Me quedo en el pueblo
Luz y un camino para el ferreiro de Santa Eufemia
Eduardo Aguilar y Ángela Pérez dejaron Cádiz para instalarse en la Comarca de los Oscos y reabrir, hace dos años, la Ferrería de Villanueva; firman su trabajo artesano con el nombre de "Macrafragua" y realizan igualmente visitas guiadas a los turistas interesados en conocer la fragua y su historia

Eduardo Aguilar Caravaca, trabajando en la ferrería de Santa Eufemia, en Villanueva de Oscos. |Ana Paz Paredes / Ana Paz Paredes
Eduardo Aguilar, natural de Jerez de la Frontera, y su mujer, Ángela Pérez llevan viviendo desde 2022 en Villanueva de Oscos. Entonces decidieron darle una oportunidad a la Ferrería Mayor de Santa Eufemia, que con ellos ha recobrado la función, al menos en parte, para lo que fue creada, y que es una joya etnográfica del concejo. Él, ferreiro vocacional y que se enamoró del oficio viendo a su padre, que en sus ratos libres hacía cuchillos, recuerda como se engancho a este trabajo "viendo como aquel material tan duro, el hierro, se doblaba en combinación el agua, el aire y el fuego. Empecé por mi cuenta y a día de hoy sigo enamorado de esta profesión", explica el artesano mientras trabaja una pequeña pieza en el yunque y al fondo se oye el agua caer en la ferrería que es, sin duda, impresionante.

Eduardo Aguilar, trabajando en la ferrería. / Ana Paz Paredes
Supo de la existencia de esta ferrería, que estaba cerrada y sin uso pese a haber sido rehabilitada en parte, a través de una chica que se le acercó a hacer unas fotos en un mercado. "Me dedico a los mercados medievales. Estando en uno en Llanera se me acercó y me dijo que esta ferrería estaba vacía y que si quería me daba el teléfono del Ayuntamiento para contactar con el alcalde. Le llamé, hablamos y me ofreció gestionarla. Hicimos las maletas y nos vinimos toda la familia para aquí hace dos años. José y Lourdes, del Hotel Oscos, fueron nuestros padrinos y nos acogieron muy bien", recuerda Eduardo. Mientras él hace el trabajo de la ferrería su mujer, Ángela, realiza macramé, de ahí que firmen su obra y se les conozca como Macrafragua.
Fusionan la forja tradicional y el macramé haciendo unas piezas muy singulares y únicas, además de ofrecer también visitas guiadas y talleres demostrativos, junto con piezas tradicionales de ferrería e incluso reproducción de piezas antiguas de cuchillería.

Eduardo Aguilar trabajando una pieza. / Ana Paz Paredes
Sin embargo, la situación de la ferrería, aún habiendo pasado por una rehabilitación, no era la esperada, según explica este profesional. "Por falta de uso el mazo estaba sin funcionar y había piezas que se habían deteriorado como los fuelles y el propio mazo. Llevamos aquí desde 2022 y todavía no tenemos luz, todo lo que hacemos es trabajando a base de baterías y lo que se ha ido rehabilitando para que ya funcione lo hicimos nosotros", explica este ferreiro que recuerda aún la visita, el año pasado, del presidente del Principado, Adrián Barbón.
"Me dijo que desde el Principado se iba a aprobar una partida de dinero para rehabilitar la casa, que data del año 1600 y la ferrería, pero de momento no hemos visto nada. Seguimos sin luz y parece que, en cuanto al camino, los accesos al mazo parece que los van a arreglar un poco pero de momento sigue sin hacerse. A mí Barbón, no sé, me pareció un tío noble, me dijo que su abuelo había sido minero y que el olor del carbón le traía recuerdos. Pero, vaya, de momento aquí no se ha movido un ladrillo y seguimos sin luz. Paciencia...", describe.

Detalle de una parte de la ferrería, con los dos fuelles. / Ana Paz Paredes
Aguilar dice que aún llevando dos años trabajando como ferreiro en Villanueva, "tenemos poca visibilidad como profesionales, mucha gente de aquí aún no nos conoce. Yo trabajo en mercados, pero también hago todo tipo cancelas, aperos, escaleras, puertas correderas, rejas, de todo y, por supuesto a mano. También hacemos visitas guiadas e informamos de cuanto tiene que ver con la historia del mazo, la ferrería, la casa y el Monasterio de Villanueva. Ahora en verano tenemos más luz y podemos ir tirando de linternas, pero en invierno, a las cinco de la tarde, ya ni se ve", explica este profesional apasionado de un oficio que, sin duda, es parte de la historia de Los Oscos. "Sólo necesitamos que se nos eche una mano desde el Ayuntamiento y nos pongan la toma de luz y nos arreglen el camino", recuerda.

Eduardo Aguilar en otro momento de su trabajo. / Ana Paz Paredes
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