Entrevista | Beatriz Roldán Cuenya Investigadora del Instituto Fritz-Haber, de la Sociedad Max Planck, clausura hoy, viernes, a las 19.30 horas, la IX Semana de la Ciencia "Margarita Salas" de LA NUEVA ESPAÑA con la charla: "Sol líquido: cómo hacer combustibles verdes"

"El hidrógeno verde será el nuevo equivalente al petróleo"

"Si se hacen los cambios ahora, hacia 2040 será posible un sistema energético global basado en combustibles limpios"

"Los científicos españoles podemos ir con la cabeza muy alta; tenemos una preparación académica muy buena"

Beatriz Roldán Cuenya.

Beatriz Roldán Cuenya. / LNE

María José Iglesias

María José Iglesias

Beatriz Roldán Cuenya (Oviedo, 1976), investigadora del Instituto Fritz-Haber, de la Sociedad Max Planck, clausura hoy, viernes, a las 19.30 horas, la Semana de la Ciencia "Margarita Salas" de LA NUEVA ESPAÑA con una conferencia sobre los nuevos combustibles verdes. El trabajo de Beatriz Roldán ha sido reconocido con el premio "Paul H. Emmett" en Catálisis Fundamental de la Sociedad Norteamericana de Catálisis.

–Ha hecho la mayor parte de su carrera fuera de España. ¿Qué supone todo ese bagaje?

–Mis experiencias en investigación fuera de España me han permitido tener acceso a técnicas avanzadas experimentales de caracterización de materiales que no estaban disponibles en Asturias, ni en España, cuando me fui a hacer el doctorado a Alemania en 1998. También me ayudaron a tener una perspectiva global de cómo se concibe y hace la ciencia en otros países. Aprendí la importancia de la colaboración y de ser abierto a nuevas ideas, a trabajar sin jerarquías y a apreciar el talento sin importar la edad o de donde venga.

–¿Se ha sentido siempre de igual a igual en su trabajo?

–Los científicos asturianos y españoles podemos ir con la cabeza muy alta por el mundo. A pesar de la escasez de medios económicos, que dificulta la productividad en nuestro país, especialmente para aquellos que hacemos investigación experimental, tenemos una preparación académica muy buena y suplimos la falta de medios con talento y un espíritu de trabajo que no se encuentra en todos los países. Yo estoy orgullosa de escribir en mi curriculum que me gradué en la Universidad de Oviedo. Ahora compito en investigación con las mejores universidades del mundo.

–Sus investigaciones se centran en la síntesis de nanoestructurados. ¿Cuáles son las aplicaciones prácticas?

–Mas del 80% de los procesos industriales hacen uso en algún momento de un catalizador, que es un material que promueve una reacción química. En mi trabajo intentamos entender cómo funcionan los nano-catalizadores en condiciones reales durante su uso. Si se consigue entender cómo funcionan, o por qué dejan de funcionar, estos materiales, podremos mejorar su diseño y efectividad para dar lugar a procesos industriales más rentables y más verdes. Las aplicaciones son múltiples: catalizadores se usan en todos los coches actuales, sean de gasolina y o diésel, para mitigar las emisiones de gases nocivos; en los nuevos coches fuel-cell, que funcionan con hidrógeno. En los últimos años he desarrollado materiales para convertir gases de efecto invernadero como el CO2 en productos útiles para la industria química y el transporte como el metanol, el etanol o el etileno.

–¿Cuándo se dará ese gran paso del combustible fósil al verde?

–En estos momentos depende más de los políticos, de los gobiernos de los diferentes países, que de los científicos, e incluso de intereses particulares de compañías privadas poderosas. Los científicos podemos aconsejar qué tecnologías y productos se podrían aplicar como alternativas a los carburantes fósiles, pero, lamentablemente, se nos va de las manos que se nos escuche. Además de que los políticos escuchen, también debe hacerlo la sociedad.

–Los mercados parecen ir más lentos que los laboratorios.

–Un ejemplo es la tecnología para la producción de hidrógeno verde a través de electrólisis, que se conoce desde 1789, pero que hasta hace poco tiempo no se ha empezado a implementar a nivel industrial. La razón es que los combustibles fósiles eran eficientes y más baratos, y que su efecto dramático en el cambio climático se ha ignorando o no se ha tomado en serio por décadas. El salto a los combustibles verdes tendrá lugar dependiendo del precio que se haya que pagar por las emisiones de CO2. Si se hacen los cambios necesarios ahora, hacia 2040 podríamos tener un sistema energético global basado en combustibles verdes.

–¿Habrá un combustible verde equivalente al petróleo?

–El equivalente del petróleo será el hidrógeno verde, de él se derivarán lo que llamamos moléculas plataforma (metano, metanol, amoníaco). Ahora usamos varios combustibles dependiendo de la aplicación: gasolina, diésel, queroseno... En el futuro se necesitarán también varios combustibles derivados del hidrógeno verde combinados con la conversión de gases nocivos como el CO2. El metano verde podría usarse para la calefacción, el metanol verde para la industria química, el amoniaco verde para el transporte marítimo, además de como fertilizante, y equivalentes verdes al queroseno, para la aviación.

–En su conferencia hablará del "sol líquido".

–Ahora mismo, es innegable que el cambio climático está afectando a la humanidad. Para mitigar los graves efectos debemos actuar ahora en la realidad, no sólo en la política y en el papel haciendo planes que nunca se implementen. La energía sostenible sin combustibles líquidos basados en hidrógeno no puede funcionar. Hay que actuar paso a paso en la transformación, teniendo a la vez en cuenta la arquitectura final del sistema. La ciencia de la catálisis es la base estratégica de los conocimientos y tecnología necesarias para esta transición. El conocimiento sobre la dinámica de los catalizadores es la herramienta crítica para optimizar el rendimiento y minimizar el riesgo y el costo materiales de la tecnología.

–¿Se ve regresando a España dentro de unos años?

–Si hubiese una oferta seria que me permitiese seguir investigando a alto nivel, que es mi pasión, por supuesto que lo consideraría. Llevo 26 años fuera de España, trabajando y viviendo en EE UU y en Alemania. Aunque me han proporcionado en mi vuelta a Europa de EE UU todos los medios con los que puede soñar un científico para investigar en Alemania, es difícil vivir fuera de mi país, la cultura es distinta. Y da igual el nivel académico o económico que uno tenga, durante mis años en el extranjero, especialmente últimamente desde mi regreso a Alemania, he notado una creciente resistencia a aceptar la diversidad en la sociedad, que es una parte muy importante también en la ciencia. Los mejores equipos investigadores internacionales son multiculturales y normalmente en los ambientes científicos se acepta la diversidad. El problema aparece cuando se sale a la calle a hacer la vida cotidiana. Tampoco me ayuda ser una mujer científica con un puesto directivo en una sociedad que apenas tiene ejemplos de este tipo, cuesta un esfuerzo tremendo tener los mismos derechos, no solo las mismas responsabilidades, que otros tienen por nacimiento.

–Estudió Física. ¿Fue algo vocacional?

–Sí; de hecho, a mí me gustaban la física y la química al salir del instituto, y aunque estudie Física hice el posdoctorado en ingeniería química, y ahora dirijo un instituto de investigación donde se trabaja en ambos campos, con énfasis en la química. De niña quería estudiar Astrofísica para ser astronauta, pero, al no ofrecer la carrera en Asturias y no tener medios para poder estudiar fuera, me decanté por la Física del estado sólido con especialidad de materiales. Como anécdota, mi entrada en la Facultad de Física en Oviedo no fue realmente planeada. Yo pensaba estudiar Química, pero una visita a la Facultad de Ciencias mientras aún estaba en Secundaria y encontrar a un catedrático físico, José Rodríguez, muy entusiástico, que me enseñó el edificio y sus laboratorios, cambió mi decisión. Ahí se ve la importancia de los mentores científicos. Posteriormente, fue Francisco Salas, otro profesor de Física en Oviedo, quien me motivó y ayudó a dar el salto a hacer el doctorado en Alemania. A él le debo las oportunidades que me surgieron luego en mi carrera científica.

–¿Qué le parece la iniciativa de la Semana de la Ciencia de LA NUEVA ESPAÑA?

–Excelente. Necesitamos acercar la ciencia a los ciudadanos y nada mejor que hacerlo y alcanzar a audiencias diversas que a través de la prensa. La divulgación científica de estas conferencias abiertas a no expertos puede servir para motivar a las nuevas generaciones acerca del valor que el trabajo de un científico tiene para la sociedad, e idealmente atraer a más jóvenes a decantarse por estudios científicos. Del mismo modo, se debe educar a los políticos y al público en general para que las decisiones que adopten, que en temas de energía y medio ambiente nos afectan a todos, estén basadas en hechos, no en opiniones, en muchos casos incluso de voces sin las cualificaciones necesarias en el campo. El método científico es muy poderoso y las interacciones no solo entre científicos, como ocurre en las conferencias a las que normalmente asistimos, pero aún más entre científicos y no expertos son importantes para el respeto y entendimiento mutuo y para intentar encontrar soluciones globales a problemas de la sociedad y la industria.