Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Llanes derrota al "banco malo" en el Supremo: La Talá es, a todos los efectos, suelo rústico

Los jueces rechazan el último recurso posible de Sareb, lo que impide edificar 400 chalés en la "joya" del plan urbanístico de 1992, anulado hace 21 años

Vista parcial de La Talá, en Llanes. | Ramón Díaz

Vista parcial de La Talá, en Llanes. | Ramón Díaz / Ramón Díaz

Ramón Díaz

Ramón Díaz

Oviedo

Llanes ha derrotado al "banco malo". Definitivamente. El Tribunal Supremo no ha admitido el último recurso posible de la Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria, S.A. (Sareb) para que una parte de los terrenos de La Talá fueran declarados urbanos. La decisión, comunicada a través de una providencia a la que ha tenido acceso LA NUEVA ESPAÑA, es firme y supone el final de un proceso plagado de denuncias y recursos que se ha prolongado durante más de 30 años.

La Talá es, a todos los efectos, un terreno no urbanizable. El "banco malo" no podrá construir las más de 400 viviendas a las que aspiraba en ese terreno, situado al oeste de la villa llanisca. La propiedad incluye 67 parcelas, que suman 87.525,67 metros cuadrados de terreno, y que suponen el 81,92% del ámbito urbanístico del plan parcial de La Tala, también anulado por los tribunales. No obstante, el conflicto judicial ahora cerrado definitivamente se centraba en la petición del "banco malo" para declarar urbanas solo dos parcelas.

Artífice principal del triunfo sobre el "banco malo" ha sido la agrupación de Vecinos y Amigos de Llanes (AVALL), cuyo abogado, Javier Calzadilla, destaca la "satisfacción" de sus clientes al haberse confirmado que La Talá "no es urbanizable", como han defendido desde 1990, cuando comenzaron su lucha contra el plan urbanístico impulsado por el Ayuntamiento, entonces en manos del PSOE local.

La Sareb había recurrido la sentencia de 30 de noviembre de 2022 del Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA) que desestimó el recurso que había entablado un año antes contra el acuerdo del 18 de octubre de 2020 de la CUOTA que mantuvo La Talá como suelo no urbanizable. La inadmisión a trámite del Supremo se debe a varios motivos, entre ellos la falta de fundamentación suficiente por parte de la Sareb, que ha sido además condenada en costas.

El "banco malo" recibió La Talá como activo tóxico de Cajastur en 2017. Tasó la finca en 17,51 millones, algo más de la tercera parte de los 47,56 millones en los que Cajastur la había adquirido al grupo Nozar en 2008. Y solicitó a finales 2020 a la CUOTA que declarara urbanas dos de sus 67 parcelas.

La finca de Talá fue la "joya" del plan urbanístico que Llanes, aprobado en 1992 y anulado diez años después por el Supremo. Reapareció en el plan general de 2003, que también fue anulado por el Supremo en 2011 por, entre otras razones, al haber "colado" el Ayuntamiento el proyecto para construir en La Tala después de finalizado el período de información pública, lo que provocó la indefensión de los ciudadanos, que no pudieron alegar contra esa decisión municipal.

Entre medias, el Ayuntamiento, aún con el PSOE en el poder permitió que se urbanizara La Talá, pero una vez más los tribunales dieron la razón a AVALL, anularon el plan parcial y el proyecto de urbanización, y determinaron que el terreno era rústico. La construcción de dos chalés en La Talá acabó también en los tribunales, pero en esa ocasión los jueces descartaron el derribo de las construcciones, al considerar que sus propietarios no actuaron de mala fe.

El principal argumento de la Sareb al defender la construcción de viviendas en La Talá fue que una parte del terreno ya está urbanizado y que cumple todos los requisitos para ser considerado urbano. Los tribunales, lo mismo que antes el Principado, han rechazado de plano este argumento. La CUOTA sostiene que, al haberse anulado todos los planeamientos que sustentaron la recalificación de La Talá, nunca dejó de ser suelo rústico. Y que si se urbanizó una parte fue de manera "alegal", mediante un planeamiento y un plan parcial declarados nulos de pleno derecho.

El suelo de La Talá empezó a ser objeto de deseo por parte de los promotores inmobiliarios a finales de los años ochenta del siglo pasado, cuando el Ayuntamiento de Llanes inició la redacción del plan urbanístico más polémico de la historia de Asturias. La Talá era propiedad de la familia Vega, que la vendió a Inmobiliaria Los Llanos, integrada por tres promotores madrileños, en 320 millones de pesetas (1,92 millones de euros).

Aquellos promotores eran actores principales de un entramado de sociedades, creadas sólo unos meses antes y por medio de las que compraron diferentes propiedades rústicas en el concejo, que el PSOE recalificó a urbanizables sólo unos meses más tarde, tras haber firmado unos polémicos convenios urbanísticos, uno de ellos, con La Talá como protagonista.

Al anular en 2002 el Supremo el planeamiento aprobado diez años atrás, la situación urbanística del municipio y la imposibilidad de desarrollar el plan parcial de La Talá obligó a los promotores madrileños, ahogados por los bancos, a vender la finca. La adquirió, en 1996, el empresario astur-mexicano Juan Antonio Pérez-Simón, por unos 500 millones de pesetas (alrededor de 3 millones de euros). El nuevo propietario continuó con las obras de urbanización y llegó a publicitar la venta de chalés.

Pérez-Simón vendió la finca en julio de 2006 a la empresa Desarrollos Urbanísticos Nozar-Masaveu (que no tiene relación alguna con el grupo Masaveu asturiano). El precio de la operación ascendió a 38,3 millones de euros. El grupo de Nozaleda, gravemente afectado por la crisis inmobiliaria, ofreció en 2008 a Cajastur La Talá, a cambio de la cancelación de deuda. La Talá fue tasada por Tinsa (empresa líder del sector) en 39,8 millones, cantidad a la que se añadió el coste de las obras de urbanización ya ejecutadas (el 90 por ciento del total en aquel momento), lo que llevó el valor de la propiedad a 41 millones, y, sumado el IVA, a 47,56 millones.

Cajastur, a través de su filial Beyos y Ponga S. L., aceptó la finca en esa cantidad y canceló 41 millones en riesgos (créditos y prestamos) con Nozar: 28 millones de un préstamo hipotecario avalado con La Talá, 4 millones de un crédito personal y 9 millones de otros préstamos al grupo. Ya como Liberbank, el banco entregó La Talá a la Sareb en 2013 dentro de un lote con más propiedades. Aunque ambas entidades mantuvieron el precio de la operación en secreto, el descuento aplicado por la Sareb en promociones similares a La Talá indica que el precio de transferencia debió ser de 17,51 millones.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents