El buque-insignia de la sanidad asturiana cumple 10 años

El anillo verde que reduce el estrés del HUCA (y alberga una sorprendente fauna que ni te imaginarías)

Muchos de los árboles del hospital regional provienen del antiguo Psiquiátrico

"Aquí aparecen puercoespines y hasta faisanes, hay una diversidad que no existe en ningún otro punto de Oviedo", subraya el jefe de jardinería

A la izquierda, uno de los jardines interiores del HUCA. En la esquina superior derecha, el cedro que sobrevivió a las obras sin moverse de sitio. Al lado, la hilera de plátanos en la zona de consultas externas. Debajo, el vivero al que se trasplantaron todos los árboles que hoy adornan el hospital (julio de 2005). Más abajo, otro jardín interior y una vista exterior.

A la izquierda, uno de los jardines interiores del HUCA. En la esquina superior derecha, el cedro que sobrevivió a las obras sin moverse de sitio. Al lado, la hilera de plátanos en la zona de consultas externas. Debajo, el vivero al que se trasplantaron todos los árboles que hoy adornan el hospital (julio de 2005). Más abajo, otro jardín interior y una vista exterior. / Analía Pello / Foto Asturias

Aunque muchos de sus usuarios tal vez no reparen en ello, el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) cuenta con una riqueza arbórea de la que pocos centros sanitarios pueden presumir. La idea de construir un hospital se cumple y goza de buena salud en el décimo aniversario del equipamiento ovetense. En los 360.000 metros cuadrados del hospital, hay ya más de medio millar de árboles, que forman un anillo verde que crece con los años en número de especies y frondosidad. "Es una tendencia dentro de la arquitectura hospitalaria. La naturaleza resta agresividad al hormigón y tiene el poder de reducir el estrés", explica Miguel Crespo, de Gispasa, la empresa pública encargada de la construcción y mantenimiento del nuevo HUCA.

Cuando se comenzó la obra del hospital, en el año 2005, el Principado destinó más de 744.000 euros a la conservación de 440 árboles en la parcela de la Cadellada, junto al nuevo HUCA. La mayoría de ellos eran centenarios y pertenecían al antiguo Hospital Psiquiátrico, construido en los años veinte del siglo pasado y que se ubicaba en el mismo lugar que el actual. El traslado y la posterior reubicación de los árboles se saldó entonces con una tasa de supervivencia superior al 90 por ciento. Actualmente, 252 especies de aquel vivero siguen en el recinto sanitario. Además, algunos árboles funcionaban como terapia en el antiguo psiquiátrico.

Abel Blanco es el responsable de jardinería del HUCA desde su apertura, en 2014. Observa orgulloso un espacio "cada vez más verde" para el que trabajan cuatro personas de lunes a viernes. "Haber logrado esta masa de árboles ha requerido un trabajo importante. Se ha conseguido, pero en su momento no sabíamos si las plantas iban a prosperar", explica. Los mayores cuidados tienen que ver con las plagas, un problema que se recrudece en verano y que se ha visto acrecentado por el cambio climático. El cuidado de las plantas ha ido cambiando. Es el caso de la pradera norte, que ahora requiere otro tipo de maquinaria, que hace la poda más sencilla. "Los robots de siega reducen a horas tareas que antes llevaban días", enfatiza Blanco.

Por otro lado, el cuidado del anillo verde del HUCA ha girado en los últimos años hacia tratamientos más sostenibles, con el reciclaje de la siega y la minimización del uso de la red de riego. El equipo de jardinería divide el terreno en parcelas y prioriza las áreas con más intensidad de uso y las más vistosas, como la entrada. La parte sur del hospital, junto a Consultas Externas, la presiden 11 plátanos occidentales, parte de los árboles con más solera del HUCA. Los pacientes del antiguo Psiquiátrico dieron lugar a formas trabajadas con diferentes podas, como si fuesen bonsáis a gran escala. "Son un ejemplo de lo que es la sanidad", señalan desde Gispasa.

Los plátanos occidentales son unas de las plantas que predominan en el recinto, ya que entre el edificio de la FINBA y el bloque de hospitalización hay otra hilera de estos ejemplares, que también copan el camino norte. Otros árboles con alto valor paisajístico son los bojs que se ubican junto a las letras que anuncian el HUCA y la alineación de castaños de indias, muy cerca de la capilla. También junto a la capilla están los de mayor valor emocional: cinco tejos que componen el "Jardín de la Memoria". Se trata de un homenaje a las víctimas del covid, que recuerda que, pese a ser un equipamiento joven, al hospital ya le ha tocado vivir la crudeza de una pandemia mundial.

En la parte de Urgencias hay una zona ajardinada en la que se plantaron unos bambús que han ido creciendo. "Cuando celebremos el 20º aniversario, los tendremos aún más hermosos", dicen los jardineros. En su margen norte, la parte que linda con el barrio de La Corredoria y donde se encuentra la zona de docencia, el HUCA presume de una pradera natural que es prácticamente un bosque. "Aquí aparecen puercoespines y hasta faisanes. Hay una diversidad natural que no existe en ningún otro punto de Oviedo", confirma el jefe de jardinería.

Aunque la planta más especial se encuentra al otro lado, cerca de la capilla. Se trata de un cedro libanés que no se trasplantó al vivero de La Cadellada en 2005. Contra todo pronóstico, esta especie centenaria sigue viva casi 20 años después pese a haber permanecido en el recinto de las obras. "Había un hombre reconstruyendo las vías de hierro a pocos metros, grúas, operarios descargando camiones... y hasta le daba la sombra. Pero aquí sigue como si nada y se ha convertido en un símbolo", recuerdan los que vivieron el replante.

Existe una parte de la riqueza arbórea del hospital mucho más oculta, pero que alivia la vista de algunas de las zonas más duras del centro, como las UCI y los quirófanos, por los que pasan cada día multitud de pacientes y trabajadores. El HUCA cuenta con cuatro patios interiores, cada uno dedicado a una estación del año, en la que muestra mayor belleza. Su modelo es el "Jardín en Movimiento", de Gilles Clément, en el que no se imponen especies y se deja que sobrevivan las plantas que mejor se adapten al entorno, que depende de factores como la orientación.

Para completar el envoltorio del hospital y coordinado con el de jardinería, funciona el servicio de mantenimiento del exterior, dirigido por Jorge Dos Santos. Dos personas se reparten un intenso trabajo que va desde el cuidado de las aceras hasta el arreglo de desperfectos, pasando por la pintura. "Es un equipamiento del que se hace un uso intensivo y por el que pasan 15.000 personas al día. La gente no se da cuenta pero cualquier cosa que esté mal hay que repararla", dice.

Dos Santos emprende cada lunes una vuelta de reconocimiento para comprobar que todo esté en orden. Un ritual que permite que el lugar más transitado de Asturias conserve la imagen más agradable posible para trabajadores y pacientes.

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