre el Impacto Social de la Inteligencia Artificial) que vamos a crear con el Ayuntamiento de Siero. Otro es el hub de recursos naturales y materias primas, que estará en Mieres y se encuentra en línea de salida. De hecho, ya hemos constituido dos centros importantísimos para dinamizarlo: el de Investigación y Desarrollo del Agua y el de Innovación sobre materias primas y minería. Eso unido al Indurot y el CeCodet, que están a pleno rendimiento. Por último, tenemos el hub sanitario. Aquí hemos dado un salto cualitativo, porque inicialmente lo habíamos planteado como un campus. La diferencia es que un campus es eminentemente académico, mientras que un hub es la unión de la academia con la empresa privada y otras instituciones. Con un futuro centro dedicado a biosalud y la ingeniería sanitaria, podremos crear un hub muy potente a caballo entre Gijón y Oviedo. Creo que para el otoño podremos presentar los tres hubs.

–¿Qué buscan con ellos?

–Con el plan estratégico de la Universidad lo que hicimos fue focalizar los esfuerzos en aquellas áreas donde tenemos músculo, o donde podemos tenerlo en un futuro. Y comprobamos que en esas tres áreas (salud, digitalización y recursos naturales y materias primas) tenemos mucho músculo y mucha capacidad de atracción y tracción. Tenemos grupos de investigación de primer nivel y un sector empresarial que colabora y está asociado a la Universidad a través de cátedras. Se trata de alinearnos y coordinarnos para generar sinergias, y que el encuentro de esos grupos y empresas den sus frutos, que seguro que sí. Y luego hay hermanos menores, como es el ámbito del patrimonio, en donde la Universidad de Oviedo tiene un peso especial. Ahí tenemos que poco a poco ir sumando colaboraciones externas y eso lo trataremos de hacer con el futuro Instituto Universitario del Patrimonio de Asturias. Por último están los estudios relativos al mar. Con la ayuda de la cátedra Gijón Azul está llamado a ser un futuro hub.

–¿En qué se ha avanzado, desde su constitución, en los campus internacionales Ingenium y asturmexicano?

–Respecto a Ingenium, ya están constituidos todos los grupos de trabajo y en julio tenemos una importante reunión para concretar la estructura interna y empezar a trabajar en proyectos específicos. La idea es que en la siguiente reunión, a principios de 2024, ya empecemos a lanzar cosas: convocatorias de movilidades, titulaciones compartidas... Es un proceso muy complejo. Somos diez universidades, somos de las alianzas más grandes de Europa y por temática la más ambiciosa.

–¿Las titulaciones conjuntas cuándo se implantarán?

–Empezaremos por títulos propios. Es decir, por titulaciones que no dependan de reconocimientos oficiales, sino que solo dependen de que la propia alianza las reconozca.

Es casualidad que los relevos en el Rectorado hayan sido de mujeres; la carrera académica es muy exigente y estar en gestión a veces la pone en jaque

–¿Y qué novedades hay en el campus mexicano?

–Tanto con la Universidad Autónoma de México como con el Tecnológico de Monterrey estamos trabajando en titulaciones dobles. El curso que viene podría empezar a funcionar una del ámbito químico y otra del ámbito biosanitario con el Tecnológico de Monterrey. En esos campos ello son muy fuerte. En el otoño empezará a funcionar también a pleno rendimiento el centro internacional de emprendimiento, tecnología e innovación, que tenemos concertado el Tecnológico y la Universidad, en el que participará el Principado. Nuestro objetivo es tratar de generar, con el liderazgo con estas dos universidades mexicanas, una alianza muy similar a la que tenemos en Europa y crecer al otro lado del Atlántico.

–¿Dentro del Rectorado cómo están los ánimos? Llevan cuatro dimisiones, la última el pasado martes de Sandra Velarde. Llama la atención que siempre son mujeres...

–Y me llama a mi también la atención. Dos años de intenso trabajo siempre pasan factura. Han sido, además, años muy intensos que han exigido dar lo mejor de nosotros. Podemos haber acertado o no, pero desde luego el equipo ha dado lo mejor. Las fuerzas a veces desfallecen y entiendo perfectamente a la vicerrectora de Sostenibilidad, que hizo un trabajo fantástico. Ha estado al frente de uno de las áreas con más trabajo: ha tenido que enfrentarse a una crisis energética, de recursos y materias primas, a una inflación... Y entiendo que no se vea con la energía suficiente para poder seguir otros dos años más. ¿Por qué son todos relevos de mujeres? No tengo una respuesta, creo que es una casualidad. Todos los relevos obedecieron a razones muy justificadas. La carrera académica es muy dura y dedicarle un tiempo a la gestión, y sobre todo en un equipo rectoral, a veces la pone en jaque.

–¿Usted mantiene esa energía o le ha pasado factura estos dos años?

–Hombre, sí, porque estoy más gordo, más calvo y más ojeroso (se ríe). Factura siempre pasa. Pero se lo debemos a la comunidad universitaria: no podemos desfallecer. Nos eligieron para cumplir un objetivo y un programa y el que no se puede permitir el lujo de dudar es el Rector. Yo sigo teniendo la misma energía, la misma ilusión y la misma voluntad de llevar a cabo ese programa como cuando ganamos las elecciones hace dos años.

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