Manuel Pimentel | Exministro de Trabajo, ganadero y escritor, publica «La venganza del campo»

"No queremos granjas, ni invernaderos, ni trasvases; y eso encarece la alimentación"

"El lobo es bueno que se extienda, pero hay que compaginarlo con la necesidad ganadera; por eso veo bien su caza para reducir ataques"

Manuel Pimentel, exministro de Trabajo.

Manuel Pimentel, exministro de Trabajo. / Luisma Murias

Mariola Riera

Mariola Riera

Está Manuel Pimentel (Sevilla, 1961) embarcado en la promoción de su último libro, "La venganza del campo". No lo puede negar. Cuando atiende a LA NUEVA ESPAÑA, sufre una incipiente ronquera que apenas le deja un hilo de voz. El poco que le queda –se le acaba justo cuando toca hablar de la actualidad política–, lo emplea en abundar en el rotundo y algo apocalíptico título de su última obra, editada por su propia firma, Almuzara.

–Eso de "la venganza del campo" da un poco de miedo.

–Es un título alegórico de connotación bíblica, pero que recoge una realidad. El campo ha sido olvidado por la sociedad y al final, como desde siempre pasó, éste se venga de una forma muy antigua, que es con menos alimento y por tanto con encarecimiento. Esto no ha hecho sino comenzar, porque el campo sigue olvidado y por tanto la producción agraria entrará en fase descendente y lo único siguiente es que los precios subirán.

–¿Ha hecho solo comenzar? Tiene ciertos tintes apocalípticos.

–No, no, en este caso no es nada apocalíptico, simplemente es matemáticas. Si tú tenías una alimentación muy barata, porque la globalización permitía traer los alimentos de cualquier parte del mundo, y la globalización ahora se está rompiendo con aduanas, fronteras, inseguridad en los mares, pues los alimentos suben. Si en Europa toda las normas que se aprueban limitan, encarecen, se complica la tarea de los agricultores, pues estos están abandonando el campo y éste se venga con la subida de precios, no hay duda. No es apocalíptico, es matemáticas.

–Dice en su libro que los agricultores, los ganaderos, han pasado de héroes a villanos. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

–Es cierto que éste es el sentimiento general, el campo lleva quejándose de eso desde hace mucho tiempo. Desde el año 2000 al 2020, por diversas causas como la globalización, una concentración de la distribución que apretaba mucho a la industria porque hubo buenas cosechas, hemos disfrutado de la alimentación más barata de la historia de la humanidad. Eso hizo que la alimentación dejara de ser un problema para la sociedad, que creía que era algo que aparecía por generación instantánea en la era de los supermercados. Simultáneamente aparecieron nuevas preocupaciones y valores, como sostenibilidad, naturaleza, medio ambiente, salud... Y el animalismo, que sí importaban a la sociedad. Pues la alimentación se abandonó y todas las normas que se han ido aprobando limitan, dificultan o encarecen la actividad agraria que la genera. Ya no queremos invernaderos, ni regadíos, ni trasvases, ni granjas. Así cada año que pasa la producción se limita y se encarece necesariamente.

–Mal lo pone. ¿Se puede arreglar?

–Sí, por supuesto. Simplemente si desarrollamos una estrategia alimentaria europea, al igual que hay una estrategia energética.

–Pero se supone que ya la hay, ¿no? Ahí está la Política Agraria Común (PAC).

–No, porque la PAC que hay, que se acaba de aprobar recoge los valores de la sociedad de los que hablábamos, naturaleza, sostenibilidad, que están muy bien, pero se olvida de asegurar la alimentación. No hay ni una sola línea dirigida a producción, a garantizar los alimentos que precisa Europa, almacenamiento... Eso no existe. La nueva PAC vale para otro momento, pero ahora hay que incorporar en la política agraria la necesidad de alimentar a la población europea de una forma abundante, sana y, sobre todo, a un precio razonable. El precio de la alimentación ha desaparecido de todas las matrices de decisión y hay que volver a incorporarlo.

–Habla con conocimiento de causa. Aparte de escritor y presentador, cría vacas en Andalucía.

–Soy ingeniero agrónomo, vivo en el campo, todo mi entorno es agricultor y llevo muchos años reflexionando sobre esta dinámica.

–¿Ha sufrido, sufre mucho el Pimentel agricultor?

–Como parte de la sociedad y por mi entorno, claro que sufro, sin duda. Pero esto es más bien un tema de profunda sociología, donde no hay ni bueno ni malo, sino sencillamente valores nuevos y olvido de algunos que no pueden olvidarse, como es la alimentación. Y mi propuesta aquí es que todos esos valores nuevos son muy positivos, pero tenemos que incluir la alimentación a precio razonable para la población. Es que nos habíamos olvidado de ese pequeño detalle.

–La ganadería del sur de España es muy distinta a la del Norte. ¿También la forma de sufrir esta crisis? El campo asturiano ha salido a la calle en varias ocasiones en los últimos año.

–Pues visto lo visto, los profesionales viven la crisis igual a pesar de que son distintas. En el fondo es lo mismo. Sus precios se hunden, sus costos crecen, ven como la sociedad los desprecia, los considera en algunos casos maltratadores de animales, enemigos del medio ambiente. Y lógicamente la gente, si ve que no le valoran y que no gana, pues sale despavorido. Y por eso todos los años se cierran nuevas explotaciones. Es una pena.

–En Asturias, uno de los asuntos que más preocupan es el lobo. Los ganaderos se dicen hartos de los ataques y piden controlarlo, que se le quite la protección.

–Sí, lo he leído y lo sigo. Yo creo que el lobo es bueno que se extienda, que una Naturaleza con el lobo es mejor si éste está ahí. Pero hay que compaginarlo con la necesidad de los ganaderos. Por eso veo bien la caza del lobo, pero debe ser en determinadas comarcas y momentos, autorizarla de forma ocasional con el fin de disminuir esos ataques. También es muy importante las compensaciones que se les den a los ganaderos. Por tanto mi propuesta es sí al lobo y sí a los ganaderos.

–No es fácil tanto equilibro.

–Hay que equilibrar, siempre, analizar la situación en cada momento, ver cada caso puntual y permitir la caza del lobo si así lo aconseja la realidad.

–¿Cómo llenamos la España vacía? Si las cosas no pintan bien para trabajar en el campo, la gente seguirá yéndose a la ciudad para ganarse la vida.

–No es solo por eso. Sino que si consideramos que el vecino de los pueblos es enemigo del medio ambiente, maltratador de animales, es decir, que sufre una opinión negativa, pues con más motivo se va. La sociedad debe ser consciente de la importancia de la alimentación y que agricultores, ganaderos y pescadores son los profesionales que la proveen. Por tanto, hay que valorarlos, respetarlos y crear un ecosistema donde la producción sea sostenible y le permita una rentabilidad razonable al mismo tiempo que la sociedad se beneficia de una alimentación sin precios altos. Pero tal como vamos, es a peor en todos los sentidos.

–¿Y de quién es la culpa? Porque no parece que esto vaya a mejorar por lo pronto.

–Bueno, yo soy optimista en cuanto a que la sociedad lo vea. Ya te digo: no hay ni bueno ni malo, es simplemente una deriva sociológica que se ha producido en las últimas décadas cuando la alimentación dejó de tener importancia. El político se debe a lo que piensa la sociedad. Ahora que está cambiando el pensamiento de la sociedad es posible, y yo espero que así sea, los políticos incorporen la alimentación como una de sus preocupaciones y mejorarla para todos.

–Me ha sorprendido conocer que usted pasó un tiempo cosechando en un kibutz israelí.

–Fue cuando era estudiante de ingeniería agrónoma. Me fui casi cuatro meses a trabajar de voluntario a un kibutz para aprender sus técnicas de riego . Fue a principios de los años 80.

–¿Y cómo ha vivido los recientes acontecimientos en la zona, tras los ataques terroristas de Hamás precisamente a kibutzs cerca de la frontera de Israel con Gaza?

–Con mucho dolor. Ojalá sea capaz de solucionar su problema.

–Usted fue ministro con el PP entre 1999 y 2000. De política quiero preguntarle. ¿Qué opina de la situación actual, esa amnistía en camino, la gente en la calle...?

–Me parece que se está dificultando la convivencia y eso es una mala noticia.

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