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Entrevista | Francisco Carantoña Álvarez Catedrático de Historia Contemporánea, ofrece una charla hoy, cuando se cumplen 200 años de la ejecución de Rafael del Riego

"Con la muerte terrible de Riego, Fernando VII quiso humillar a la libertad"

"El mariscal quizá pecó de ingenuo, los liberales aún eran utópicos; luego la política se volvió mezquina"

Francisco Carantoña

Francisco Carantoña / LNE

Luis Ángel Vega

Luis Ángel Vega

Oviedo

Hoy se cumplen 200 años de la vil ejecución del mariscal Rafael del Riego, nacido en Tuña (Tineo) en 1784. El catedrático Francisco Carantoña, que ofrece una conferencia sobre este asunto en la Junta del Principado, sostiene que Fernando VII quiso darle un carácter simbólico a su muerte: con ella quería humillar a la imagen de la libertad y la Constitución.

–¿Por qué ejecutaron a Riego con tanta saña?

–Riego se había convertido en el símbolo de la libertad, por el papel que había jugado en el levantamiento del 1 de enero de 1820 en Las Cabezas de San Juan, y después porque consigue capturar al cuartel general del ejército de Andalucía, y abortar cualquier intento de acabar con el pronunciamiento. Después organiza la expedición por Andalucía, con Evaristo Fernández de San Miguel, donde nace el himno de Riego, que se haría muy popular. Luego destaca por su honestidad. Se mantuvo muy firme en los principios de la defensa de la Constitución de Cádiz. Fernando VII quiso castigar a quienes estaban dispuestos a rebelarse y defendían la Constitución, quiso castigar a todo liberalismo, a todo el constitucionalismo y a todo el Trienio. Por eso le dio ese carácter simbólico a su muerte, que fue terrible. Lo dijo el propio rey: "Hay que acabar con esos riegos, empecinados y chalecos".

–Querían matar al hombre, pero también la idea.

–Matar la imagen de la libertad y de la Constitución. Humillarla, además. Riego tenía derecho, como mariscal de campo, a un tribunal militar, y lo juzga uno civil. Tenía derecho a ser fusilado, y lo ahorcan. Encima, lo arrastran por las calles de Madrid en un serón tirado por un burro, con un gorro en la cabeza, una vejación. Es una muerte casi...

–Un auto de fe...

–Sí, realmente sí, además público. La propuesta del fiscal era mucho más terrible. Propuso que fuera descuartizado y que se colocase la cabeza en Las Cabezas de San Juan, y los otros trozos, pues uno en Madrid, otro en Sevilla, y otro en Cádiz. Para escarmiento de quien quisiera levantarse en favor de la Constitución.

–No destruyeron el mito...

–El mito quedó y perduró. Aunque es verdad que sobre Riego también se creó una leyenda negra. Que incluso llega hasta la actualidad. Los sectores ultras absolutistas lo convierten en poco menos que un criminal, un jacobino. Le atribuyeron crímenes que nunca cometió. Pero los liberales conservadores, tan importantes en la España contemporánea, hasta que lleguen las dictaduras, lo miran siempre con muchísima reticencia. Y van a criticarlo porque se convierte en un símbolo de demócratas y republicanos. Rechazaban la constitución de Cádiz, por demasiado democrática. Y crean esa leyenda de que Riego era un ambicioso –algo completamente falso–, que quiso incluso convertirse en dictador. Y luego está esa cuestión recuperada por algún historiador actual de que había sido un traidor, que se había perdido el imperio por su culpa, que es absurdo.

–Porque ya estaba perdido...

–Perdidísimo. Es que si ese ejército no había podido ir antes, y llevaba años esperando para ir, es porque no había ni barcos. Es decir, la monarquía española estaba en bancarrota. Los rebeldes americanos tenían el apoyo británico. Es decir, era imposible que la monarquía absoluta de Fernando VII, y se demostró después, pudiese sofocar esa rebelión. Riego lo que pretende es conseguir la paz, cree que con la Constitución se puede llegar a un acuerdo con los rebeldes americanos. Fue imposible. Se intentó, aunque Fernando VII y un sector de los diputados se negaron, crear una especie de Commonwealth, como los británicos, pero mucho antes. Pero no cuajó.

–Se le acusa de querer ser un dictador, cuando dijo: "No seré el Cromwell de mi patria".

–Sí, él siempre se negó a rebelarse en contra del gobierno constitucional. Siempre fue disciplinado, nunca pretendió convertirse en dictador militar, algo bastante ajeno a la forma de pensar de los militares del siglo XIX. Pueden intervenir en política para defender una idea, pero España no tiene ningún dictador militar, ni ninguna junta militar hasta 1923.

–Tampoco era republicano.

–No, al contrario, siempre fue fiel a Fernando VII. Era un hombre que creía en la Constitución de 1812, en una monarquía constitucional. Y, claro, luego se siente decepcionado, como todos los liberales, por el comportamiento de Fernando VII. Pero a pesar de todo, sigue manteniendo el respeto, la fidelidad al rey hasta el final. Es decir, nunca se pronuncia en contra del rey. Resulta que la acusación en el juicio no fue por haberse rebelado en 1820 ni por ninguna otra cosa. Fue por haber votado el día 11 de junio de 1823 la incapacitación temporal del rey, que pretendía quedarse para que le capturase el ejército de los Cien Mil Hijos de San Luis.

–Ese régimen liberal, ¿podría haber durado en aquel contexto internacional?

–La situación internacional era muy difícil. De todas formas, las potencias europeas tenían bastantes reticencias a intervenir en España. En la propia Francia había mucha oposición. Si Fernando VII hubiera querido ser rey constitucional, el sistema constitucional hubiera salido. Espoz y Mina había derrotado a los guerrilleros realistas a finales de 1822 en Cataluña y el ejército apoyaba el sistema constitucional.

–¿Se frustró otra España?

–El Trienio tenía un gran programa de reformas. No solo hicieron la Desamortización, derogaron el sistema señorial, elaboraron el primer código penal de la historia de España..., crean un sistema educativo moderno, financiado por el Estado. Hubiera alfabetizado España y cambiado muchísimo el sistema productivo. Riego quizá pecó de ingenuo, porque en estos primeros liberales ves todavía un sentimiento utópico, una ilusión por los cambios. Es gente que se complica la vida por sus ideas, un impulso que la política pierde, se convierte en un poco más mezquina.

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