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El socialista ejemplar que estuvo en Suresnes

Pablo García Fernández, nacido en 1934 en el corazón de las cuencas mineras, aúna una trayectoria de compromiso social irrefutable con numerosos cargos y distinciones

Pablo García, junto a una vieja foto de Pablo Iglesias.

Pablo García, junto a una vieja foto de Pablo Iglesias.

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Francisco Trinidad

Francisco Trinidad

Pablo García Fernández nació en febrero de 1934 en pleno corazón de las cuencas mineras, en Blimea, San Martín del Rey Aurelio; y años después, por los avatares de la posguerra franquista, su familia acabó instalándose en Laviana. Se han cumplido, pues, noventa años de su nacimiento y a punto están de cumplirse otros tantos de la Revolución de 1934.

A nadie extrañará que el próximo octubre, cuando se celebren diversos actos para conmemorar los sucesos revolucionarios, Pablo García eche la vista atrás y se deje embargar por sus recuerdos. Y no solo por la coincidencia de fechas, sino además por los sentimientos mineros que sin duda se despertarán en su memoria: nació y ha vivido en el centro de las cuencas mineras, pero además su padre fue minero y participó en la revolución y en la guerra civil; y su madre, fallecido el marido, sacó adelante a una familia de tres hijos trabajando como carbonera.

El propio Pablo, como todos los hombres de su época, estaba predestinado también a ser minero y lo hubiera sido de no haber sido víctima de un derrame sinovial mal curado que lo dejó cojo, imposibilitándolo para ciertos trabajos físicos, por lo que aprendió el oficio de zapatero y como tal se ganó la vida durante años y desde el corazón de las cuencas mineras: me gusta repetirlo para acentuar la dificultad de su vida.

De familia netamente socialista, una vez que se instala en el pueblo de Barredos como zapatero recupera el contacto clandestino con las organizaciones socialistas. Siendo niño en Blimea había sido enlace de la guerrilla, de los llamados "fugaos", entre ellos José Mata, el comandante Mata de los montes de Peña Mayor, con el que, años adelante, acabará trabando sincera amistad. En Barredos entra en contacto con un grupo de compañeros que trabajaban por el socialismo en la clandestinidad a que obligaba la época: "Chuchu" Montes, Eduardo Viesca, Mariano "el Marqués" y otros compañeros, entre los que no se puede olvidar a Emilio Barbón, abogado y alma mater de este grupo. Alguna vez he escrito –y me ratificó en ello– que Pablo García fue el fiel escudero de Emilio Barbón durante estos años. Hacían una pareja francamente notable: ambos físicamente impedidos, pero con una voluntad que solventaba todas las dificultades con una sorprendente capacidad de acción. Fueron Emilio y Pablo, Pablo y Emilio, el núcleo duro del socialismo en Laviana y en las cuencas, con influencia en otros ámbitos de Asturias.

Aprovechando la tradicional costumbre de mantener tertulia en la zapatería, Pablo se rodeó de un grupo de jóvenes a los que inculcó sus ideas socialistas y su compromiso político. Son los llamados "jóvenes de la zapatería" que, llegada la democracia y la legalidad socialista, ocuparon diversas responsabilidades tanto en el PSOE como en la UGT, así como en algunas instancias institucionales, abonando de este modo el orgullo del zapatero que supo mantener viva la llama del socialismo a pesar de los impedimentos y los conflictos de aquellos momentos, no precisamente fáciles.

Durante estos años Pablo García siempre estuvo a disposición del PSOE y la UGT –entonces era obligatoria la doble militancia–, afrontando cuantos trabajos se le encargaban y desempeñando los cargos que le encomendaban, sin más recompensa que la íntima satisfacción. Como tal militante clandestino, viajó en varias ocasiones al País Vasco, donde entabló amistad con otros socialistas como Ramón Rubial o Nicolás Redondo, o a Francia, donde fortaleció sus lazos amistosos con José Mata o José Barreiro, de cuya Fundación José Barreiro fue impulsor para recuperar la memoria socialista y en la que ocupó el cargo de presidente hasta que hace un par de años fue nombrado presidente de honor. En uno de estos viajes a Francia, asistió al decisivo congreso de Suresnes de 1974, en el que se eligió secretario general a Felipe González, que luego sería presidente del gobierno. En la tramoya del acuerdo para nombrar a Felipe secretario general hay que contar a Pablo y a Marcelo García, que ya habían tenido contacto con Felipe González y Alfonso Guerra en los montes de Peña Mayor y en las concentraciones del puerto de Tarna y que fueron capaces de convencerle a él y al resto de compañeros de la idoneidad de tal nombramiento.

Dentro de su compromiso con las organizaciones socialistas accedió a ser alcalde de Laviana en 1979, aceptando un reto que otros socialistas del concejo no quisieron afrontar. Ni siquiera Emilio Barbón se decidió a dar este paso, dejando a Pablo la responsabilidad del Ayuntamiento y los compromisos que el envite conllevaba y que, superado el trámite con suficiencia, han llevado a Pablo García a las páginas de la historia: son muchas las razones para apreciar y distinguir su trayectoria, pero su etapa como alcalde será recordada siempre por su compromiso, por su buen hacer, por su entrega personal y sobre todo porque marcó una pauta y señaló una forma de desempeñar el cargo que es difícil de olvidar. Fue esa la razón que me llevó a titular la biografía que sobre él escribí como Pablo García, el ejemplo discreto.

Porque esa es otra. Pablo García ha desempeñado otros cargos institucionales –fue senador de designación autonómica entre 1983 y 1999– y de responsabilidad socialista –hasta su nombramiento como Presidente de Honor vitalicio de la FSA– y ha sido objeto de premios y distinciones que avalan su recorrido vital y político, pero sin perder la humildad y la discreción que le caracterizan. Por eso estoy convencido de que, cuando reciba la medalla de Asturias a que tanto derecho tiene y que supone inscribir su nombre en un cuadro de honor en el que brillará con luz propia, no sacará pecho y pensará en lo bien que lo ha hecho, sino que echará la vista atrás y recordará con cariño y agradecimiento a amigos y familiares, a compañeros y vecinos. Y por supuesto, se abrazará, llorando, a Lolín Alas, su inseparable esposa, su amiga entrañable.

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