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El enigma del "Marquesito de oro" de Quirós: un hombre de claroscuros al que acompaña su propia leyenda negra

Hubo en Quirós en el siglo XIX un terrateniente tan rico como modesto, Bernaldo Álvarez Terrero Valdés Peón y Bolde de Leiva, sobre cuya figura pesan historias, incógnitas y alguna leyenda negra

El valle de Nimbra.

El valle de Nimbra. / R. F. O.

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Roberto F. Osorio

Roberto F. Osorio

El pasado día 23 de septiembre se cumplieron 134 años de la muerte de un terrateniente muy rico, modesto y cuya figura aparece acompañada de claroscuros y una leyenda negra basada en argumentos discutibles. Su funeral, tres días más tarde, fue la ceremonia con mayor boato y asistencia del concejo de Quirós en toda su historia. El finado era D. Bernardo Álvarez Terrero Valdés Peón y Bolde de Leiva llamado también "El Marquesito de Oro". Cuenta la tradición, pasada de padres a hijos, que existió una vez un hombre muy rico que se comportaba como los pobres. Posiblemente más de 80% de las propiedades del municipio quirosano eran suyas además de muchas otras repartidas por distintos concejos asturianos y fuera del Principado. Dueño de centenares de cabezas de ganado, con unas rentas anuales de varios miles de kilos de escanda que sumado a la renta en dinero pasaba de 125.000 pesetas, del siglo XIX.

El enigma del Marquesito de oro

Casa palacio de Terrero, detrás del hórreo. / LNE

No existe ninguna mención a su descripción física, se recordaba que vestía con indumentaria sencilla, al uso de los aldeanos, su fisonomía y porte no denunciaban su inmenso patrimonio, salvo que se hacía acompañar de secretarios y guardaespaldas que parecían hombres ricos escoltando a un campesino.

El enigma del Marquesito de oro

Capilla de Santrocaya, en Vil.lamarcel, propiedad de Terrero. / LNE

Variadas son las historias y anécdotas que versan sobre esta figura enigmática que se atrevió a cambiar el futuro de un concejo y de todos sus habitantes a través de varias generaciones. Dicen que D. Bernardo no quería que el ferrocarril pasará por Quirós, el proyecto férreo ideado por el ingeniero francés Gabriel Heim, que iba a llegar hasta San Esteban de Pravia partiendo de Astorga. Una leyenda negra que le perseguirá siempre y que no tiene una base nada sólida. Convivió con la incipiente actividad minera de las compañías francesas, con los altos hornos quirosanos y el ferrocarril minero que iba hasta Trubia, obligó a Fábrica de Mieres a disponer de un vagón de pasajeros, gratuito, para los quirosanos. Todos esos avances y empresas hirieron de muerte al mundo medieval, representado por este terrateniente, que iba en caída libre con las nuevas industrias que surgían. Su tumba, ahora abandonada y solitaria, al lado de la iglesia basílica que costeó de su peculio (millones de reales), en Nimbra sigue siendo el símbolo de un poder absoluto. La antigua iglesia parroquial, románica, que estaba bajo la advocación de San Vicente, se encontraba en mal estado. D. Bernardo pagó al arquitecto, a los maestros canteros y aportó la piedra de una cantera de su propiedad. La masa laboral la componían sus colonos y vecinos a cambio del sustento diario. Vivía este ricohombre en un alejado pueblo quirosano, Vil.lamarcel, en un palacio, en el cual cada esquina guardaba tesoros, muebles, libros... la imaginación popular hablaba de cuevas que escondían doradas monedas y otras joyas. Su madre, Teresa Valdés, "la doctora" como la llamaban los aldeanos, rigió con mano dura aquel complejo palaciego hasta su muerte en 1862. Rodeado de criados, escribiente, mayordomo, capellán y una miríada de manos voluntarias para trabajar a cambio de la comida. El Museo Etnográfico de Quirós y el Centro de Estudios Quirosanos cuentan con documentación variada de sus propiedades y actividades, aunque hay lagunas de ciertas épocas.

El enigma del Marquesito de oro

Firma autografiada de Bernaldo A. Terrero. / LNE

Este hombre se llamaba Bernardo Terrero Valdés Peón y Bolde de Leiva, nació en Vil.lamarcel en 1806 y allí murió, soltero, en 1889. Su madre no le dejó casarse con una campesina pobre de un pueblo cercano. Era un hombre culto, formado que no evitaba la vida social en la capital del Principado o en Madrid. Fue miembro y vocal de la Diputación Provincial e integrante de la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza. Hijo de una familia muy bien posicionada. Su padre era doctor y tenía muchas propiedades, al igual que su abuelo paterno, Francisco. En una libreta de 1749 de aprecios de ganados en comuña en varios pueblos de Quirós es dueño Francisco Álvarez Terrero de más de quinientas reses de ganado vacuno, con un valor de 65.000 reales. Su padre Manuel, en una adjudicación de bienes de su herencia, en 1803, adquiere bienes por valor de más de 200.000 reales en una casa con nueve hermanos, lo que significa que el patrimonio familiar era inmenso. Teniendo en cuenta que un criado de uno de estos señores en 1850 cobraba 26 reales al mes, 312 al año o que una vaca con cría se valoraba en más de seiscientos reales, se puede apreciar las diferencias abismales entre señores y el resto de la población. Antiguas leyendas hablaban de galeones venidos de América que antepasados suyos robaron; otras versiones se referían a tesoros o "chalgas" encontrados en puertos de montaña pasando de ser unos pequeños terratenientes a ser el "segundo más rico de Asturias", como se contaba en los corrillos aldeanos de aquel convulso siglo XIX.

El enigma del Marquesito de oro

Carte que menciona la confiscación de bienes y el destierro de Bernaldo A. Terrero por carlista. / LNE

Se desconocen muchos aspectos de su vida. Era una persona modesta pues así vestía, tenía además trato cercano y habitual con sus criados, pero también con proveedores y vecinos. Mayores y niños le pedían favores de todo tipo. Les daba de comer, les eximia del servicio militar (contaba un viejo quirosano en el gran libro de la historia quirosana "La Casa de Quirós", (1958) "a mi me tocó el servicio militar en Cuba y gracias a Don Bernardo no fui"), el trabajo en su casa nunca faltaba debido al enorme patrimonio que poseía. Rasgos de generosidad como el reparto de más de quinientas fanegas de maíz y centeno a centenares de sus colonos y arrendatarios en cuatro años (1862,1863,1864 y 1880), en la segunda mitad del siglo XIX, para aliviar las grandes necesidades de sus vecinos.

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Listado de colonos que reciben maíz como regalo de Bernaldo A. Terrero. / LNE

El Centro de Estudios Quirosanos rescató cuatro listados con muchos datos sobre ese asunto. Decían los viejos quirosanos que "cuando no había qué comer Terrero mandaba a la mitad del concejo a Babia y la otra a la costa y pagaba todos los aprovisionamientos". Sus ingresos totales eran cuantiosos como demuestra que en 1853 cobra por rentas de fincas en tan solo siete parroquias quirosanas 21 toneladas de escanda (319 fanegas) a 123 colonos. En 1864 el diputado a Cortes José García Miranda escribe que su elector Bernardo Terrero poseía "unas rentas anuales de 25.000 duros". En varias ocasiones sufrió robos, bandas de ladrones a caballo, al estilo western americano, que intentaron tomar el palacio que fue defendido por los criados. Se llevaron botín, pero poco, "con lo gordo no dieron" como decía el terrateniente a sus vecinos. Se suponía que en alguna habitación o sótano bien guardado había monedas de oro para comprar el país. La imaginación popular, siempre desbordante y exagerada, multiplicaba las riquezas sin control.

El enigma del Marquesito de oro

Emplazamiento del Juzgado de Lena por robo y lesiones en casa de Bernaldo Álvarez Terrero. / LNE

Los que lo visitaban en su palacio de Vil.lamarcel le confundían en ocasiones con un criado y le pedían que llamara al señor. Se dice que asistió a una subasta de terrenos donde después se asentó la Fábrica de Armas de La Vega. Se encontraban reunidos hombres pudientes que aspiraban a quedarse con las propiedades, pero no contaban con Bernardo Terrero, al cual no conocían. En el desarrollo de la subasta las pujas iban subiendo la cuantía, al mismo tiempo se extrañaban de la presencia en ella de un aldeano. Pues, así vestía, con boina, chaleco, el rico hacendado quirosano acompañado de criados vestidos a la usanza más moderna. Cuando la subasta parecía decantarse a favor de un subastero, entró en liza Terrero, mejorando la oferta. Los allí reunidos se mofaron y tacharon de loco al pobre hombre que ofrecía lo que nunca soñaría tener ni en el pensamiento. Ante el despectivo comportamiento se dirigió al presidente de la subasta y le ofreció pagar en oro, en plata o en cobre. Realizando el abono en las tres especies.

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Iglesia de San Vicente de Nimbra, cuyo coste asumió. / LNE

Tiempo más tarde regala los terrenos al Estado. Un rasgo de generosidad que buscaba lavar su reputación. Intentó y lo consiguió congraciarse con la clase política con un trueque de favores. Había sido acusado de pertenecer a las Juntas carlistas, en 1875, sus bienes habían sido embargados y debía desterrarse a Estella. Sin embargo el poder del quirosano llegaba a las altas esferas de Madrid. En una carta dice "mi amigo el Ministro de la Guerra retira esas medidas" y se cree que Terrero, a cambio, cede al Estado esos terrenos donde después se instalará una fábrica de armas. Un misterio más en este personaje.

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Cementerio de Nimbra, con la tumba de Bernaldo Á. Terrero. / LNE

Aquel quirosano podía vivir en cualquier palacio de Oviedo o de Madrid y sin embargo no abandonó el terruño que le vio nacer. Se sentía cómodo y a gusto entre sus vecinos más humildes y tan solo sus ocupaciones publicas le hacían codearse con los potentados en Oviedo o Madrid. Hacía noche cuando viajaba a la capital española en casa propia, ya que sus dominios se extendían por las tierras castellanas. Además de la casi totalidad del concejo quirosano tenía terrenos en los municipios vecinos, en Babia, en Burgos...

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Escudo de Bernaldo Álvarez Terrero. / LNE

Bernardo Álvarez Terrero muere en 1889. En su testamento, abierto y cerrado, los rasgos de generosidad son numerosos. Deja bienes y dineros a su mayordomo, Jose Viejo Quirós, pero el albacea y apoderado, Manuel Nieto de la Fuente (llegó a ser presidente de la Diputación de Principado) hereda bienes por valor de más de cuatro millones de pesetas en distintos municipios. Bienes y 60.000 pesetas son repartidos entre los criados, sobrinas, ahijados y otras personas a su servicio. Perdona rentas y deudas. Entrega vacas, inmuebles y muebles a sus renteros y colonos. Deja dinero para dos instituciones docentes y fija la cantidad, astronómica para la fecha, de 15.000 pesetas para comprar maíz para los pobres del concejo o el reparto de dicho dinero entre ellos si el año fue fructífero en los campos. No hay constatación si los administradores llegaron a cumplir con la voluntad del finado.

El enigma del Marquesito de oro

Esquela de Terrero publicada en «El Carbayón». / LNE

Preocupado por la educación de sus vecinos deja una asignación para una escuela de primera enseñanza superior en su pueblo de Vil.lamarcel con un sueldo para el maestro de 1.250 pesetas anuales y también dos preceptorías de enseñanza en Gramática latina, Religión y Moral.

Su funeral tuvo que ser el mayor acontecimiento de duelo público en varios siglos pues se acercaron a la iglesia de San Vicente de Nimbra centenares de vecinos. La flor y nata de los terratenientes de los concejos cercanos, sus criados, los colonos de Don Bernardo que eran centenares, y los vecinos hambrientos que sabían que ese día podrían comer. En su testamento se especifica que "se había de dar de comer a todos los concurrentes, incluidos sacerdotes, según la costumbre en este concejo". Los tres curas principales cobraron 6.000 reales, otros veintidós prelados les acompañaron.

Sus rasgos de generosidad fueron olvidados con el paso del tiempo. Su inmenso patrimonio se disgrega, el oro fue bajado en mulas a la capital quirosana, su destino final se desconoce. Hubo vecinos que planearon el asalto a dicha comitiva dorada pero que no pasaron a la acción. Años más tarde aparecieron monedas en cuadras y casas que le pertenecían. Su palacio, hoy unas ruinas, fue escuela, vivienda privada y salón de baile para después caer bajo las piquetas furtivas que buscaban "el gran tesoro de Terrero" en cualquier esquina de aquel caserón. Todo desapareció con el paso del tiempo salvo la figura de este sencillo millonario rural. Su tumba, cerca de la iglesia basilical que mandó construir, terminada en 1884 bajo la dirección de Esteban Armigol, domina el valle en que se forjó la leyenda de aquella enigmática figura del siglo XIX en Quirós y Asturias.

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