Entrevista | Ignacio Stampa Fiscal de la Audiencia de Madrid, hasta 2020 en Anticorrupción

"Los fiscales tenemos cada vez menos autonomía"

"Cada día está más claro que el fiscal general del Estado ha puesto a la Fiscalía al servicio del Gobierno; no tiene imparcialidad, y la credibilidad del ministerio público solo se puede recuperar con la dimisión de Álvaro García Ortiz"

Ignacio Stampa, fiscal de la Audiencia de Madrid, en la biblioteca del Colegio de Abogados de Oviedo

Ignacio Stampa, fiscal de la Audiencia de Madrid, en la biblioteca del Colegio de Abogados de Oviedo / David Cabo

Luis Ángel Vega

Luis Ángel Vega

El fiscal Ignacio Stampa pasó su personal calvario cuando le apartaron del "caso Villarejo" porque se dio crédito al infundio de que estaba pasando información a Podemos aprovechando su supuesta relación con una abogada. Se demostró falso, pero por el camino perdió la oportunidad de quedarse una de las plazas fijas de Anticorrupción. Cuatro años después ha sacado "El complot. La verdad del caso del fiscal Stampa" (La Esfera de los Libros), donde disecciona lo ocurrido. Las conclusiones son demoledoras: "Los fiscales tenemos cada vez menos autonomía. El Fiscal General del Estado ha puesto a la Fiscalía al servicio del Gobierno y la imparcialidad de la misma ya no existe".

–¿Cuál es su situación ahora?

–Estoy destinado en la Fiscalía de la Audiencia Provincial de Madrid. Salí de anticorrupción en octubre del 2020. Es lo que se describe en el libro.

–¿Fue un complot?

–En el libro describo, punto por punto, todo lo que pasó, de forma amplia y con todos los detalles.

–Le acusaron de estar pasando información a Podemos del "caso Tándem", del excomisario Villarejo.

–Nos denunciaron a los dos fiscales por revelación de secretos, de forma burda y falsa, sabiendo la Fiscalía de Anticorrupción y la Fiscalía General del Estado que no era así. A la Fiscal General del Estado, en aquel momento Dolores Delgado, le interesaba sostener una investigación penal contra mí por los motivos personales que constan.

–¿Para salvarse a sí misma y a su pareja, el exjuez Garzón?

–Es una posibilidad. Si no hay razones jurídicas para lo que hicieron, y todavía no he descubierto motivaciones políticas en cómo ocurrió todo, solo puedo concluir que son motivos personales, sobre todo si añadimos todas las circunstancias personales que concurrían en las dos personas que usted ha nombrado.

–También querían apartar a su compañero Miguel Serrano.

–Sí, pero no necesitaban apartarnos a los dos y con separar y quitar a uno, les valía. Para la Fiscalía General era muy difícil defender y sostener quitar a los dos. Nos imputaron la revelación de secretos y nos denunciaron a los dos, pero Dolores Delgado dirige procedimientos de forma ilegal solamente contra uno y provoca que en el Consejo Fiscal haya una votación manipulada para tener la coartada de que no me puede nombrar para el cargo.

–Eso le impidió a usted obtener una plaza fija en Anticorrupción (estaba en comisión de servicios), que supongo que era a lo que aspiraba.

–En aquel momento sí. Todavía me pregunto por qué, con la que estaba cayéndome. Uno asume la responsabilidad que tiene y era lo que me tocaba hacer, ir a por la plaza.

–¿El motivo está en las grabaciones que evidencian una connivencia entre Villarejo, Delgado y Garzón?

–En el libro me limito a dar información y a unir datos para que los lectores obtengan sus conclusiones. El libro tiene varios meses y todo el mundo me transmite las mismas conclusiones. No se ha corregido ni se ha pedido rectificar ninguno de los datos que se aportan, porque está todo absolutamente documentado. Sí había motivos personales para querer aquel resultado y no se han desmentido. No se pueden desmentir, es evidente. Probablemente haya más cosas que no conocemos, pero podemos intuir.

–¿Le han denunciado?

–Me ha denunciado Villarejo, para crear follón, pero se ha rechazado de forma radical esa denuncia y el libro tiene todos los parabienes de la propia Fiscalía General. Si todo lo que se dice en el libro es correcto, no tienen nada que hacer ni qué decir.

–¿Qué papel tuvo Álvaro García Ortiz, actual fiscal general del Estado?

–En aquel momento era el jefe de la Secretaría Técnica, el órgano de asesoramiento, la mano derecha de la Fiscalía General del Estado. Es su interlocutor con todas las fiscalías y el instrumento a través del cual la Fiscalía General se comunica con cualquier fiscal de España. Cuando se inicia la investigación penal contra mí, con su aquiescencia, Delgado da instrucciones que cumple la Fiscalía Superior de Madrid, pero no aparece ella directamente. Aparece como ejecutor Álvaro García, como transmisor de las indicaciones de Dolores Delgado. Su papel es ejecutar sus órdenes y ocultar la participación de Delgado. De todos modos, su participación está objetivada, incluso por escrito.

–Esos nombramientos en Anticorrupción, ¿los ha impugnado?

–No, no quise, porque los nombramientos de los compañeros son perfectamente legales. Son profesionales que tienen méritos suficientes. Lo que he dicho siempre es que se me colocó en una situación de desigualdad y de inferioridad, porque se me crearon deméritos falsos. Se me lleva a un concurso para una plaza de fiscal anticorrupción y se me presenta como un corrupto investigado. En esas condiciones no podía ser apto para el cargo. Sabían que la información que se publicaba era mendaz y no solamente se sostuvo la investigación penal, sino que se le dio alas, se fomentó, se retrasó y se divulgó.

–¿Qué papel tuvo Luis Navajas, el Teniente Fiscal? ?

–En principio, lamentable. Hizo unas declaraciones bochornosas contra mí en los medios de comunicación, pero luego tuvo la honestidad de reconocer que se había dejado llevar por rumores y noticias falsas. Escribe una carta en la que rectifica y me pide disculpas. Como era miembro del Consejo Fiscal que tenía que proponer para las plazas y la Fiscal General necesitaba sostener que nadie me apoyaba, misteriosamente, Luis Navajas sale del Consejo Fiscal y no vota.

–Se puede deducir que Luis Navajas le iba a votar.

–Sí. Delgado no necesitaba su voto; su despotismo le hizo actuar así. Actualmente se puede demostrar documentalmente que no hay ninguna justificación para que Luis Navajas no estuviese en el Consejo Fiscal, lo que es de una gravedad extraordinaria. Es grave que un miembro nato de un órgano colegiado no intervenga en un acto constitutivo de la formación de la voluntad de ese órgano y que no se explique por qué.

–Menudo panorama nos pinta.

–De corrupción. Si afecta a la Fiscal General del Estado, también hay que decirlo. Nos obliga la Unión Europea y en términos de derechos comunitarios, corrupción es lo que hicieron tanto Delgado como el actual Fiscal General. Los actos inmorales, contrarios a cualquier ética y transparencia del Ministerio Fiscal, han dado lugar ya a tres condenas del Tribunal Supremo a Álvaro García Ortiz, obligándole a que me dé documentación.

–Luego, todo esto es perseguible.

–Estoy en vía jurisdiccional y contencioso-administrativa para ver si se ponen las cosas en su sitio. Todavía quedan dos procedimientos.

–Álvaro García Ortíz está ahora con el agua al cuello por el asunto del novio de la presidenta Ayuso.

–Ese procedimiento está judicializado, afecta a otros compañeros y no tengo que dar ninguna opinión en cuanto al fondo. Estar con el agua al cuello le da lo mismo porque parece que antepone su posición personal a la dignidad y a la credibilidad de la institución. Queremos otorgar a los fiscales la instrucción penal y parecernos a Europa, pero en Europa no se permite dar instrucciones para que no se investigue y, en el caso seque me atañe, dieron instrucciones para que no se investigase. La imparcialidad de la Fiscalía no existe. ¿Qué imparcialidad puede tener cualquier fiscal como subordinado del Fiscal General del Estado, si éste llega a ser investigado?.

–Pone en entredicho la independencia de la Fiscalía.

–Simplemente por lo que se refiere a la imagen y los principios constitucionales de la función del Ministerio Fiscal no se puede caer más bajo. Él mismo ha dicho que si se le llegara a imputar tampoco tiene motivos para dimitir. Cada vez parece más obvio que el Fiscal General del Estado tiene por misión poner la actuación de la Fiscalía a disposición del Gobierno. Los fiscales cada vez tenemos menos autonomía cada vez nos controlan más, tenemos que pedir permiso para más decisiones y, como somos un órgano jerárquicamente subordinado, tenemos que cumplir las órdenes que nos dan nuestros superiores. La amnistía se sometió a la Junta de Fiscales de Sala y surgió la mayoría de votos que surgió, pero habría dado igual si hubiera sido al revés: mientras no sea ilegal se hará lo que diga la jefatura, el Fiscal General del Estado.

–¿Están tocadas la Fiscalía y la judicatura?

–En el libro doy muchas pistas. Dolores Delgado participó en la votación sobre la amnistía, habiendo sido miembro del Gobierno que la promovió. Si García Ortiz actuó como actuó conmigo, podemos deducir muchas de las cosas que están pasando. Igual con la judicatura. Intentan convencernos de que quieren despolitizar la Justicia, pero no lo cree nadie.

–¿Cómo se revierte esto?

–No se puede seguir perdiendo credibilidad ante los ciudadanos, que tienen que creer en los fiscales, en los jueces, en los tribunales a los que van a someterse los asuntos cada día. El problema de los fiscales es que todo viene de la cúpula. La imagen de la Fiscalía solo se puede tratar de revertir cambiando de Fiscal General del Estado, pero los fiscales deberíamos defender un poquito más nuestra autonomía y nuestra dignidad. Cuando se publican noticias contra el Fiscal General del Estado, no afectan a la Fiscalía, sino a personas concretas. Los fiscales intentamos hacerlo bien. Ahora cuando se habla de luchar contra los bulos y las falsas noticias, es justamente lo contrario de lo que la Fiscal General hizo conmigo. No pararon de engañar a los medios de comunicación para justificar los intereses personales de Dolores Delgado y otros personajes.

–El Gobierno anuncia medidas contra los bulos y los medios.

–Es muy peligroso. ¿Quién califica lo que es un bulo? ¿Tenemos claro qué medios difunden bulos o son solo los que perjudican a quien tiene que decidir?

-En Asturias le conocimos por el "caso Villa". ¿Que le parece que no se le pueda juzgar?

–No me extraña. Entonces ya fue imposible tomarle declaración en condiciones por razones de salud.

–Estos casos se empantanan.

–En aquel momento, la fiscal Carmen García Cerdá -yo entré a reforzar- estaba a cargo de la "operación Púnica", llevaba "Lezo", muchas cosas. Es inmanejable. Entro a apoyarla, y cuando acabo "Hulla" tengo que ir a Lanzarote a preparar un macrojuicio, y en ese momento entró el "caso Villarejo". No hay medios personales, es imposible. Begoña Fernández, que supongo que será siendo la misma jueza instructora del caso, tendrá su juzgado lleno de cosas. Los abogados tienen que hacer su trabajo y entorpecer y recurrir y paralizar. No es fácil. El asunto era complicado. Había muchas periciales de aquel edificio (el geriátrico de Felechosa).

–¿Cómo le ha afectado esto a nivel personal?

–Uno tiene que relativizar -hay cosas mucho peores- controlar un poco y darse cuenta a tiempo de que la salud está resintiéndose y atajarlo, pensar en otras cosas y pasar página. No podía pasar página porque he estado tres años pensando cómo preparar el libro, cómo escribirlo, qué decir, qué no podía contar y recuperar la documentación. El tiempo lo cura todo y no hay mal que por bien no venga: lo mejor que me pudo pasar fue salir de allí. No de esa manera, desde luego. Tenía que recuperar todas las facetas que una persona necesita en cuanto a la salud, la familia, los amigos, el carácter... Aquel procedimiento, el de Villarejo, era venenoso.

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