Fallece el naveto Alberto Torga, capellán de los españoles en Holanda y Alemania y abanderado de una Iglesia de "libertad y fraternidad"

Apoyó la "Huelgona" minera de 1962

Una insuficiencia renal le produjo la muerte, con 91 años

Alberto Torga y Llamedo, delante de la iglesia de San Bartolomé de Nava. | LNE

Alberto Torga y Llamedo, delante de la iglesia de San Bartolomé de Nava. | LNE

Luján Palacios Pablo Álvarez

El sacerdote naveto Alberto Torga y Llamedo, capellán durante más de cuatro décadas de los emigrantes españoles en Holanda y Alemania, falleció ayer en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) a los 91 años de edad. Una insuficiencia renal había obligado a ingresarlo en varias ocasiones en los últimos meses. Mientras pudo, continuó celebrando misas en Nava y los alrededores cuando era necesario sustituir a otros curas. Por ejemplo, nunca se perdía la misa del Carmen de Paraes, aldea de Nava. Había nacido en Vegadali, en 1933, y en su casa familiar pasó todo el tiempo posterior a su jubilación que su estado de salud le permitió. También transcurrió temporadas en la Casa Sacerdotal de Oviedo.

En 2104, Alberto Torga publicó sus extensas memorias. Animado por su familia y amigos, al principio pensó que "con unos 300 folios sería bastante". Pero le pasó "como cuando vas a cereces, coges una y luego otra y acabes cogiendo un puñáu". Al final, le salieron más de 1.300 páginas, una extensión muy llamativa, sobre todo si se tiene una premisa expresada por él mismo: "Nunca he llevado un diario, todo se lo debo a una memoria prodigiosa".

Alberto Torga tenía una singular personalidad. "Soy cura un poco por cabezonería, casi por llevarle la contraria a mi hermano Saúl. Cuando éramos niños, acudíamos a catequesis con don Eulogio Nicieza, párroco muy querido en Nava, y un día, hablándonos del Seminario, preguntó si alguno quería ser cura. Yo levanté la mano, y mi hermano fue para casa contándoselo a mis padres muerto de risa, porque yo siempre fui el más tarambana de los dos, y él el más aplicado. Casi por fastidiarlo me fui al Seminario con 11 años. Primero estudié en Donlebún, luego en Tapia de Casariego, en Valdediós y hasta que terminé, en 1956, en Oviedo".

Fue ordenado en junio de 1956. Pasó por San Julián de Somió (Gijón) como coadjutor, Boo de Aller ("fue la época más feliz de mi vida sacerdotal, porque el minero se da como nadie, tiene un corazón de oro"), Tapia de Casariego, Santa Eulalia de Onís...

Tuvo un papel activo en la "Huelgona" de la minería, en 1962: "Si llegó la huelga a Aller fue porque yo llevé las noticias, pidiendo por los mineros en huelga en Mieres y Turón en la oración de los fieles de la misa de Domingo de Ramos. La iglesia se llenó de hombres para confirmar la noticia. Allí estuve 17 meses, y al marchar los mineros me regalaron una moto, una Lambretta de 150".

Un viaje por Europa en un Seat 600 que había sido de la escritora Corín Tellado le mostró la labor de algunos curas con los migrantes. Fascinado, se trasladó a Holanda en pleno Concilio Vaticano II, un evento de la Iglesia que "fue para mí una vivencia extraordinaria, con muchas cosas que yo pensaba pero ni me atrevía a expresar en voz alta".

Un hombre extraordinario

Por Fernando Canellada

No por presentida, y temida, la llamada de Saúl Vega con la noticia de la muerte de su tío Alberto Torga no me ha sobrecogido. Escribo con el corazón encogido de tristeza. Alberto, el cura de Vegadali, el amigo y contertulio familiar, ha gozado del privilegio de la vejez con buenas facultades hasta el final. Fue un sacerdote ejemplar, una conciencia crítica en la Diócesis, un cristiano cabal que vivió cada minuto de su existencia en plenitud, tanto en la Iglesia como en la sidrería. Navetu universal, único, disfrutó de la vida que Dios puso en sus manos y supo compartir todo lo bueno. Termina una carrera tan inmensa como inabarcable. Resulta difícil sintetizar las cualidades de este «gran hombre». Deja unas memorias gigantescas y amigos en medio mundo. Se puebla ahora la cabeza de emociones compartidas en estos últimos años. Traigo, entre ellas, imágenes recientes de su compasión, esplendidez, humanidad, afecto y cordialidad. Acudía algunos viernes a conversar a la residencia de la Comarca del Mayor en Nava. Animaba a enfermos y mayores con entrega y sentimiento, con unos folios bien hilados y un entusiasmo vital contagioso. Era un apasionado hablando de la familia, de «papá y mamá»; de la guerra; de su juventud; sus parroquias y las gentes; de sus misiones; del Sporting o del Tour de Francia. La última vez que conversamos, en compañía de Javier Morán, en abril, estaba convaleciente en la Casa Sacerdotal. Allí recordó, de memoria y textual, lo que había publicado en la hoja parroquial de Tapia de Casariego en los años sesenta que le costó el «destierro». Aquel día confesaba que había estado «más allá que acá» en una crisis en el HUCA. Ya está allá del todo, en la Casa del Padre que tanto anunció. Se ha ganado la gloria eterna con premio extraordinario, como su expediente en el Seminario. Y, aunque se perdió el partido, hoy celebra la victoria de España sobre su querida Alemania.

Alberto Torga en el centro con internas de la residencia Comarca del Mayor, de Nava.

Alberto Torga en el centro con internas de la residencia Comarca del Mayor, de Nava. / .

Como capellán de españoles a Zaandam, una ciudad muy industrial de 50.000 habitantes, se encontró con compatriotas que "estaban de paso, iban a ahorrar rápido para volver y muy pocos tenían casa". En Holanda estuvo casi nueve años, transcurridos los cuales se fue a Alemania, como capellán de Nuremberg: "Me decidió el reto del idioma, aprender alemán. Y me atraía mucho la historia de la ciudad, así que me fui para allá en 1975. Allí estuve en la Misión Católica de lengua española con una comunidad de religiosas de Santo Ángel que me ayudaron mucho, con una comunidad de 4.000 españoles. Teníamos un servicio de búsqueda de trabajo, clases en la escuela complementaria de español, clases de corte y confección... Y también una intensa labor pastoral y de catequesis".

Tras una serie de problemas de salud, con dos operaciones de cadera y otra de hernia discal, regresó a casa en 2007. Había pasado 41 años fuera de España.

Alberto Torga enarboló siempre un discurso progresista, partidario por ejemplo del celibato opcional: "Estoy muy contento de haber elegido el camino del celibato, pero también los sacerdotes casados de otras iglesias, como la luterana o la calvinista, hacen una gran labor. Y soy un gran partidario del sacerdocio de la mujer, cuando las mujeres han conquistado todos los puestos de la sociedad civil".

El sacerdote naveto propugnaba una Iglesia caracterizada por "la fraternidad y la libertad". Y explicaba: "Uniformidad no es lo mismo que la unidad. Y debe ser una Iglesia de los pobres y para los pobres, donde todos se sientan a gusto. También debe saber acercarse a la gente joven, tiene que ser una Iglesia con una juventud entusiasta. Para ello es muy importante ponerse al día en el lenguaje, volver a la esencia del cristianismo, salir a la calle. A la gente hay que buscarla donde está".

La capilla ardiente Alberto Torga está instalada en el tanatorio de Nava. El funeral por su eterno descanso tendrá lugar mañana domingo, a las 19.00 horas, en la iglesia parroquial de San Bartolomé de Nava y, a continuación, será enterrado en el cementerio parroquial.