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Día de Asturias | Las distinciones | Ángeles Flórez Peón, «Maricuela» Histórica militante del PSOE y de UGT

"Asesinaron a mi hermano y si me dijeran de vengarme, habría dicho que no"

"Es importante que se sepa lo que pasó para que no se repita; todo lo que hablo es para que no se repita, madre mía, los crímenes..."

Ángeles Flórez Peón, «Maricuela», en su casa de Gijón, con un pin de una rosa roja en la chaqueta. | Á. González

Ángeles Flórez Peón, «Maricuela», en su casa de Gijón, con un pin de una rosa roja en la chaqueta. | Á. González / M. C.

M. C.

Gijón

El 8 de septiembre, Día de Asturias, el Gobierno del Principado concederá una serie de distinciones a personas que han contribuido con su servicio al avance y beneficio de la región, además de haber destacado en diversos ámbitos. Son las Medallas de Asturias y los títulos de hijo adoptivo y predilecto. Entre estos últimos figura la histórica militante del PSOE Ángeles Flórez Peón, «Maricuela», de 104 años, que abre la serie de entrevistas de este periódico a los galardonados este año.

Nacida en Blimea (San Martín del Rey Aurelio) el 19 de noviembre de 1918 e histórica afiliada al Partido Socialista Obrero Español (PSOE), así como del sindicato UGT, Ángeles Flórez Peón, "Maricuela", es una de las personas que el próximo 8 de septiembre recibirán la distinción de Hija Predilecta de Asturias otorgada por el Consejo de Gobierno del Principado dado que "encarna a toda una generación de mujeres que combatieron la dictadura y lucharon por las libertades en tiempos de represión, especialmente difíciles para las mujeres. Maricuela pagó con la cárcel y el exilio su compromiso con las libertades y la democracia, de las que hoy es un referente". A sus 104 años, Maricuela se muestra agradecida por el cariño que ha recibido desde su regreso a España. "Dan mucha importancia a la Historia y a mi vida, mi vida que es la de los españoles", dice.

–¿Cómo recibe este reconocimiento del Principado?

–No sé por qué me lo dan. Estoy muy mimada, encuentro mucho cariño de todo el mundo. Voy a ir a Oviedo y tengo que ir muy elegante, me dicen. Bueno... ir elegante, tendría que cambiar el cuerpo.

–Pues se la ve muy bien.

–Elegante, la ropa sí, pero el cuerpo no se cambia, sobre todo ahora, que me cuesta caminar y uso un andador, a mí que me gustaba tanto bailar. Por lo demás estoy bien de salud y no tomo medicamentos; no tengo queja.

–¿Y la memoria qué tal?

–Falla algunas veces. Eso sí, salgo mucho de casa, voy al paseo y a los bares. No soy de las que se acobijan. Fui valiente, fui a la guerra. Soy la única miliciana en España. No tuve miedo yo a la guerra, con lo que no voy a tener miedo a salir a tomar el café y a tratar con la gente, aunque no hablamos de aquellos tiempos. También soy del partido, del PSOE, y hablo con los compañeros. No me dejo sola, aburrida, llorando. Las lágrimas no salen de mis ojos; vieron tanto.

–¿Cuáles fueron los momentos más duros que vio?

–Viví momentos tristes, pero ahora no lloro nunca. Tango pena. Antes cuando era joven lloraba mucho, ahora no lloro; tengo bastante para llorar, pero no lloro.

–Vivió dos dictaduras, la República, la Guerra Civil, el exilio...

–En la Universidad te lo cuentan, pero yo lo viví todo. Si lees el libro que escribí no encontrarás ni una mentira; todo pasado, todo vivido. Cuando nací venía de terminar la I Guerra Mundial. Conocí la cárcel, después de que me hicieran un consejo de guerra sumarísimo, urgente, con Franco; cuatro años de penal, presa en Saturrarán (Vizcaya), que era una prisión que hicieron exprés para nosotras. Conocí todo. Pero tuve un matrimonio feliz, los hijos bien, tuve suerte de otra manera; un buen marido y un buen retiro, en eso tuve mucha suerte. No tuve suerte cuando era niña, porque no había nada más que miseria. Entonces, en un pueblo había cuatro ricos y los obreros no ganaban para comer. Fue muy triste mi niñez, con muy poca felicidad, no la había.

–Con la revolución de octubre de 1934 también vivió momentos duros.

–Entonces hubo el asesinato de mi hermano, que eso fue un señor que dijo que había que matar a 24 y él fue uno de los que cogieron. Y los mataron a espada, no tiraron un tiro. Fue terrible y me marcó para toda mi vida. Mi hermano era el que trabajaba y nos daba de comer. Me llevaba 14 años a mí. Toda la vida pasé pena por ese hermano. España fue muy triste, había mucha miseria, miseria y venganzas. Y las venganzas son los peores; son crímenes.

–¿A qué tiempo se refiere?

–En España con Franco. Pero pude escapar, creo recordar que era 1948. Estaba en casa de mi suegra y sentí preguntar por mí a un guardia civil que había sido pretendiente mío y le había dicho que no tenía derecho a casarse con una miliciana, y me cogió rabia. Me llevaban junto a otros a tirarme a un pozo. Me salvé porque fui siempre espabilada. Mientras el guardia civil entró en un chigre a eso, estos pies cogieron y enfilé andando. Me escapé de una muerte criminal. Fui a por mi hija de diez meses. Acabamos llegando en una barca a San Juan de Luz, en Francia y me salvé de una muerte segura. Hace un tiempo me llevaron a ver ese pozo y pensé que yo tuve mucha suerte. Allí los tiraron vivos. Todavía anoche pensaba en aquel pozo. Los falangistas eran unos canallas. En Francia estuve 47 años, donde vivimos muy bien en Saint-Éloy-les-Mines, un pueblo de Clermont-Ferrand. Mi marido era minero especialista y ganaba mucho, vivíamos muy bien. Allí nos quisieron mucho siempre. En Francia nació mi segundo hijo. Estuve contenta de volver a España, a estar en mi país, después de que murió Franco.

–¿Considera importante que la gente conozca la historia?

–Es importante que se enteren de todo lo que pasó para que no se repita. Todo lo que hablo y todo lo que digo es para que no se repita, madre mía, los crímenes. Yo no escribo por escribir, todo lo que escribo es para que no se repita, porque fue terrible, con Franco fue horroroso. Yo no soy vengativa. Asesinaron a un hermano mío, y si me hubieran dicho de vengarme habría dicho que no, porque entonces sería como el criminal. La venganza no hace la paz. No hay más felicidad que la paz y quererse. ¿No es mejor darse un beso que un puñetazo? Y para que no se repita, tenemos que ponernos de acuerdo, no se adelanta nada con insultar. Si eres político y eres fanático, no se adelanta nada.

–¿Qué recuerdos le trae la Segunda República?

–Tenía yo 12 años. Recuerdo que estaba con mi madre en la cocina y sentimos pasar gente gritando ¡viva la República! Y salimos agarradas por la mano y desfilé hasta la plaza del pueblo donde vivíamos. Y fui republicana. Le pregunté a mi madre, ¿qué es eso?, ¿por qué estás tan contenta? Y me dice "porque los obreros van a trabajar menos y cobrar normal, que ahora pasan hambre y están perdiendo la salud" y le dije yo, "pues yo soy republicana".

–¿Y su etapa de miliciana durante la Guerra Civil?

–Fui miliciana pero nunca tiré un tiro ni cogí un arma en la mano. Iba a llevar la comida a los que estaban en el frente, agachada arrastrando la comida. Y una que me reemplazó, era ve Valdesoto, probina, se apuntó junto con un hermano después de verme en una obra de teatro en la que decían "Maricuela fue al frente". Al poco de llegar ella, la alcanzó una bala, la mataron. Por más que peleé para que pusieran que esa chavala murió por la República, no lo conseguí.

–¿Del teatro viene que la llamen Maricuela?

–Sí. Tuve mucho éxito en el teatro. Fui a Francia y en 47 años nadie sabía que había hecho esa obra. ¿Por qué lo descubrieron cuando volví a España? En aquella obra de teatro era la protagonista, que se llamaba Maricuela. Al volver empezaron a llamarme así. Lo encontré simpático. Ahora en Oviedo van a darme una medalla. Una profesora de historia me envió una carta que escribió un político en el exilio, donde decía que yo era la más inteligente de los exiliados que había conocido. Y yo no era nada, era una que escapó en una barca con una niña de diez meses para poder salvar la vida.

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