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La difícil gestión del CSR en Asturias: el combustible que sale de la basura de los asturianos en un año ocupa lo mismo que un edificio de 21 pisos

Cogersa fabrica este material, listo para ser quemado para obtener electricidad, en la nueva "plantona" de clasificación de basura bruta

cogersa

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Vicente Montes

Vicente Montes

Imagínese reemplazar de un plumazo el edificio de la Junta General del Principado, el parlamento asturiano situado en la calle Fruela de Oviedo, por un bloque de 21 pisos de altura. Ese sería el volumen que ocupa el combustible sólido recuperado (CSR) que Cogersa –consorcio público participado por Principado y Ayuntamientos– fabricará cada año a partir de la basura que los asturianos envían al contenedor sin reciclar. Se trata de unas 150.000 toneladas prensadas y empaquetadas en fardos de una tonelada y aproximadamente un metro cúbico de volumen. Grábense a fuego las siglas CSR porque serán las protagonistas del debate sobre la basura en Asturias durante bastante tiempo.

Cogersa fabrica este material en la nueva "plantona" de clasificación de basura bruta, donde al año entran 420.000 toneladas de basura no separada que los asturianos arrojamos al contenedor al año. En esa planta, en servicio este año por vez primera, ya se obtienen 80.000 toneladas de materiales listos para reciclar. También se extrae materia orgánica para conformar 40.000 toneladas al año de "bioestabilizado". El resto sigue dos caminos: una parte se convierte en CSR tras un proceso de selección, y finalmente existe un residuo que por el momento no tendrá otro destino que el vertedero, hasta que alcance su máximo de capacidad.

Ese CSR está formado por restos de madera, cartón, plástico y textil, principalmente. Se somete a un proceso de secado (para elevar su capacidad calorífica) y se prensa y empaqueta en fardos. Asturias ya no cuenta con un vertedero susceptible de acoger toda esa materia a un vertedero y, además, las normas europeas lo impiden, ya que prohíben enterrar basura tal cual se recoge, como ha sucedido hasta hace bien poco.

Los modelos para la gestión de los residuos han evolucionado en los últimos años en base a los siguientes principios: se debe reducir la cantidad de basura generada por habitante; además, esos residuos deben devolverse a la cadena de reciclado en la mayor cantidad posible, y aquello que no puede reciclarse debe aprovecharse al máximo en procesos que generen algún valor. Es el espíritu de la "economía circular", la manera de reducir el uso de materias primas, extender la vida de los productos y reducir emisiones y huella en el medioambiente. El viejo concepto de "usar y tirar" está penalizado.

El CSR se ha convertido en la alternativa para tratar de dar "otra vida" a la basura. Está sujeto a normativas que establecen su composición para convertirlo en un material con parámetros adecuados para su quema. Existen estándares europeos sobre cómo debe elaborarse y cuál debe ser su composición química.

Este combustible sólido recuperado es novedoso en Asturias pero tiene una larga trayectoria en Europa. Países como Alemania, Finlandia o Italia cuentan con un mercado de CSR asentado. Ya en 2007 se producían más de 8 millones de toneladas de este material y los países en los que su empleo es habitual cuentan desde hace años con regulación específica. "No es basura", ha dicho Barbón.

¿Es el CSR la panacea al problema? No. En realidad es la expresión de un fracaso en el reciclado en origen. Si los asturianos llevásemos a cabo un proceso de separación estricto, su producción se reduciría al mínimo. Pero nuestra tasa de reciclaje no es motivo de orgullo: solo un 22,6% de los residuos, muy lejos del 66% de los riojanos, el 57% de catalanes o el 55% de los vascos. Precisamente la "plantona" de Cogersa (la más moderna del país) se encarga ahora de "mejorar" esas cifras abriendo las bolsas negras y enmendado los errores de los hogares. De ese modo se espera cumplir los objetivos de la UE en tanto se avanza al escenario de que en 2035 el 50% de los residuos sean separados en origen: es decir, por cada asturiano.

Una realidad que no espera

Pero, sin opciones de destinar los residuos al vertedero de Serín, que ya rebosa, el CSR se convierte en la única salida para la basura de los asturianos. Ya se fabrica, pero su destino puede convertirse en un problema. Cogersa licitó un concurso público en el que estaba dispuesta a pagar 100 euros por tonelada a las empresas interesadas en hacerse cargo de las 150.000 toneladas anuales. Un defecto de documentación por parte de los aspirantes obligó a dejar desierta la convocatoria, que se repetirá próximamente. Pero ¿tiene sentido desembolsar al año 15 millones de euros para que cementeras, centrales de biomasa o intermediarias se lleven un material que cuenta con criterios técnicos que lo hacen aptos para su combustión segura?

De ahí el relevante pronunciamiento de Izquierda Unida esta semana. La organización, que fue combativa con el proyecto de una incineradora de basura bruta (sin ninguna preselección) hace años, ahora abre la puerta a que Cogersa construya instalaciones para utilizar el CSR y obtener energía que genere ingresos. El Gobierno está dispuesto a estudiar esta posibilidad (bien con combustión, bien con pirólisis química) pero hasta que se tome una decisión, volverá a convocar el concurso público que quedó desierto "en similares condiciones", aseguró ayer el portavoz del Ejecutivo, Guillermo Peláez.

La gestión del CSR producido en Cogersa es una realidad que no puede esperar. Pacientemente, día tras día, se apilan los fardos, con el mismo ritmo con el que los asturianos arrojamos nuestra basura, día tras día, sin una exhaustiva separación. Menguar año a año ese edificio que formaría Cogersa con el CSR que produce es tarea colectiva, pero entretanto ya está ahí.

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